Es un clásico. En cuanto meten a los niños en el barreño de plástico para pesarlos, rompen a llorar. "Es por la falta de estabilidad", dijo el doctor. "Como se mueve de un lado a otro, se sienten inseguros y lloran". Pero Zakia no lloró. Ni fuerzas tenía.
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El Mundo | Publicado: 15/07/2012 11:46