"No vamos a salir hasta que esto se solucione. Tamos como cañones, bien de moral y aguantaremos lo que haga falta". Desde el otro lado del teléfono, a 600 metros de profundidad, la voz de David García Fariza llega alta y clara, recia, sin fisuras. Junto a otros tres compañeros del pozo Candín, este minero langreano lleva 24 días encerrado en la séptima planta de la mina, en defensa de la pervivencia de un sector amenazado por los recortes de las ayudas a la producción de carbón impulsados por el Gobierno. La falta de luz natural impide diferenciar el día de la noche, el polvo flota en el aire, la humedad es elevada y el "colchón" sobre el que duermen está formado por gomas de la cinta transportadora. Sin embargo, pese a la dureza física del encierro, García apenas se detiene en relatar las penalidades vividas. Le importa más hablar de lo que hay afuera: "Estamos aquí para exigir lo que es nuestro. Nos llega el apoyo de la gente y de nuestras familias; eso nos hace fuertes".
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La Nueva España | Publicado: 21/06/2012 09:13 Actualizado: 21/06/2012 09:21