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Javier Marías rechaza el Nacional de Narrativa: "El Estado no tiene por qué darme nada por ejercer mi tarea"

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MARIAS
EFE

La decisión es firme y mucho tienen que cambiar las cosas ("quién sabe, a lo mejor cuando tenga 85 años y esté con pocas facultades me hace una ilusión loca que me den un premio") para que el escritor español Javier Marías acabe aceptando un galardón institucional. Incluído, si se produjera la buena nueva, el Cervantes.

El narrador, premiado por el Ministerio de Cultura con el Nacional de Narrativa por Los enamoramientos como la mejor novela publicada en España durante 2011, ha comparecido para explicar de forma detallada —la rueda de prensa se ha prolongado una hora— el porqué de su 'no' al galardón.

El motivo es claro: al no aceptar el premio, que está dotado con 20.000 euros, evita que alguien le acuse de ser favorecido por el partido gobernante de turno, sea del signo político que sea. "No quiero que en modo en alguno se pudiera interpretar como favoritismos hacia mí", ha comentado.

UNOS DE MÁS, OTROS DE MENOS

Hay justificaciones más de fondo: "El Estado no tiene por qué darme nada por ejercer mi tarea de escritor, que es algo a lo que nadie me obliga y hago por propia iniciativa", ha recalcado en su intervención, celebrada en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

También ha influído, como ha contado en ocasiones precedentes, que varios autores a los que Marías aprecia —en especial su padre, Julián Marías, que escribió decenas de ensayos— jamás fueran premiados. Eduardo Mendoza, Juan Benet, Juan García Hortelano o, en poesía, Jaime Gil de Biedma han sido los nombres citados. "Si ellos no lo recibieron pensaba por qué debía merecerlo yo. Alguna vez pensé que tal vez estaría mejor estar en la lista de los que no".

UN DESDÉN

Marías ha agradecido en no menos de cinco ocasiones la concesión del Nacional de Narrativa. "Lamentaría que se me viera como una desdén hacia nadie. No lo es. Se trata de una cuestión de actuar en consecuencia, de mi deseo de ser consecuente", ha razonado. "Confío en que no se tome mi postura como un feo, un agravio o un desagradecimiento. Todo escritor agradece que se reconozca su obra", ha proseguido.

El autor de Corazón tan blanco ha relatado cómo desde el 1995 rechaza toda invitación a actos institucionales, como los organizados por el Instituto Cervantes, el Ministerio de Cultura o cualquier embajada española. Tres años más tarde hizo extensivo ese veto a las "remuneraciones que procedieran del erario público".

Haber mantenido la misma sólida postura durante 15 años y luego, una vez premiado, haber cambiado de opinión para aceptar el reconocimiento alegremente hubiera sido un acto de "sinvergonzonería". "Sí casa eso con algunos escritores, pero no conmigo, ni como escritor ni ciudadano", ha dicho.

Es cierto, y así lo ha reconocido, que en el año 1979 aceptó otro Premio Nacional: el de traducción por la obra de Laurence Sterne Tristan Shandy. "Tenia 27 años y por supuesto por entonces no había decido nada de esto", ha argumentado.

UNA SANGRÍA ECONÓMICA

Todo, pues, por la coherencia. Al coste que sea. Porque Marías ha revelado que el Nacional de Narrativa no es el primer premio al que renuncia este año. A comienzos de 2012 también declinó otro —no ha especificado por qué— dotado con 15.000 euros. "Llevo 35.000 euros este año, no sé si tal vez estoy siendo demasiado sensato", ha bromeado.

Marías ha rechazado también la posibilidad de aceptar el premio y donar los 20.000 euros de dotación económica. "Quizá habría sido un poco demagógido", ha señalado. "Creo que es mejor que el dinero que no recibiré lo destine el Ministerio a lo que ellos sabrán", ha comentado mientras deslizaba críticas nada veladas al actual ejecutivo: "Tengo la impresión de que el actual Gobierno recorta de cultura, educacion y salud publica, los más fundamentales para el funcionamiento y cohesión de una sociedad".

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