INTERNACIONAL

El Reino Unido niega el derecho a la eutanasia a Tony Nicklinson, tetrapléjico desde hace siete años

16/08/2012 19:42 CEST | Actualizado 16/08/2012 20:59 CEST
Getty Images

Tony Nicklinson no podrá cumplir el mayor deseo de su vida: dejar de vivir.

La justicia británica ha rechazado la petición de este hombre de 58 años, víctima del síndrome del cautiverio, al entender que "la eutanasia voluntaria es un asesinato" en cualquiera de los casos.

En 2005 Nicklinson lo tenía casi todo en la vida: una mujer, dos hijos, un pasado como exjugador de rugby y una vida en Dubai, donde era gerente de una empresa. Entre sus aficiones, el parapente, el esquí acuatico y la escalada de puentes.

Sin embargo, ese año sufrió un infarto cerebral que le dejó paralizado desde el cuello hasta los pies. Desde que se levanta y hasta que se acuesta depende de la ayuda de otra persona.

No se basta por sí solo: es incapaz de hablar y su única forma de comunicarse con los demás es mediante un programa informático que transforma sus parpadeos en sonidos.

Nicklinson ha definido su vida de "indigna, triste y miserable".

Pese a los antecedentes, los tres jueces de la Alta Corte británica han determinado que no pueden ni salirse un ápice de lo que marca la ley y que corresponde al Parlamento la modificación del texto que abre la puerta a la eutanasia.

La muerte asistida es ilegal en Reino Unido, pero una comisión de investigación recomendó en enero que el Parlamento examinara la ley. Era la esperanza a la que se aferraba Nicklinson: que se aprobara un cambio que autorizara a los médicos a ayudar a los enfermos en fase terminal a morir con dignidad.

Tras el 'no' de la Corte británica, el enfermo —quien ha llorado, al igual que su mujer— ha reconocido a través de una comunicado que estaba "devastado y triste". “Me entristece que la ley quiera condenarme a una vida de indignidad y miseria”, ha señalado, al tiempo que ha anunciado que recurrirá la sentencia.

"No es el resultado que esperaba, pero no es del todo inesperado. Los jueces, como los políticos, son más felices cuando pueden evitar enfrentarse a los problemas reales. Este juicio no es una excepción a la regla", ha lamentado.

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