En La 1 anoche emitían Las cosas del querer. Y si hay que hacer caso al dicho de ‘Los que se pelan, se desean’, en los platós de las otras cadenas, especialmente La Sexta, hubo amor. El que más se peleó, aunque quizá no sea el más amado, fue Francisco Marhuenda, que lo hizo en dos debates distintos.

El primero, sobre el incremento de ricos en España en 2012. Un dato este, para el director de La Razón, muy positivo, porque, en su opinión, “que la gente tenga dinero no es malo. Lo importante es cómo lo consiguen”. De frente, Fernando Berlín, quién puso el acento en que los más adinerados son los que más defraudan, y en las cifras de desigualdad social. “Lo dramático es que crece el número de pobres”, dijo Berlín. Este es el resumen del combate, porque durante 20 minutos no se pudo escuchar gran cosa.

Tal era su apasionamiento que podían haber pasado por Ángela Molina y Manuel Bandera. De entre las cosas que quedaron claras en este cara a cara, una de las más chocantes es que a Marhuenda, como él mismo reconoció, le han bajado el sueldo. Y otra, la particular dinámica que mantienen estos rivales dialécticos. He aquí un ejemplo:
Berlín: “Que haya más ricos no quiere decir que se cree más empleo. Eso es un mito. Lo dice un estudio”.
Marhuenda: “Como si lo dice la tía Pepita (…).Infórmate, pregunta, coge internet”.

Después, mantendría otra discusión que, a pesar del refrán, no pareció granjearle muchos amores en la bancada contraria. Sobre la mesa, el debate del recorte de becas y los nuevos criterios para acceder a ellas que propone el ministro Wert. Elisa Beni y Pablo Iglesias presumieron de haber sacado 13 matrículas en sus respectivas carreras. El profesor universitario interpeló a Marhuenda y le preguntó por su expediente académico. La acalorada conversación acabó con el presentador, Iñaki López, pidiendo paz y, a ser posible, gloria. “Él me llamó lameculos”, justificó el periodista.

En realidad, de lo que se hablaba era de si es justo o no que un estudiante tenga que sacar un 6,5 para poder acceder a ayudas. Beni e Iglesias creen que no. Para la primera, hay gente que no podrá llegar a esa nota porque, sencillamente, “no podrá estudiar”. Para el segundo, “si Wert ignora las rentas medias de este país es un incompetente; si las conoce, es un sinvergüenza”. Y Fernando Garea resumió la postura de ambos. En su opinión, con esta medida “los que tengan medios pasarán con un 5. Los que no, con un 6,5. El criterio de igualdad no se cumple”.

En el lado contrario, tesis contrarias. Alfonso Rojo recordó que las becas se pagan con los impuestos de todos y pidió asignarlas con un doble criterio económico y académico. Eduardo Inda opinó que ningún estudiante en mala situación económica dejará de estudiar. Y Marhuenda, que repetía como un mantra ‘Viva la demogia’ ante algunas de las ideas de sus adversarios, como la bruja Avería repetía aquello de ‘Viva el mal, viva el capital’, defendió el esfuerzo de los alumnos para ganarse una beca, a la vez que criticaba a la universidad por “haberse instalado en la mediocridad”.

La conversación alcanzó cotas, como hubiera definido Enrique Iglesias, de experiencia religiosa. Rojo acusó a Elisa Beni de no saber sumar y la llamó “Alma de Dios”. Ella refutó ambas cosas: sí sabe sumar, multiplicar y dividir. Y, además, respondió: “Alma de Dios no, que soy atea”.

Entre uno y otro debate, el economista Gay de Liébana volvía a asomarse a ‘La Sexta Noche’, esta vez con una conexión desde Menorca, para: 1. Mandar abrazos al aire, como suele hacer cuando no está en plató, con una coreografía similar a ‘El baile del pañuelo’ de Leonardo Dantés. Y 2. Explicar que la reforma de las administraciones públicas tiene que partir de la gente fuera de la política y que fracasará si las comunidades autónomas se plantan. Por otra parte, defendió tesis que ya firmábamos cualquiera ahora mismo: que no bajen los salarios y menos IVA para poder comprar más. El propio Gay de Liébana y el presentador se apuntarían. “Nosotros somos pobrecillos”, informó Iñaki López.

No fue la única lección de la noche, que no se diga que los programas de debates no tienen su parte didáctica. Más tarde, Eduardo Inda, ante una pizarra y al más puro estilo ‘Querido maestro’, ofrecería las tres posibles explicaciones –que no 14- a lo ocurrido esta semana con la investigación de Hacienda y el DNI de la infanta Cristina: que fuera un error, lo que consideró “imposible estadísticamente; que fuera cuestión de espías, que trataran de sembrar la confusión en el caso Urdangarin o, directamente, un fraude.



‘El gran debate’, que volvió a retrasar su hora de inicio por el fútbol, abrió con el ‘caso Bretón’, exactamente igual que La Sexta había hecho dos horas antes. Y, en los dos casos, mientras periodistas debatían el devenir del juicio y el estado mental del acusado, expertos en psicología y psiquiatría hablaron del perfil de Bretón. El profesor Rafael López, en Telecinco, juzgó su comportamiento como “incongruente”, cuando llegó a “llorar sin lágrimas”. Y, por su mirada fija y apenas sin pestañear, lo calificó como “planificador e introvertido”.

En el debate posterior, el psiquiatra José Miguel Gaona se mostró sorprendido: “No sé lo que es una mirada de psicópata”. Y, para arrojar luz sobre un juicio tan mediático, el espacio que conduce Jordi González invitó a la jueza Manuela Carmena, que ayudó a derribar mitos sobre procesos de estas características. Según Carmena, que la gente se interese por lo que está ocurriendo es “signo de que la sociedad se compadece con el sufrimiento”. “Y eso es bueno”, apostilló.

Además, mantuvo que, si crees en la transparencia, el interés de la prensa no tiene por qué molestar al magistrado. Por último, defendió el jurado popular. “Juzgar es juzgar una interpretación de un acusado y eso lo puede hacer cualquiera si está bien dirigido”, explicó.

Aún quedaba otro asunto por abordar en ‘El gran debate’, aunque este, más que ‘Las cosas del querer’ tratara de dilucidar si la trama Gürtel ha sido ‘Las cosas del querer… ganar más’. Pablo Crepo, imputado en el caso, se sentaba a hablar y, a preguntas de Ignacio Escolar, Isabel San Sebastián y Ángel Expósito, consideraba que el asunto se había magnificado solo por una cuestión política y como una cacería al PP.

Es más, dijo que la cacería en la que había participado Garzón y el entonces ministro Bermejo “escenificó un contubernio contra el PP”. De hecho, contó que ni él ni sus socios habían hecho nunca un obsequio para recibir una contraprestación. “No hay trama Gürtel, solo irregularidades tributarias. Todo lo que he hecho en la vida es legal, aunque esto es como cuando vas por la carretera y pisas la raya”. La cuestión, siempre y en cualquier ámbito, es no pasarse de la raya.