En un municipio de 2.000 vecinos como es la población de Calig, en el que existen casi 200 parados, que el Ayuntamiento convoque una oposición es como el maná caído del cielo. El empleo en juego es el de enterrador y, efectivamente, causó gran expectación la creación de esa plaza ya que entregaron su solicitud 37 vecinos y finalmente, al examen se presentaron 22.
Sólo ha habido un problema: nadie aprobó la prueba teórica y, en consecuencia, el tribunal calificador declaró desierto el proceso.

Lee el artículo completo en El Mundo