La crisis está poniendo en su sitio la pomposidad de la alta cocina. En tres años se ha roto en pedazos la burbuja gastronómica. Los cocineros, los críticos, los sociólogos interesados en los fogones y sus efectos sociales ven una selección natural. Justa o injusta, van quedando los mejores, se esfuman algunos centros de referencia pero también las copias malas y, ante todo, triunfa quien se repliega en una nueva búsqueda --o refugio más bien-- de lo tradicional.

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