Amanece el lunes y el mundo no se ha acabado. Incluso el euro, de momento, sigue intacto. Los griegos, sobre cuyas elecciones se posaron ayer los ojos de toda Europa, terminaron votando más con el miedo -a su expulsión del euro, a la caída libre, al corralito con el que amenazaba Bruselas- que con la rabia -ante los sacrificios constantes, los severos programas de austeridad, los fallos de los dos partidos mayoritarios- lo que se tradujo en más apoyos a los conservadores de Nueva Democracia, que probablemente conformen Gobierno con los socialistas del Pasok, que a la coalición de izquierdas Syriza, que se quedó a las puertas del cielo.
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CINCO DÍAS | Publicado: 18/06/2012 14:04 Actualizado: 18/06/2012 14:14