"Cuando yo era joven, las librerías no eran así...", comentaba Alessandro Baricco junto a Mario Vargas Llosa en la inauguración de La Central de Callao. Quería decir el escritor italiano que no tenían cuatro plantas, no se podía comer, ni beber, y en pocas se podían encontrar los 70.000 volúmenes que decoran las estanterías del nuevo negocio que se inauguró en pleno centro de Madrid.

Lo de La Central fue una declaración de intenciones a la que acudió en masa el mundo editorial. Una audacia, un atrevimiento, toda una provocación ante la parálisis general, ante el terror creciente. A las siete de la tarde, en la Plaza de Callao había cola.

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