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Michel Barnier: "Los jóvenes en paro no pueden pedir a Europa que lo arregle todo"

03/03/2014 21:48 CET | Actualizado 03/03/2014 21:48 CET
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A partir de mayo, la Unión Europea vivirá un Big Bang institucional que incluirá un nuevo reparto de cargos de poder. En tan solo unos meses, se renovarán la presidencia de la Comisión, la del Consejo, la del Eurogrupo y la dirección de la diplomacia comunitaria, entre otros. El de presidente de la Comisión, cargo que ahora ostenta José Manuel Durao Barroso, es probablemente el más jugoso. Tiene categoría de jefe de Estado y al designado le corresponde liderar un ejército de funcionarios que proponen y supervisan el funcionamiento de las leyes europeas.

Hasta ahora, lo escogían a dedo los jefes de Gobierno de la UE. Desde este año, deberá pertenecer a la familia política más votada y el Parlamento Europeo espera que sea uno de los cabezas de lista de los partidos europeos. La izquierda mayoritaria tiene al suyo, Martin Schulz, y Michel Barnier (1951, La Tronche, Francia) quiere convertirse en su oponente conservador en la cumbre que el Partido Popular Europeo que se celebra esta semana. Convencido europeísta, amante de las "zanjas", como llama a sus directivas como comisario de Mercado Interior, Barnier ha estado dos veces en el Ejecutivo comunitario y ha sido ministro de Exteriores y Agricultura en Francia. No tiene aún el respaldo de Angela Merkel, pero se muestra tranquilo, consciente de que las posiciones de partida rara vez son las que se imponen. "Yo sigo mi camino", asegura.

-¿Por qué quiere ser presidente de la Comisión?

Estamos ante el momento de la verdad para Europa. Todos los que creen que el proyecto europeo es importante para el progreso, la democracia, la defensa de nuestras ideas y valores en el mundo… deben comprometerse. Yo formo parte de ese grupo de patriotas y europeos. Quiero utilizar mi experiencia, entusiasmo y mis ideas al servicio de este proyecto. En estas elecciones veremos todo un progreso democrático. Por primera vez cada ciudadano votará a sus diputados, que van a trabajar en Estrasburgo y Bruselas, pero también al presidente de la Comisión.

-Ha sido comisario dos veces y tiene una larga trayectoria en las instituciones. ¿Por qué cree usted que será capaz de conectar con la juventud o afrontar los nuevos retos de la UE?

No creo que se trate de una cuestión de tener el pelo blanco. Se me puso cano cuando organicé los Juegos Olímpicos de Invierno de Albertville (Francia), en 1992, el año de Barcelona [sonríe]. Hace mucho que tengo el pelo blanco, pero conservo la misma energía, la misma capacidad de indignación, el mismo entusiasmo que cuando tenía 25 años. Creo que lo he demostrado con la regulación financiera o asuntos que interesan a los jóvenes, como el mercado único.

-Merkel parece haberse decantado por Jean-Claude Juncker. ¿Tiene aún posibilidades de convertirse en presidente de la Comisión?

Todas las posiciones son respetables. No soy candidato contra otros, ni contra Valdis Dombrovskis [ex primer ministro de Letonia], ni contra Juncker. Soy candidato por mi experiencia, mi personalidad y mi proyecto. Tendremos un debate democrático en el PPE y el que salga elegido será mucho más fuerte porque habrá habido una votación.

-¿Qué tiene usted que no tengan los demás?

No voy a hacer comparaciones. Somos diferentes. Me han animado muchos diputados de todas las nacionalidades y gente de los partidos. Me han visto trabajar en la política regional, muy importante para el empleo, y desde hace cuatro años con la regulación financiera, con la que he conseguido poner de acuerdo a un gran número de diputados. Tengo experiencia y capacidad para ser presidente de la Comisión. Y ser presidente de la Comisión es algo que no se puede improvisar.

-Que en el Reino Unido crezcan las voces que piden salir de la Unión Europea… ¿Es en parte responsabilidad de la UE?

Siempre ha habido en el Reino Unido esta pulsión. Tiene su origen en la gente que estuvo en contra de la entrada en la UE. Mi primer voto, cuando cumplí los 21, fue votar sí a la adhesión del Reino Unido en el referéndum celebrado en Francia. No lo lamento, incluso aunque a veces sea difícil. Es una oportunidad de estar juntos. Estar separados sería una debilidad.

-Usted ha dicho que lleva años observando en Francia el avance del populismo. Ha mencionado a Jean-Marie Le Pen, que disputó a Jacques Chirac la segunda vuelta en las elecciones en Francia en 2002. Al referéndum de la Constitución europea...

No soy fatalista. Para combatir el populismo, hace falta empleo y reducir el paro. Hace falta democracia para explicar por qué hay que estar juntos. Hace falta un debate público para luchar contra ciertas formas de demagogia. Y después, hay algunos cambios que son necesarios, porque los que votan por estos partidos tienen razón a veces. No hablo de sus líderes, sino de los ciudadanos. Tienen razón en asuntos como que hay que hacer menos cosas en Bruselas, menos reglamentación y más política, tener un mínimo común en materia fiscal y social, que necesitamos una política más ajustada sobre la inmigración clandestina... Todas estas preocupaciones no se pueden dejar sin respuesta.

-Hay ciudadanos, populistas o no, que le han dado la espalda a Europa por sus políticas de austeridad.

La austeridad no es una política europea. Hemos hecho frente juntos a una crisis financiera extremadamente violenta. Desde EEUU se extendió por Europa y demostró que teníamos las mismas flaquezas en cuanto a la falta de reglas y gobernanza. Habíamos desregulado demasiado. Pero reducir la deuda es proteger a las generaciones futuras. Hemos llamado a eso austeridad en algunos países porque ha comportado sacrificios. En otros se llama rigor. La idea de gestionar correctamente las finanzas europeas sí es una política europea. Ahora nos hemos dado cuenta de que hay que prestar atención al nivel del esfuerzo, al nivel de ese rigor para que no ponga en peligro la recuperación.

-¿Qué motivo tiene un joven español para creer en Europa? ¿Qué le dice a los que no encuentran trabajo?

Lo primero que les diría es que no se puede pedir a Europa que lo arregle todo. No somos una nación europea, no hay un pueblo europeo. Hay pueblos nacionales con identidades y reglas. La aspiración [de la UE] de paz y democracia ha sido llevada a cabo. Muy cerca de nosotros, donde no hay UE, como en los Balcanes, a menudo hay guerras y muy poco habitualmente democracia. Les digo a los jóvenes: utilizad este espacio que es la UE para estudiar, visitad distintos países, vivid experiencias, cread una empresa, aprovechad el mercado de 500 millones de consumidores. Les pido a los jóvenes que vean el resto del mundo: es frágil, inseguro, inestable. ¿Cómo podemos defender nuestros valores en el mundo si nos replegamos en nuestras fronteras? Si no estamos juntos, dejaremos de existir.

-Hemos visto imágenes terribles en Ceuta. No es la primera vez que ocurre y no hace mucho Lampedusa vivió una tragedia migratoria de grandes proporciones. ¿Ha fracasado la política migratoria de la UE?

No podemos dejar a España, a Malta, a Chipre, a Italia o a Grecia solos ante el flujo migratorio, organizado en algunas ocasiones por redes mafiosas. Ante todo esto hay varias respuestas: acoger e integrar a los inmigrantes legales, tener una política común de asilo y de inmigración, sabiendo lo que queremos: cuántos, qué nivel de inmigración aceptamos. Tenemos que gestionar conjuntamente nuestras fronteras, ser intransigentes contra el tráfico de personas y mantener una relación de cooperación con los países de origen. Nunca se viene voluntariamente. Se viene por hambre, por amenazas, por falta de libertad. Hay que mantener una cooperación y asociación con esos países, particularmente los de África. Ser al mismo tiempo riguroso y humanista.

-Usted es el encargado de proponer reglas que regulen el sector financiero. En ese contexto, la crisis parece haber terminado. ¿Cuándo lo verán los ciudadanos en su economía?

El tren no ha descarrilado por las decisiones tomadas a nivel europeo y los esfuerzos de la gente. Todo eso ha sido útil. Hemos enderezado los raíles. Yo he impulsado 28 leyes de regulación. El tren se está poniendo en marcha de nuevo, a tenor de las cifras de crecimiento que se esperan en España, Francia, Grecia o Portugal. Vuelve el crecimiento. Ahora es el momento de que, sobre bases más sólidas, pisemos el acelerador.

-¿Es el momento de la política social?

La primera política social es el empleo y el crecimiento. Por eso hay que utilizar el mercado único de los 28 al servicio de la industria, la independencia energética, el mercado digital y la transición ecológica. Hacer todo esto con unos mercados inestables no es posible. Esa inestabilidad rompió el crecimiento. Ahora que vuelve, es el momento de emprender esas reformas.