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Mensaje del rey: "Asumo la exigencia de ejemplaridad que reclama la sociedad"

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Poco se parece el Mensaje de Navidad de 2013 del rey Juan Carlos al del año pasado. Si en 2012 sus palabras estuvieron marcadas por la crisis, el de este año gana en amplitud y toca otros muchos temas más allá de la economía.

El desafío independentista de Cataluña, la crisis de las instituciones, la desafección política de la ciudadanía, los efectos de la crisis económica, el papel de la monarquía en España e incluso ETA y las víctimas del terrorismo, trufan un discurso de dos folios y medio.

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En su alocución, el rey expone sus “reflexiones” sobre el año que está a punto de concluir y las “convicciones sobre nuestro futuro en común”. El uso de esas dos palabras, “en común”, no es baladí: la pulsiones independentistas de la Generalitat de Cataluña llevan al monarca a realizar una defensa cerrada de un país “libre, justo y unido dentro de su diversidad”: “Juntos debemos seguir construyendo nuestro futuro porque nos unen y nos deben seguir uniendo muchísimas cosas”, expone.

Entre los elementos que, a su juicio, actúan de argamasa figuran “la intensidad de los afectos y lazos históricos, las culturas que compartimos, la convivencia de nuestras lenguas, la aceptación del diferente”, además de “la extraordinaria riqueza de un país diverso, de culturas y sensibilidades distintas” y “la solidaridad que siempre demostramos ante las grandes adversidades, ante las desigualdades sociales y territoriales, ante las necesidades de nuestros vecinos”.

“España es una gran Nación que vale la pena vivir y querer, y por la que merece la pena luchar”, recalca para zanjar cualquier duda respecto a su posición ante una hipotética independencia catalana.

EL FUTURO DEL REY

“Mi posición me ha permitido vivir las múltiples vicisitudes por las que ha atravesado España, a la que he dedicado mi vida. He visto momentos malos y buenos y siempre hemos sabido los españoles salir juntos de los malos y construir juntos los buenos”, señala don Juan Carlos, que defiende el sistema político consagrado en la Constitución de 1978 por ser el que ha proporcionado “el período más dilatado de libertad, convivencia y prosperidad de toda nuestra historia”.

Compartir esa defensa del texto de 1978 no es óbice, aclara, para asumir la necesidad de “mejorar en muchos aspectos la calidad de nuestra democracia”, que pasaría por una “crucial tarea” de “modernización y regeneración” por parte no sólo de políticos, sino también de agentes económicos y sociales “y de la sociedad en su conjunto a través de sus estructuras organizativas”.

Una modernización y regeneración que no afectaría a la figura del rey. Don Juan Carlos descarta veladamente la abdicación o cambios a corto plazo en la institución monárquica al subrayar que seguirá con el “desempeño fiel del mandato y las competencias que me atribuye el poder constitucional”.

También de forma velada alude, aunque muy de pasada, a los problemas que han afectado a la monarquía en los últimos años (caso Urdangarin) o meses (enfermedad del rey).

En relación al caso de corrupción que afecta a su yerno y a su hija, la infanta Cristina, don Juan Carlos expone de forma implícita que “la falta de ejemplaridad en la vida pública han afectado al prestigio de la política y de las instituciones”, entre las que se sitúa la propia Casa Real. Consciente de esa crisis de aceptación entre la sociedad, el monarca transmite la idea de que ha entendido el mensaje y asume “la exigencias de ejemplaridad y transparencia que hoy reclama la sociedad”.

Mucho más críptico se muestra en relación a los problemas de salud que ha padecido el monarca. Tan sólo una breve frase de la que cabe deducir que alude a esa cuestión: “Quiero agradecer los generosos testimonios de aliento que he recibido a lo largo de este año”, apunta al final de su mensaje.

LOS BROTES VERDES NO SON SUFICIENTE

Metido en la vertiente económica, don Juan Carlos subraya que, a su juicio, “la crisis empezará a resolverse cuando los parados tengan oportunidad de trabajar”. El mensaje supone un revés para el Gobierno, entusiasmado en los últimos meses —gracias a una levísima mejora en los datos económicos—, en ver la luz al final del túnel.

Don Juan Carlos tiene palabras de aliento para todas las víctimas de la crisis —parados, personas sin hogar, jóvenes desempleados...— y de agradecimiento hacia los que, en los años de dificultades, aportan su “talento” y “creatividad” para que las dificultades económicas sean de una vez por todas un mero recuerdo: emprendores, pymes, autónomos, inmigrantes (“cuya aportación hay que agradecer sin reservas”), servidores públicos y pensionistas (“estáis siendo el soporte de muchas economías familiares”).

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CRISIS DE LAS INSTITUCIONES

El rey no escapa a la realidad social por la que atraviesa España. Reconoce que la crisis económica ha propiciado el “desaliento” en la ciudadanía y, por ende, el estallido de otra crisis, esta de índole política. “Los casos de falta de ejemplaridad en la vida pública han afectado al prestigio de la política y las instituciones”, asume.

“Sé que la sociedad española reclama hoy un profundo cambio de actitud y un compromiso ético en todos los ámbitos de la vida política, económica y social que satisfaga las exigencias imprescindibles en una democracia. Es verdad que hay voces en nuestra sociedad que quieren una actualización de los acuerdos de convivencia”, añade.

Ante esta situación, el monarca propone adoptar posturas realistas, esfuerzo, generosidad y “un funcionamiento correcto del Estado de derecho”.

En este sentido, defiende el papel de las instituciones “para que se cumplan y hagan cumplir la Constitución y las leyes”, que figuran como elementos clave en la resolución de las diferencias y controversias. Y sin descartar la posibilidad de realizar cambios en esas leyes, pero siempre dentro del marco constitucional y con “generosidad para saber ceder cuando es preciso, para comprender las razones del otro y para hacer del diálogo el método prioritario y más eficaz de solución de los problemas colectivos”.

ETA Y LAS VÍCTIMAS

Si en el discurso del año pasado no se hizo una mínima mención a la banda terrorista ETA, el monarca dedica este año 70 palabras a expresar su recuerdo a las víctimas del terrorismo en España. Cambio de rumbo atribuible a la sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo que ‘tumbó’ la conocida como doctrina Parot y que ha propiciado la salida de prisión de decenas de reclusos de la banda armada.

"Permitidme dedicar un recuerdo muy especial y emocionado a las víctimas del terrorismo, con las que la sociedad sigue teniendo una permanente deuda de gratitud. Unas personas y unas familias que durante décadas han sufrido cruelmente la violencia y el terror de unos criminales totalitarios. Sé que estáis pasando momentos especialmente difíciles.

Hoy, como antes y como siempre, quiero compartir vuestro dolor con renovada solidaridad y expresaros todo mi apoyo".

El recuerdo a las víctimas del terrorismo choca con la omisión de otras muchas cuestiones que suelen figurar siempre en el mensaje real, como Iberoamérica o la Unión Europea, o temas que han marcado la España de 2013, como el desmantelamiento de las estructuras del Estado del Bienestar.

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