El cáncer del preso de ETA Iosu Uribetxebarria es terminal e irreversible, como ha confirmado un informe médico oficial del Departamento de Salud del Gobierno vasco. Uribetxebarria, que inició una huelga de hambre el pasado 9 de agosto para reclamar su puesta en libertad, ha recibido el apoyo del colectivo de presos de la banda terrorista -unos 275 han dejado de comer también en señal de protesta- y de dirigentes de la izquierda abertzale. Tras conocerse el informe médico oficial, otros políticos se han unido a la petición, como el diputado de IU Gaspar Llamazares, que apela a "la justicia y la humanidad" para su exigir su inmediata excarcelación. Con el reglamento de prisiones en mano, el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz ha pedido a Instituciones Penitenciarias que estudie aplicar el tercer grado, paso previo a su puesta en libertad, mientras recibe los informes médicos actualizados.
El preso enfermo no es uno del montón. Es uno de los miembros de ETA responsables del secuestro del funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara, que tiene el triste récord de haber sufrido el cautiverio más largo de la historia de la banda tras permanecer encerrado en un zulo durante 532 días en 1996. Quienes defienden el cumplimiento de la pena íntegra de Uribetxebarria esgrimen aquel secuestro, como el presidente del PP vasco, Antonio Basagoiti, que considera "una broma macabra" que hablen de "humanidad" para pedir la excarcelación de uno de sus autores.
En este debate entre el abogado penalista y defensor de los Derechos Humanos, Xabier Etxebarria, y Ángeles Pedraza, presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, ¿qué opinas tú?
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No es objeto de discusión que en un Estado de Derecho, esto es, en el que los poderes del Estado han de someterse al imperio de la ley, es ineludible cumplir la ley. Cuestión distinta es que haya diversidad de opiniones sobre cuándo se incumple, cómo se cumple o cómo han de interpretarse las leyes con carácter general y en relación con el caso concreto.
El Código Penal de 1995 y la Ley Orgánica General Penitenciaria de 1979 prevén la puesta en libertad, condicionada, de las personas presas mayores de 70 años y de los enfermos muy graves con padecimientos incurables, aun cuando no hayan cumplido el requisito temporal para la excarcelación en libertad condicional, que, con carácter general, es haber cumplido las ¾ partes de la condena. Para la aplicación de la ley no deberían hacer falta manifestaciones, presiones o huelgas; ni la aplicación de la ley debería hacerse porque las haya.
Además de sufrir padecimientos graves e incurables, deben concurrir los demás requisitos (estar en tercer grado, buen comportamiento y pronóstico individualizado favorable de reinserción social) y la ausencia de peligrosidad; dicho de otro modo, que no exista un elevado riesgo de delinquir, de causar daño a las personas o a la sociedad. El cual, a tenor de la enfermedad que el miembro de ETA parece sufrir y tras el cese de la actividad armada de ETA, se antoja ínfimo.
No es completamente pacífica la interpretación de los criterios generales sobre cuáles son los padecimientos graves e incurables que dan derecho a disfrutar de la libertad condicional anticipada, pero, conforme a los datos que se conocen por los medios de comunicación y tras el dictamen del preceptivo informe médico actualizado, parece claro que un cáncer en estado avanzado y con metástasis cumple con el requisito legal y con carácter general la concesión de la libertad en estos casos no plantea ningún dilema jurídico.
Hasta aquí la letra de la ley, el esencial aspecto formal. Pero, ¿qué anima y da vida a la ley? En este caso, en primer lugar, el principio de humanidad, el respeto a la dignidad humana. En el estado actual de avance de nuestra cultura jurídica, el consenso normativo que preside la Constitución acepta que es inhumano mantener en prisión, privada de libertad, alejada de su familia y entorno, a una persona con padecimientos graves e incurables; por llevarlo al extremo, aunque la ley no exige tanto, que una persona pase los últimos días, semanas, meses o años de vida en prisión con graves padecimientos; teniendo en cuenta que, además, el medio penitenciario suele tener un efecto en sí nocivo sobre la evolución de muchas enfermedades.
Que el preso en cuestión haya protagonizado actos delictivos humanamente incomprensibles, que no haya demostrado la humanidad que en la aplicación de la ley aflora, no impide la aplicación de una ley expresiva de los principios de humanidad y proporcionalidad de las penas y ofrece un vívido contraste que debería hacer reflexionar a sus autores y a los que de cualquier modo justifican dichos actos.
El ejemplo de las personas que se han ido haciendo conscientes de la inutilidad e injusticia del terrorismo de ETA, lo han expresado públicamente con valentía y coste personal, quieren ser agentes de paz y trabajan por impedir que una memoria injusta perpetúe el mal causado cobra en el marco de estos debates una si cabe mayor significación social.
La historia se repite en esa suerte de broma macabra que ETA siempre ha manejado para intentar chantajear al Estado de Derecho mediante las huelgas de hambre. Bajo el disfraz de la solidaridad con Josu Uribetxebarria, la banda terrorista vuelve a demostrar mediante este paripé, que tiene el mando y que no piensa ceder un milímetro para conseguir sus objetivos.
No es la primera vez que tratan de coaccionar así a la sociedad española. Ya lo consiguieron con De Juana Chaos, algo que fue una pesadilla para las víctimas del terrorismo.
Es lamentable ver cómo se apela al respeto a los Derechos Humanos, a la solidaridad y a la humanidad por parte de personas que jamás los tuvieron en cuenta cuando ETA asesinaba y sembraba el terror. Uribetxebarria no mostró piedad alguna, ni el más mínimo ápice, cuando tuvo a Ortega Lara bajo tierra durante más de 500 días. Ni cuando asesinó a sangre fría a sus víctimas.
Uribetxebarria jamás ha tenido signo de arrepentimiento alguno. Ni ha pedido perdón a sus víctimas. No cumple con las condiciones que recoge la Ley para obtener la libertad condicional. Como hemos visto publicado estos días, en 1997, cuando la Guardia Civil le preguntó por el paradero de Ortega Lara, su respuesta fue: "Que se muera de hambre ese carcelero". Creo que no habría mucho más que añadir.
Están apelando a la humanidad. A muchas víctimas nos están llamando inhumanas por defender que Uribetxebarria debe permanecer en prisión y cumplir íntegramente su pena. Ninguna de las víctimas que ETA asesinó a lo largo de su sangrienta historia tuvo la más mínima oportunidad de pedir clemencia, ni de estar al lado de sus familiares en sus últimos instantes. Nada. Solo la crueldad de unos sanguinarios asesinos.
En todo este paripé de las últimas semanas, tampoco hemos entendido muy bien por qué han tenido que trasladar a Uribetxebarria al País Vasco para hacerle las pruebas. ¿Acaso en León no había médicos e instalaciones preparadas para hacerlas? ¿Por qué siempre existe un distinto rasero para los presos de ETA?
La Ley Penitenciaria, en su artículo 92, no recoge en ningún momento una obligación de otorgar la libertad condicional a los presos enfermos. No es un imperativo. Pero eso no es lo que está vendiendo ETA con esta puesta en escena de las huelgas de hambre.
Como siempre, tratan de llevarse la pelota a su terreno para conseguir sus objetivos, chantajeando al Gobierno, al Estado de Derecho y a la sociedad española.
Ante este pulso, debe primar la firmeza en las autoridades. Hay que retomar la senda del cumplimiento íntegro de las condenas, algo que, con el paso de los años, se ha demostrado como el instrumento más efectivo para disuadir a los terroristas para obtener sus objetivos.
No vale la excusa de la aplicación de la Ley. En materia penitenciaria, el ámbito de decisión del Gobierno es muy amplio. Y es el momento de la firmeza política.
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El HuffPost | Publicado: 16/08/12 19:06 CEST | Actualizado: 16/08/12 19:16 CEST