No es hora de comer, de hecho aún faltan más de tres horas, pero lo único en lo que puedes pensar es en la próxima vez que te llevarás algo a la boca y lo que será. ¿Por qué te sucede eso?

La razón es sencilla. Resulta que nuestro cerebro y cuerpo están conspirando constantemente para hacernos creer que es la hora de comer, cuando en realidad no lo es. Estas son las nueve razones por las que sufres el engaño del hambre atroz:

Anoche no dormiste lo suficiente

¿Te ruge el estómago los días en que la alarma suena muy temprano? Eso es porque tu cuerpo no ha descansado lo suficiente y le faltan horas de sueño. La falta de sueño se ha relacionado con mayores niveles de la conocida como hormona Ghrelin, que es la encargada de desencadenar la sensación de tener hambre.

Para empeorar las cosas debes saber que cuando no se ha descansado lo suficiente al cuerpo se le antojan carbohidratos, alimentos cargados de calorías que sirven de combustible mientras tu mente busca fuentes alternativas para recargar energía. Los investigadores creen que esto podría ser una pista de por qué la gente con falta de sueño corre un mayor riesgo de obesidad.

Ayer comiste demasiado

buffet

La ciencia no tiene una base sólida para explicar este fenómeno, pero muchas veces cuando te acuestas con la sensación de tener el estómago lleno, te levantas con más hambre que nunca. A diferencia de lo que cree la mayoría, no es que el tamaño de tu estómago esté aumentando, sino la comida que tomaste. Si ingeriste alimentos con alto contenido en almidón podrían haber modificado los niveles de azúcar en la sangre, y por eso sientes que todavía no estás lleno, según explica la autora de Healthy Living's, Meredith Melnick.

Estás en el periodo premenstrual

No hay pruebas objetivas que den credibilidad a esta teoría, pero muchas mujeres saben que están en el periodo premenstrual porque tienen más apetito que de costumbre. Durante la fase premenstrual, aumenta la segregación de progesterona. Este incremento genera un mayor apetito y una sensación de incomodidad con el cuerpo. Según la publicación Psychology Today, el resto de mamíferos siguen un patrón similar de sobrealimentación durante la premenstruación.

Podrías haber desayunado mejor

breakfast

El desayuno es la comida más importante del día y también la más fácil de saltarse, pero un mal desayuno puede arruinarte un día entero. Un estudio publicado este año señala que uno de los componentes más importantes para un desayuno completo y equilibrado es la proteína. Las personas que toman desayunos altos en proteínas tienen menos antojos de ingerir a lo largo del día comidas grasas y alimentos azucarados. Una pieza de fruta es la opción más fácil y rápida para ingerir algo sano tras cerrar la puerta de casa y salir con las prisas habituales hacia el trabajo. Pero una pieza de fruta no es suficiente, ya que necesitas al menos 300 o 400 calorías para mantenerte satisfecho hasta el almuerzo, según la dietista Keri Gans.

Tomas medicamentos

Hay muchos tipos de medicamentos que estimulan el apetito, desde los antihistamínicos para las alergias hasta las pastillas para la artritis. En los últimos 20 años, los medicamentos que provocan este efecto se han multiplicado por tres, según el doctor George Blackburn, director asociado del departamento de nutrición de Harvard Medical School. En muchos casos, una vez culminada la toma de medicinas, el apetito vuelve a su estado habitual. Pero para aquellas personas que deben someterse a tratamientos de larga duración o incluso crónicos, los expertos recomiendan consultar con los médicos para encontrar el medicamento más apropiado, ya que se puede prescribir uno similar que genere menos efectos de este tipo.

Tomas bebidas bajas en azúcar

diet soda

Al tomar una bebida dulce baja en calorías, el cerebro recibe el mensaje de que las calorías están en camino. Sin embargo, las calorías no llegan. El gusto dulce por sí solo puede provocar que el cerebro mande señales que conducen a sentir apetito para compensar esa pérdida. Todavía se requieren más investigaciones para entender este fenómeno. Mientras tanto, podría ser buena idea cortar o al menos reducir el consumo de bebidas edulcoradas artificialmente.


Estás sediento

Un poco de deshidratación puede provocar sensación de fatiga y, al igual que sucede con la falta de sueño, el cuerpo te pide que ingieras calorías a modo de combustible. En ese proceso, crees que tienes hambre cuando en realidad lo que tienes es sed. Algunos expertos recomiendan a las personas que quieren perder peso tomar un vaso de agua antes de las comidas y esperar unos minutos hasta la ingesta de alimentos. Para distinguir entre el hambre real y la sed, la revista Men's Health sugiere pensar en un menú abundante: si te apetece es que tienes hambre, si no es hora de que tomes un poco de H2O en su lugar.

Estás aburrido

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Muchas de nuestras actividades diarias están impulsadas por la dopamina, la hormona de la motivación, la recompensa y el estímulo. A nivel biológico, segregamos dopamina al comer, lo que es maravilloso. Por esa misma razón, cuando estamos aburridos el cerebro busca la manera fácil de generar dopamina y comer algo es su solución. Hay otras alternativas: hazte con un buen libro, escucha una buena canción, medita o haz ejercicio.

Estás estresado

Hay una base biológica en el hecho de comer de manera impulsiva. Desde la perspectiva evolutiva, nuestra respuesta natural ante una situación de estrés es evitar convertirnos 'en la cena' del adversario. Unos músculos fuertes proporcionan la habilidad de correr para huir de un león, un tigre o un oso. Pero después de la persecución el cuerpo está agotado y necesita energía. Por eso el propio estrés activa partes del cerebro que aumentan el apetito, especialmente de alimentos grasos o azucarados. Puesto que hoy en día el estrés es algo muy habitual y las bestias salvajes ya no forman parte de nuestra vida, comerse un donuts para aliviar el estrés no es la mejor opción.

(*Artículo originalmente publicado en The Huffington Post)