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El verdadero precio del café que ignoran los políticos europeos

07/06/2015 09:46 CEST | Actualizado 06/06/2016 11:12 CEST

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Foto por Pascal Bastien

Fernando Morales-de la Cruz, fundador de CAFÉ FOR CHANGE, frente al Parlamento Europeo en Estrasburgo pregunta: ¿Cuántos céntimos de euro de cada taza de café consumida en Europa reciben los productores?

En un día cualquiera, los europeos beben más de 700 millones de tazas de café. El continente representa casi la mitad de todas las importaciones de café verde del mundo: más de tres millones de toneladas por año.

Pero, ¿cuántos céntimos de euro de cada taza de café vendida reciben como pago los países productores?

Normalmente no alcanza ni siquiera los 0,02 euros por taza, lo cual supone menos del 1% de lo que pagas en la mayoría de cafeterías, restaurantes y hoteles europeos. En una taza de café de Starbucks, con dosis extra de cafeína, el pago a los productores de café es aproximadamente el 2% del precio de cada taza.

¿Qué dice entonces la cadena de valor del café consumido por los políticos europeos sobre Europa y sobre su concepto de asociación con sus antiguas colonias?

Para mí, dice que ya es hora de una verdadera asociación. Es hora de un sistema de comercio de valor compartido, no de falsas pretensiones de ayudar a los pobres.

La mayoría del café importado por Europa llega en forma de grano verde, sin tostar. Se paga a un precio que hace perpetuar la pobreza en los países cafetaleros. Más de 250 millones de personas dependen directa o indirectamente de la producción de café.

La mayoría de caficultores están viviendo en condiciones de pobreza o extrema pobreza. Y en caso de que te lo estés preguntando, el comercio justo no es una solución ni un camino que lleve a la erradicación de la pobreza, sino solo una medida para aliviarla levemente.

Los políticos toman café en el Parlamento Europeo al igual que cualquiera de los políticos nacionales en el Bundestag en Berlín, en las cámaras del Parlamento británico en Londres, en el Palacio de las Cortes en Madrid, la Asamblea Nacional en París, los Palazzo Madama y Montecitorio en Roma, y así sucesivamente en todos y cada uno de los parlamentos en Europa.

Curiosamente, en el Parlamento Europeo de Bruselas, el servicio de café ha sido suspendido en la mayor parte de las salas de reunión y reemplazado por más de 20 cafeteras institucionales de Nespresso que fueron instaladas en lo que se ha dado a conocer como "NespressoGate". Martin Schulz, presidente del Parlamento Europeo, se negó a acabar con esta extraña situación incluso habiendo sido alertado hace un año por los copresidentes de Grupo Verde.

Cada vez que los miembros del Parlamento Europeo beben un café Nespresso están enviando mucho más dinero en ganancias a las cuentas bancarias suizas de Nespresso y Nestlé que a los paupérrimos caficultores.

Y aun así, se supone que los caficultores y sus familias se benefician del modelo de asociación europea con las antiguas colonias.

Resulta deplorable. El "valor compartido" del café es un símbolo de un colonialismo del siglo XXI donde casi la totalidad de las ganancias permanecen en los países desarrollados mientras que la mayoría del trabajo duro, sacrificio e incluso riesgos se encuentran en los países productores.

Según las cifras de un artículo recientemente publicado en portada de la revista alemana Stern, la cadena de valor de cada cápsula de Nespresso permite obtener enormes beneficios para Nestlé incluso una vez deducidos los importantes costos de comercialización y marketing.

El café es el mejor ejemplo de cómo ni Nestlé, ni Nespresso ni el Parlamento Europeo entienden el verdadero significado de "valor compartido" o "asociación" con sus socios comerciales.

Durante el foro económico mundial en Davos en enero, Paul Bulcke, director ejecutivo de Nestlé hacía alarde ante las cámaras de televisión de cómo Nestlé cree en el "valor compartido", pero se negó a responder mi pregunta directa acerca de cuántos céntimos de cada cápsula de Nespresso son compartidos con los productores del café.

Merkel en el Bundeskanzleramt, Hollande en el Palacio del Elíseo, Cameron en el Número 10 de Downing Street, Renzi en el Palazzo Chigi, Rajoy en La Moncloa, Passos Coelho en El Palacio de São Bento, así como Helle Thorning-Schmidt -la primera ministra danesa, cuyo país además aplica un impuesto sobre el café-, Stefan Löfven -el primer ministro sueco-, y la realeza: el Príncipe Felipe VI de España, los príncipes Guillermo y Catalina de Inglaterra o Guillermo Alejandro de los Países Bajos... Todos parecen tomarse su café justo como hacían los reyes europeos que gobernaban las colonias, como hacía Napoleón o Bismarck (siendo además el Canciller el padre del polémico Kaffeesteuer, un impuesto sobre el café que se sigue aplicando hasta la fecha en Alemania).

Todos ellos disfrutan de su dosis diaria de cafeína sin dar la impresión de preocuparse demasiado de las condiciones de explotación bajo las cuales es producida para ellos. Ellos saben que la cadena de valor de la industria del café es beneficiosa para los europeos, cuyas empresas generan decenas de miles de millones en valor agregado, utilidades e impuestos gracias al impuesto sobre el valor añadido (IVA) y tasas aplicados por Europa cada año.

La mayoría de los eurocomisarios, la mayor parte de los miembros del Parlamento Europeo, de los eurócratas e incluso los periodistas en la burbuja de poder de Bruselas se reúnen con un café de por medio. Ocasionalmente, uno o dos de ellos pueden incluso hablar del 2015 como el «Año Europeo del Desarrollo».

Al mismo tiempo que toman un sorbo de su reconfortante bebida, puede que reflexionen sobre la afirmación de que Europa es el mayor donante de ayuda internacional.

Puede que algunos disfruten un café mientras leen varias de los cientos de páginas de documentos oficiales y artículos acerca de cómo las naciones europeas y las instituciones de la UE están trabajando para fortalecer sus «acuerdos de asociación» con los países menos desarrollados.

Cuando el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, la vicepresidenta Federica Mogherini, y Neven Mimica, comisario de Cooperación Internacional y Desarrollo de la UE -encargado de la aplicación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), del plan de la UE de «Asociación mundial para erradicar la pobreza e impulsar el desarrollo sostenible después de 2015» y de hacer más efectiva la ayuda europea en general-, también disfrutan de su café en Bruselas, ¿acaso no piensan en la conexión que tiene esa taza con la persistencia de la pobreza y el subdesarrollo?

Están programadas numerosas cumbres y reuniones, la cumbre EU-CELAC tendrá lugar en Bruselas el próximo junio y cientos de informes y artículos acerca de los acuerdos de asociación Centroamérica-Unión Europea, África-Unión Europea, India-Unión Europea y demás ya han sido redactados. Pareciera como si el desarrollo, la ayuda y las asociaciones fueran los impulsores clave de todas las acciones de los políticos europeos y todos los eurócratas.

La verdad es que el café consumido en todos los centros de poder europeo es un recordatorio irrebatible de que los políticos en Europa todavía no entienden en qué consiste la "asociación" tal y como pueden encontrar definido en el diccionario de cada una de las lenguas europeas. En lugar de alardear sobre ser los "mayores donantes de ayuda", la UE debería saber que son los mayores beneficiarios de la injusta compensación recibida por los caficultores y muchas de las otras importaciones europeas. La ayuda atribuida es en realidad una pequeña fracción de los miles de millones en beneficios a costa de la injusta compensación económica a los productores en sus antiguas colonias.

Ya va siendo hora de una asociación auténtica, empezando con cada taza de café.

Si los políticos y consumidores europeos quieren erradicar la pobreza cada vez que se beben una taza de café, deberían enviar 10 céntimos de euro por taza como compensación a la gente que vive en las regiones cafetaleras.

Estoy convencido de que todos los jefes de Estado y de Gobierno de la UE y todos los eurócratas pueden permitirse 0,10 € por taza. Y estoy seguro de que la mayoría de amantes del café europeos, también. No se trata de ayuda o caridad. Se trata de un acto de justicia.

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Fernando Morales-de la que Cruz es empresario, periodista, consultor político y asesor de relaciones internacionales, diplomacia pública y 'nation branding'; ha trabajado en América Latina, Europa y Asia.

Fernando está creando @CafeForChange y @10CentsPerCup para transformar la industria mundial del café en un instrumento para erradicar la pobreza en las regiones cafetaleras.

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