El mundo del fútbol amanece entre lágrimas el mismo día en el que uno de sus entrenadores más queridos comenzaba a labrar un nuevo sueño, el del ascenso del Villarreal. El repentino fallecimiento de Manolo Preciado ha teñido de luto el despertar del deporte. Se ha producido justo cuando empezaba de cero de nuevo, y arrancaba una nueva vida al frente de un equipo abatido por su caída a Segunda, dispuesto a levantarlo, a devolverle su fuerza. Una oportunidad perfecta para trasladar al césped la propia esencia personal del técnico, ese espíritu combativo de caerse y volverse a levantar, de no mostrar flaqueza ni ante la muerte ni ante la pérdida si se mantiene la dignidad.
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ElCorreo.com | Publicado: 07/06/2012 14:30 Actualizado: 07/06/2012 14:55