Ninguno se llama rescate. Pero todos lo son. España ya fue pionera en una de las fórmulas de ayuda que no implican el rescate total de la economía: la asistencia para recapitalizar el sector financiero. El resultado ha sido por ahora muy negativo. Desde que España solicitó el rescate, la prima de riesgo (o diferencial de rentabilidad exigido a los bonos españoles a 10 años frente a los alemanes, considerados seguros) no ha hecho más que subir. Ante las dificultades para financiarse a precio razonable, los mercados apuestan por un rescate del Estado, que numerosos economistas consideran inevitable. Sin embargo, la Unión Europea contempla fórmulas de rescate intermedias que no son un rescate total, como el de Grecia, Irlanda y Portugal.

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