Forman parte del paisaje urbano y brotan del suelo en cada esquina con la misma frecuencia con la que lo hacen los enanitos de jardín en las casas de campo británicas. Pequeños buzones rectangulares, toscos, metálicos, van cambiando de ubicación. Desaparecen. Pero regresan y siempre hay alguno cerca. Son los contenedores de ropa y zapatos. No tienen permiso para ubicarse en la calle, no dependen de ninguna Administración. La mayoría de ellos, de hecho, ni siquiera pertenecen a una ONG real y su propósito no es repartir las prendas usadas a los más desfavorecidos. Hasta el pasado mes de junio, el Ayuntamiento de Madrid retiró 776.

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