En el patio del colegio nadie quiere ser portero. Todos sueñan con jugar arriba, en la delantera, cerca de la gloria del gol. Pero a él le gustó colocarse bajo los palos desde niño. Y no se equivocó. Iker Casillas, portero del Real Madrid y de la selección española, colecciona récords y ha logrado el reconocimiento hasta de los adversarios en un deporte que recuerda poco a los guardametas en las victorias y los señala mucho en las derrotas. Dicen que cuando le llaman san Iker tras alguna parada salvadora se lo toma a guasa. Que sabe mejor que nadie que convive con lo efímero. Casillas lucha por vivir como un tipo corriente, aunque para muchos sea ya un héroe a los 31 años.

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