Mariano Rajoy nunca ha tenido vocación de líder que arrastre ciegamente a sus votantes. Las encuestas siempre han reflejado que era visto como mal menor, que no entusiasmaba ni ilusionaba pero era el instrumento para ganar elecciones, aunque impulsado por las circunstancias, y podía ser el presidente para salir de una situación difícil. Después de más de ocho meses en el Gobierno, la encuesta de Metroscopia para EL PAÍS muestra el desencanto y el deterioro notable de su imagen, incluso entre sus propios votantes, con un rechazo mayor que el que provocan las siglas del PP. La marca de los populares está dañada y ha desperdiciado nueve puntos de ventaja con respecto al PSOE desde las elecciones de noviembre de 2011, pero el desgaste del presidente es mucho más acusado que el de su partido.

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