La prima de riesgo española escalaba el jueves pasado a niveles casi de rescate, mientras un granado grupo de economistas liberal-conservadores publicaba en Alemania una andanada crítica contra las concesiones del Gobierno a sus socios europeos. En el punto de mira de estas alertas y pese al bochornoso berlinés, el espartano despacho del ministro de Hacienda Wolfgang Schäuble parece el ojo proverbial del huracán que azota Europa. En mangas de camisa, Schäuble abandona con su silla de ruedas el amplio escritorio, para recibir a EL PAÍS. Empieza hablando de fútbol antes de pasar a defender, durante una hora que fue minando su energía, las políticas alemanas en la crisis europea.

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