"Espero meterle cuatro goles a España en la final, no dos". La frase es del italiano Mario Balotelli (Palermo, 1990) un jugador con tanto talento para el fútbol como polémico dentro y fuera del césped. Muchos le sitúan al borde de la locura y otros le consideran un genio. "Es como el Guadiana. Tiene un talento brutal, pero una falta de continuidad tremenda", explica un exjugador de la selección española.

Balotelli es, junto a Cassano, la baza en ataque de la selección italiana. El ariete del Manchester City, sin embargo, es capaz de lo mejor y lo peor. Lo ha demostrado de sobra a lo largo de su carrera y en la Eurocopa está dando buenas muestras de ello. En el primer partido, frente a España, se entretuvo inexplicablemente tras un fallo de Ramos y desperdició una oportunidad clarísima. En semifinales, sin embargo, marcó dos goles que Cesc Fàbregas calificó de geniales. Uno de cabeza y el otro por la escuadra.

Pero Balotelli es mucho más que sus goles. Es todo un show. Lo saben bien los aficionados del City, acostumbrados a sus ramalazos. En los últimos días un vídeo ha arrasado en Youtube con las "41 locuras insuperables" del delantero. En él se recogen algunos de sus momentos estelares. Destaca, por ejemplo, la investigación que el año pasado le abrió su equipo por lanzar dardos a los canteranos cuando estaba "aburrido"; provocó una tangana en un derby frente al United tras vencer y guiñar, desafiante, un ojo a un rival; le han cazado en varias ocasiones fumando y acompañado de una actriz porno mientras su novia trabajaba; incendió su casa mientras manipulaba fuegos artificiales; tuvo que declarar tras fotografiarse con dos capos de la mafia y un largo etcétera.

El ariete llama la atención incluso cuando marca. Incapaz de esbozar ni media sonrisa, suele celebrar los goles con rabia, como demostró en las semifinales de la Eurocopa, cuando se quitó la camiseta y la tiró al suelo. En una ocasión, tras marcar ante el United, se levantó la camiseta y mostró el mensaje: ¿Por qué siempre yo? La temporada pasada, sin ir más lejos, celebró un gol de penalti cruzándose de brazos y mirando al portero rival fijamente, muy serio. "¿Acaso cuando un cartero entrega una carta lo celebra?", se explica.

Otras veces, sus acciones han tenido peores consecuencias. En un partido frente al Tottenham, por ejemplo, pisó salvajemente la cabeza a un rival y es bien recordada la brutal patada que propinó a Song, jugador del Arsenal, en la rodilla. Poco antes del comienzo de la Eurocopa volvió a dar muestras de su marcadísimo carácter: "Si alguien me tira un plátano, lo mataré", advirtió al hablar del posible racismo en los estadios.

Ha demostrado, además, una fuerte autoestima. Cuando recibió el premio Golden Boy, en 2010, aseguró: "Solo hay un jugador un poco mejor que yo: Messi". En otra ocasión sorprendió al afirmar: "Creo que soy más inteligente que la media de las personas”. Lo que no se le puede negar es que sus números son más que respetables: anotó 19 goles en 18 partidos con las categorías inferiores del Inter, su anterior equipo, en las pruebas que hizo para entrar en el Barcelona en 2006 consiguió 8 tantos en 3 partidos y con el City lleva 19 goles en 40 partidos.

Su infancia fue tan intensa como su forma de vivir. Hijo de inmigrantes ghaneses y nacido como Mario Barwuah, vivió con su familia en un apartamento que compartía con otras 20 personas. Siendo muy pequeño tuvo problemas de salud que le obligaron a ser operado en varias ocasiones. A los tres años fue entregado a los Balotelli y obligado a visitar cada cierto tiempo a su familia biológica. Ahora solo piensa en España: "si marco, logro el pichichi y ganamos, será espectacular".

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