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'Infiltrators': La odisea diaria de los palestinos para cruzar el muro en Jerusalén (VÍDEO)

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Saltan a diario un muro de hormigón de siete metros de altura para poder ver a sus familiares, acudir al trabajo o rezar en su mezquita. Son palestinos que viven en Cisjordania pero que están atados emocional o laboralmente a Jerusalén, por donde pasa una muralla de separación de unos 700 kilómetros que el Gobierno israelí levanta desde 2002 para "proteger" su territorio.

"Se juegan la vida en cada intento, algunos se rompen las piernas por malas caídas y otros son detenidos y encerrados en la cárcel durante meses". El que habla es el director palestino Khaled Jarrar, que durante cuatro años y medio ha seguido los pasos de estos ciudadanos para captar sus historias y sus arriesgados intentos de pasar al otro lado de la frontera.

El resultado es Infiltrators, un documental de 90 minutos que este septiembre se estrena en 35 salas de cine y centros culturales de toda España dentro del proyecto El Documental del Mes.

"Botan el muro porque los soldados israelíes no les permiten cruzar las puertas giratorias. Les tratan como a animales. Fue muy duro seguirles para poder capturar estas imágenes", explica Jarrar en conversación telefónica con El Huffington Post.

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Fotograma de Infiltrators

El documental muestra cómo grupos de palestinos pagan entre 10 y 20 euros a taxistas piratas para llegar hasta el muro, que separa Cisjordania de Jerusalén, y cómo una vez allí cargan con sus propias escaleras para poder pasar al otro lado. "Son muchas las horas de espera. Los soldados israelíes patrullan durante todo el día la franja de seguridad por el lado de Jerusalén. Son agresivos y van con perros para asustar. Es inhumano", cuenta el director.

En 2003, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución que exigía a Israel que parase la construcción del muro. El entonces primer ministro israelí Ariel Sharon hizo oídos sordos y el conocido como 'muro de la vergüenza' sigue todavía hoy avanzando.

Un mensaje claro y directo aparece en los bloques de hormigón: "Peligro mortal, zona militar. Toda persona que pase o cause daño al muro pone en peligro su vida", se puede leer en hebreo, árabe e inglés.

Según Amnistía Internacional, la advertencia no es en vano. El 19 de diciembre de 2006 Dua’a Nasser Abdelkader, una niña de 14 años, fue alcanzada por un disparo de soldados israelíes y murió mientras jugaba junto al muro con una amiga de 12 años en la localidad de Far’un.

LOS QUE NO CRUZAN

"Hay personas mayores que físicamente no pueden saltar el muro. Ahí se encuentran verdaderos dramas de familias separadas durante años que saben que morirán sin ver crecer a los suyos", lamenta Jarrar. Una de estas historias es la que más le conmocionó durante la grabación, la de una anciana de 80 años que acude una vez por semana al muro para hablar con su hija a través de un socavón en la parte inferior de uno de los bloques de hormigón. Con estos encuentros la octogenaria ha visto crecer a sus nietos en instantáneas.

En una de las secuencias, la mujer llora desconsolada mientras su hija le pide que pase la mano por el agujero para apretársela. Es su único contacto.

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Fotograma de Infiltrators

Las autoridades israelíes esgrimen que el motivo de la construcción de la muralla es evitar que entren en su territorio miembros de los grupos armados palestinos, armas y explosivos procedentes de Cisjordania. "Estos ataques no pueden ser excusa para la construcción de un muro ilegal que viola los derechos humanos. El cercado separa a los campesinos de sus tierras, deja a los ciudadanos sin hospital y sin centros educativos", critica el director, de 37 años y de origen palestino.

El 80% del muro, con alambradas de espino, zonas de arena fina para detectar huellas, torres de vigilancia y caminos asfaltados a cada lado para permitir patrullar a los tanques israelíes, está construido dentro del territorio ocupado de Cisjordania. "¿Si creo que se solucionará el conflicto? no, por eso luchamos con las armas que tenemos, en mi caso, una cámara de vídeo", zanja Jarrar.

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