El Gobierno ha logrado cuadrar el círculo: sube impuestos que bajan su recaudación. A partir del 1 de septiembre, los españoles soportarán el IVA más alto de los 17 países de la eurozona cada vez que vayan a ver una película, un concierto o una obra de teatro. Nada más anunciarse el descomunal salto hacia el vacío —se pasa de un 8% al 21%— los artistas pusieron el grito en el cielo y avisaron que, además, el Gobierno pincharía en hueso.

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