En un esquinazo del hospital de Torres Vedras, languidece la ambulancia sin que nadie la use. Todo un síntoma en un país, Portugal, ahogado por los recortes y monitorizado por la troika, que ve cómo se dedican cada vez menos recursos a que funcionen sus propios bienes de Estado moderno en una dinámica circular que empobrece todo. Hasta hace una semana este vehículo era atendido por un médico especialista y un enfermero también especializado que se encargaban de acudir, junto con otra ambulancia conducida por un par de bomberos, a las emergencias de esta ciudad, situada a 40 kilómetros de Lisboa y con una población de 200.000 personas. "Había días que salía cinco veces y había días, de siete. Se usaba mucho", explica un bombero en el mismo hospital.
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El País | Publicado: 07/09/2012 09:26 Actualizado: 07/09/2012 09:32