¿Sirven para algo los test de intolerancia alimentaria?

¿Sirven para algo los test de intolerancia alimentaria?

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¿Sufres frecuentes dolores de cabeza? ¿Padeces acidez de estómago? ¿Tienes problemas en la piel? ¿Quieres adelgazar y con las dietas clásicas no lo consigues?

En la bandeja de entrada de tu correo electrónico un nuevo email busca tu atención con frases de este tipo. Una conocida web de descuentos pone a disposición de sus usuarios una oferta para hacerse un test de intolerancia alimentaria por un precio supuestamente inferior al real. Pagando alrededor de 50 euros se puede acceder a una prueba que en el mercado estaría valorada en más de 200. La rebaja ronda el 80%.

No es un caso excepcional. Cada cierto tiempo llega a nuestro correo una oferta para hacernos una prueba que por un coste relativamente bajo puede ayudarnos a localizar qué alimentos nos producen digestiones pesadas y dolores de cabeza constantes o incluso darnos la fórmula para bajar de peso sin seguir un régimen. Porque todas coinciden en que eliminando los productos que no se toleran bien conseguiremos perder peso de forma fácil y sana.

La mala alimentación actual y el ritmo de vida trepidante son las causas de que cada vez sean más las personas que sufren problemas gastrointestinales. En España alrededor del 20% de la población presenta en su vida una reacción adversa a un alimento, según la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) (PDF). Esto se ha convertido en un filón para centros estéticos y de nutrición que mediante análisis de sangre, como es el famoso y controvertido test Alcat, estudios de ADN o el llamado método Voll pretenden localizar el origen del problema, los alimentos a los que somos intolerantes. Esta última prueba es la más barata del mercado y la que genera más confusión en la gente que se la hace. Porque es una máquina, que combina la radiofrecuencia con la acupuntura (puedes ver aquí alguna imagen), la que determina cuáles son esos productos que nuestro organismo no asimila bien. No hay ni punción ni extracción sanguínea. Al finalizar el paciente recibe una colección de hojas (PDF) donde puede ver, alimento a alimento, qué grado de intolerancia padece.

SOLO EXISTE UNA INTOLERANCIA DIAGNOSTICABLE

¿Pero de verdad funcionan estos análisis? La doctora Belén de la Hoz, coordinadora del Comité de Alergia a Alimentos de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC), es clara: "La única intolerancia conocida y con verdadero diagnóstico es la intolerancia a la lactosa (azúcar de la leche)". "La prueba es un test de aliento que sirve para comprobar si el organismo es capaz de romper ese azúcar", continúa. La encargada de realizar esta operación es una enzima que tiende a desaparecer o a atrofiarse a medida que nos hacemos adultos, especialmente en países asiáticos donde se tiende a sustituir la leche de vaca por la de soja. "Piensa que la enzima se anula en los mamíferos a partir de los dos años. El ser humano y el gato son los únicos que la mantienen", continúa.

El test de intolerancia a la lactosa se realiza en la unidad de digestivo de los hospitales. También en centros sanitarios se lleva a cabo la prueba que determina si una persona sufre la enfermedad celíaca, que podría considerarse la otra intolerancia diagnosticable. "En realidad es una enfermedad del sistema inmunológico, no es una intolerancia. En este caso al paciente puede no manifestar síntomas al consumir el alimento (los intolerantes a la lactosa sufren hichazón y dolor abdominal alrededor de una hora después de ingerir leche), pero a largo plazo daña el intestino de las personas que la sufren", explica.

La enfermedad celíaca ("intolerancia" al gluten) se detecta a partir de "un estudio endoscópico y una biopsia para confirmar los resultados" previo análisis de sangre. La prueba se hace en pacientes con unos síntomas previos muy claros. "Es una enfermedad hereditaria y por tanto la única "intolerancia" asociada al ADN", añade la doctora de la Hoz.

Así que sólo dos intolerancias son diagnosticables mientras los anuncios de los test hablan de hasta 600 alimentos analizables. "Desgraciadamente no se pueden detectar otras intolerancias, sólo si es una alergia", explica De la Hoz quien aclara que para otros casos "lo que se hace es quitar e introducir alimentos". Es la única forma de comprobar cuáles son los que provocan sensibilidades como migrañas, problemas en las digestiones o alteraciones cutáneas. Pero eso no es una intolerancia como tal.

"Estos alimentos que producen síntomas tipo dolores de cabeza o eczemas se conocen como productos desencadenantes", explica el doctor Albert Lecube, coordinador del Grupo de Obesidad de la SEEN, y señala que existen listas de alimentos más propensos a ello "pero no se detectan con análisis de sangre". Tampoco los análisis mediante electroacupuntura ofrecen datos médicamente fiables. "Hasta donde llega la ciencia institucional y académica no se puede utilizar la electroacupuntura para detectar una intolerancia", aclara De la Hoz.

Entre las pruebas basadas en el análisis de sangre destaca el test Alcat, que se publicita como "el único test de intolerancia alimentaria que está aprobado por la Agencia americana de Alimentos y Medicamentos (FDA)" y cuyo diagnóstico ayudaría a tratar "casos de sobrepeso, alteraciones gastrointestinales, dermatológicas, migrañas, etc". Esta prueba estudia el comportamiento de nuestras células sanguíneas frente a los 100 alimentos (350 euros) y 20 aditivos (450 euros) más habituales en nuestra alimentación. La SEIAC rechaza abiertamente sus resultados: "Esa relación de causalidad es puramente hipotética y carece de base científica". "No se ha demostrado que tener un determinado nivel de inmunoglobulina G (IgG) frente a un alimento sea una intolerancia", añade De la Hoz.

¿Y CÓMO SISTEMA DE ADELGAZAMIENTO?

Acabar con los kilos de más sin hacer dieta es otro de los reclamos utilizados para la promoción de cualquiera de estos test. Y mucha de la gente que se somete a ellos acude después a centros médicos con los resultados en la mano en busca de una solución. "En los últimos años ha habido un boom de estos análisis pero sus resultados no sirven de nada para perder peso. Es una forma de malgastar el dinero", asegura el doctor Lecube que define las pruebas como "un engañabobos". En el caso de alimentos que supuestamente producen migrañas o eczemas, Belén de la Hoz prefiere actuar con cautela: "Lo único que podemos es verificar los resultados con pruebas de eliminación y reincorporación".

Los análisis de sangre no sirven ni tampoco las pruebas de ADN. "Sí que es verdad que éstas dan información sobre tu predisposición genética a ser más o menos obeso, a tener más probabilidad a desarrollar una diabetes... pero no te va a decir si te siente mal la verdura o si un alimento te va a engordar más o menos", añade Lecube para el que "los test que intentan buscar una intolerancia y tratan de aplicarla para peder peso son una falacia". "Ojalá hubiese un análisis o prueba que permita hacer perder peso a la gente con la mínima dificultad o la máxima eficiacia", concluye.