Unos mil incondicionales al dictador Augusto Pinochet han llegado hasta el teatro Caupolicán de Santiago para rendirle homenaje, pese a que en los días previos una decena de organizaciones civiles y políticas solicitaron al Gobierno que prohibiera el acto de enaltecimiento al dictador. "Gracias, gracias Pinochet, con las manos y con los pies", gritaban los asistentes del evento, organizado por la Corporación 11 de Septiembre y la Unión de Oficiales en Retiro de la Defensa Nacional, dos agrupaciones pequeñas y poco conocidas de fieles al militar fallecido en 2006. "Estamos felices porque estuvimos 20 años callados escuchándolos tergiversar la historia", ha dicho Juan González, uno de los organizadores del encuentro, que niega las violaciones de los derechos humanos cometidas durante el régimen.

Lee el artículo completo en El País