También para el Papa, la culpa es del mensajero. Pero no del mayordomo convertido en mensajero al servicio de aún no se sabe qué intereses, no su fiel y devoto Paoletto birlando cartas y documentos secretos mientras Su Santidad rezaba o dormía. No exactamente. Para Benedicto XVI, la culpa es de los medios de comunicación que han considerado noticia de primera plana que la Gendarmería del Estado Vaticano detuviera a Paolo Gabriele, de 46 años, casado y con tres hijos, ayudante de cámara del Papa desde 2006, acusado de robar "cajas de documentos" y de filtrarlos a los medios de comunicación con la tinta aún fresca.
Siete días después de la detención, Joseph Ratzinger se ha referido al caso. "Se han multiplicado deducciones, amplificadas por algunos medios de comunicación, del todo gratuitas y que han ido más allá de los hechos, ofreciendo una imagen de la Santa Sede que no se corresponde con la realidad". Sus palabras dan a entender que ya se sabe qué sucedió, cómo y por qué, pero Benedicto XVI no lo ha contado. Sí ha dicho que, pese al escándalo, se siente bien acompañado: "Deseo renovar mi confianza y mi aliento a mis más estrechos colaboradores y a todos aquellos que, diariamente, con fidelidad, espíritu de sacrificio y en silencio me ayudan en mi ministerio".
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El País | Publicado: 31/05/2012 10:41 Actualizado: 31/05/2012 10:46