La noche del sábado es, para muchos, el momento de salir y tomarse una copita… o un copazo, según se tercie. Pero no sabíamos hasta ayer que la noche catódica también pudiera resultar etílica. Y no porque los dimes y diretes de los contertulios inciten a entregarse a Baco. Ni siquiera porque hubiera ayer comportamientos sospechosos (Hermann Tertsch dando la razón a Sardá, Carmelo Encinas haciendo lo propio con Marhuenda o Isabel San Sebastián defendiendo a Alfonso Guerra). Nada de eso. Si en los programas de debates hubo alcohol no fue en la copa de presentadores e invitados, sino porque se habló de las subvenciones para que los diputados disfruten de gin-tonics a poco más de 3 euros.

Así abríó la velada Telecinco. Jordi González y Sandra Barreda, copa en mano y un gráfico tan delicioso como un cóctel bien puesto que mostraba a los leones del Congreso sorbiendo un cubata. Pero, como el presentador se encargó de aclarar, todo era atrezzo. En Telecinco estarán permitidas las merendolas de ‘Sálvame’, pero no así el consumo de alcohol. Y hete aquí que todos los invitados de la noche, cual compañeros de correrías nocturnas y chupitos, se mostraron de acuerdo en la inconveniencia de la medida. Abrió fuego Inocencio Arias, quien estaría de acuerdo en subvencionar “el rancho de cada día, no los güisquis”. Carmen Tomás también apostó por un menú para los trabajadores e Isabel Durán pidió un cero patatero de ayudas. O sea, nada de dietas para la dieta de los diputados. Sardá preguntó quiénes beben más, si periodistas o políticos, pero pinchó en hueso: enfrente de él, Israel García-Juez se declaraba abstemio. Eso sí, el ‘crónico marciano’ estuvo hábil con el lenguaje: “Este tema es la gota que colma el vaso”. El de la paciencia colectiva, no el de la copa.

Como el inicio fue de fiesta, el programa de Telecinco continuó con un asunto lúdico… aunque solo para la familia Mato (la de la ministra). Sobre la mesa, las comuniones, los viajes y los confetis supuestamente pagados por la trama Gürtel. Y una pregunta: ¿Puede una mujer desconocer de dónde salen las perras para irse a Disneyworld? Y en este punto, se acabó la fiesta. Carmen Tomás e Isabel Durán defendieron con vehemencia que sí. La primera, preguntando al público femenino si ellas exigen las facturas de los regalos a su pareja. Y, la segunda, cuestionando si la carrera de una mujer tiene que acabarse por los errores de su marido. Todo lo contrario a Xavier Sardá , para el que la ministra debería irse “por estética”. Hermann Tertsch le dio la razón, aunque, apuntó, “por primera vez y sin que sirva de precedente”. Una posición que no convenció a la Tomás, que se puso en plan Nikita para defender sus argumentos: “Si mi marido me preguntara de dónde he sacado el dinero para unos billetes, le parto las piernas”, demostrando que Carmen es de armas Tomás.



La Sexta, sin embargó, optó por un dúo poco musical, aunque sí pimpinelesco, para empezar su programa. El profesor universitario Pablo Iglesias, que anteriores programas se había enfrentado a Alfonso Rojo, tuvo esta vez como rival al exconsejero madrileño de Economía Percival Manglano. Así, sin preliminar alguno, comenzaron a discutir sobre la medida que podrá obligar a desempleados madrileños que cobren a algún tipo de subsidio a trabajar para su ayuntamiento. Iglesias, totalmente contrario, lo calificó de “trabajos forzados” y dejó frases como “los patriotas de pulserita rojigualda que tienen el dinero en Suiza no arreglan el país” y “esto no se solucionará hasta que los que tengan miedo sean los que toman las decisiones y viven como Dios”. Por su parte, Manglano lo acusó de hacer “discursos castristas” (por su duración, matizó) y de apostar por una “sociedad del enfrentamiento”.

Como en el programa de la competencia, la noche acababa de comenzar y aún quedaban muchos debates que iban a revelar extraños compañeros de cama. Si en Telecinco Sardá y Terstsch se juntaban, aunque fuera transitoriamente, en La Sexta, Carmelo Encinas, Fernando Garea y Francisco Marhuenda se daban la razón sobre la necesidad de investigar hasta el fondo el asunto de las preferentes. Pero fue como una salida nula en atletismo, una falsa ilusión. En el siguiente asunto que se abordó, volvieron las posiciones encontradas y las voces al unísono, y no precisamente en sintonía. Vamos, que los contertulios de La Sexta tampoco son Los Sabandeños.

Sobre la posibilidad de que PP y PSOE unan fuerzas para un gran Pacto de Estado, Elisa Beni afirmó que solo lo ve adecuado si es para oponerse a las exigencias europeas. Eduardo Inda confesó el miedo a los pactos, porque ve en ellos una forma de tapar vergüenzas y promocionar el turnismo. Carmelo Encinas dijo que “sería deseable, aunque resultará difícil”, mientras Antonio M. Beaumont no lo consideró necesario ya que “hay acuerdos todos los días”.

INVITADOS ESPECIALES

Y el pepino en este gin-tonic lo puso Marhuenda, quien cree que ahora a Rubalcaba le interesa estar cerca de Rajoy “porque llega la recuperación”. Ante las risas de los presentes, Marhuenda, genio y figura –como se llamaba el programa de Antena 3 que nos regaló a Chiquito de la Calzada-, contestó: “Dentro de unas semanas, me voy a partir yo a vuestra costa”. Unos minutos más tarde, los contertulios darían su parecer sobre la próxima Ley de Transparencia y la bebida volvió a hacer acto de presencia: resulta que las normas en el Reino Unido obligan a justificar hasta la compra de un chicle. Y, así, los británicos se han enterado que su Casa Real gasta al año en bebidas alcohólicas 400.000 libras. En euros, un porrón.

Esto, respecto a los contertulios habituales. Pero tanto ‘El gran debate’ como ‘La Sexta noche’ tuvieron sus invitados especiales, lo que en las series se conoce como el ‘special guest star’. Telecinco ofreció una entrevista de Sandra Barneda a Alfonso Guerra, que se despachaba a gusto no solo con Rajoy o Aznar, sino también con Garzón, al que acusa de haber solicitado pagos en negro, o con Felipe González, al que llamó “amigo”, para después contar que abandonó su Gobierno antes de que el Gobierno lo abandonara a él. Sus declaraciones no gustaron a la nueva mesa de debate. Cristina Alberdi, compañera del PSOE, le criticó por “creerse por encima del bien y el mal” y calificó sus memorias de “vengativas”.

Margarita Sáenz Díaz opinó que cuenta demasiado y Carlos Cuesta, que debería haber hablado antes. Para Ernesto Ekaizer, Guerra hace “buena pareja con Aznar en el resentimiento”. Y solo Isabel San Sebastián se apiadó del socialista: “Es una animal político y me cae bien, como toda la gente que tiene principios sólidos, y es valiente y coherente”. Después, cuando se pasó a comentar la entrevista de Aznar en Antena 3, hubo menos unanimidad. San Sebastián lo tildó de “soberbio y ególatra, pero no tonto”. Y Cristina Alberdi preguntó –y se respondió solita-: “¿Qué debe hacer un expresidente? Callarse”.



En La Sexta, la entrevistada estrella fue la otrora entrevistadora estrella de La 1: Ana Pastor. La periodista, una fiera cuando pregunta, se mostró dócil y sonriente a la hora de responder. Repasó sus encontronazos con Dolores de Cospedal o José Bono –y también, y precisamente, con el propio Guerra- y quiso dejar claro que ella no provoca tensión a propósito para descolocar. Ayer, desde luego, no lo hizo. Venía a presentar nuevo programa como compañera de La Sexta. En una noche en la que tanto se habló de copas, lo lógico hubiera sido que Iñaki López hubiera brindado con ella…

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