Travestis, boleras, piscinas, tatuajes, presentadoras de televisión… Viaje al Kabul que la retirada estadounidense de Afganistán, el año que viene, dejará en el aire, con fotografías de Guillermo Cervera.

Loading Slideshow...
  • 1. Cinema Park

    El moho de la pared se ha pegado como una ladilla al Rambo indio del cartel. Butacas, pantalla... Todo está al borde de la podredumbre y la alucinación. El Cinema Park es uno de los últimos cines que resisten en Kabul, convertidos en mezquitas en tiempo de los talibanes. A la espera de que Dios regrese, proyectan lo peor del cine indio, cintas interminables de las que se borran besos y tocamientos. En este país-burka, cualquier silueta proyectada descontrola la carne: la oscuridad esconde aquí intensos pecados de soledad. Cuando falla la electricidad, el generador no tiene fuerza para arrancar los dos proyectores indios y se echa mano de los rusos: dos viejos trastos con trípode de madera… Los proyectores de Breznev arrancan y, en ese instante mágico, la podredumbre, los yonquis y la ensoñación son testigos del milagro: todo parece posible en Kabul. Los kabulitas entran y salen del cine sin importarles cuándo empieza o acaba la película. Porque cada movimiento de cadera es un guión. Cada canción, un argumento. No hay principio ni final. Sólo cutrez, ensoñación y guerra.

  • 2. Agua y muerte

    La guerra también es aquello que llena el vacío que deja. Aquí, agua. Esta piscina de Kabul fue construida en los años ochenta por los invasores soviéticos. Durante el régimen de los talibanes, de 1996 al 2001, la piscina estaba vacía: desde el trampolín se arrojaban al vacío a las mujeres acusadas de adulterio. Hoy, los adolescentes chapotean de nuevo hasta que, un día, alguien la vuelva a vaciar.

  • 3. Modernillos

    Son como una aparición. Por las polvorientas calles de Kabul, entre burkas y turbantes, surgen de vez en cuando chicos vestidos con trajes-chaqueta brillantes, corbatas rosas o cegadoras camisas amarillas. Son los modernillos. Aprendices de Versace en tierra hostil. Una fauna que los talibanes, si un día regresan, borrarán de la faz de Kabul. Una fauna para la que los detalles son importantes. Esenciales. En el caso del chico de la fotografía, es el complemento que luce, del todo insuperable: un cinturón con la fotografía de Michelle, Natasha, Malia Ann y Barack… La familia del presidente de Estados Unidos al completo.

  • 4. Placer público

    En un país, Afganistán, donde todo menos matar es pecado, la comida es uno de los pocos placeres que no tienen límite. Se puede alimentar la gula públicamente: sensualidad, al menos en el paladar. En la fotografía, elegantísimos pashtunes –la etnia de los talibanes– limpiándose la dentadura después de comer con las manos en un restaurante de Kabul con decoración no precisamente minimalista.

  • 5. Músculos

    En Kabul hay bastantes gimnasios. Diminutos. Cutres. Donde se rinde el culto al único cuerpo que en Afganistán perfila sus carnes: el masculino. Este es un país de fuertes cortocircuitos sexuales. Incluso en pleno frente: la pasión con la que los soldados afganos muestran en sus Nokias grabaciones de chicos adolescentes bailando succionados por una fuerza que no pueden explicar. Sólo pueden sentir.

  • 6. Manicuras y talibanes

    Zabi era un travesti de Kabul. En su mano derecha, tenía dos largas uñas rosas en los dedos meñique y pulgar. “¿Por qué te recortas tus tres dedos centrales?”, le pregunté. “Para poder cerrar bien el puño y pegar mejor”, respondió. Meses después, una familia de carniceros pashtunes lo contrató para bailar en la boda de un hijo. Tras la fiesta, ellos mismos lo mataron, lo despedazaron y enviaron el cuerpo troceado a su familia.

  • 7. Espejismo

    Estudios de Tolo, la televisión privada y moderna de Afganistán. Fue la primera TV afgana en producir una telenovela, y cada año organizan Afghan star, un reality show que busca a los mejores cantantes del país. En sus estudios, fuera de cámara, los hombres se cruzan con mujeres sin velo. Los talibanes no son una guerrilla, son un estado de ánimo, y Tolo no es una televisión: es un espejismo.

  • 8. Acariciar el mundo

    En Kabul hay feriantes que, en medio de la nada, despliegan caballitos para dar vueltas sobre el mundo. Los niños alargan la mano para acariciar el planeta Tierra. Al fondo de la foto, casi imperceptibles, un montón de drogadictos. La policía se adentra en este descampado de heroína y detiene a un par de jóvenes que se meten tragos de un alcohol destilado en algún garaje infecto de Kabul. Y se los llevan esposados, entre heroinómanos que quedan ahí, inyectados bajo el sol.

  • 9. Bolera

    Es la única bolera de todo Afganistán, abierta por una afgana liberal. Uno de esos extrañísimos flashes de modernidad que salpican Kabul. Como la escuela de skate o el equipo de boxeo femenino. Patinan y boxean sabiendo que, en cualquier momento, el cielo les puede caer encima. Todo es volátil: los talibanes prohíben el vuelo de las cometas, los tatuajes o aplaudir en un partido de fútbol.

Reportaje originalmente publicado en Rollingstone.es.