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'La rubia de ojos negros', de Benjamin Black: el libro que recupera al detective Philip Marlowe

28/07/2014 10:21 CEST | Actualizado 28/07/2014 19:25 CEST

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Título: La rubia de ojos negros

Autor: Benjamin Black

Editorial: Alfaguara

Páginas: 326

Precio: 18,53 euros (tapa blanda) y 9,49 euros (ebook)

Fecha de lanzamiento: 26 de febrero de 2014

¿De qué va?

Son los años cincuenta y el detective Philip Marlowe vive sumido en la rutina. Apenas le entran casos y todos de poco interés. Pero algo cambia cuando la misteriosa, atractiva y joven rubia Clare Cavendish entra en su despacho. Quiere que le ayude a buscar a Nico Peterson, su amante desaparecido misteriosamente hace dos meses. "¿Por qué había tardado tanto en acudir a mí? Decidí no preguntárselo. O por lo menos de momento".

¿Por qué se habla tanto de este libro?

Porque supone la resurrección del mítico detective Philip Marlowe, creado por el autor norteamericano Raymond Chandler (1888-1959). Los hijos del novelista confiaron en Black para que éste embarcase al personaje en una nueva y peligrosa aventura por las calles de Bay City.

Marlowe representa el espíritu de los detectives de la novela negra estadounidense: observadores, pesimistas y cínicos. "Soy un investigador privado con licencia y llevo algún tiempo en este trabajo. Tengo algo de lobo solitario, no estoy casado, ya no soy un jovencito y carezco de dinero. He estado en la cárcel más de una vez y no me ocupo de casos de divorcio. Me gustan el whisky y las mujeres, el ajedrez y algunas cosas más. Los policías no me aprecian demasiado, pero hay un par con los que me llevo bien", diría de sí mismo en la novela El Largo Adiós (1953), de Chandler.

LEE LAS PRIMERAS PÁGINAS DE LA RUBIA DE OJOS NEGROS

¿Quién lo escribe?

Benjamin Black es en realidad John Banville (Wexford, Irlanda, 1945). El autor irlandés, ganador del Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2014, utiliza este seudónimo literario cuando escribe novela negra. Eterno candidato al Nobel, ha trabajado como editor de The Irish Times y es colaborador habitual de The New York Review of Books . Como Banville ha escrito títulos como El intocable (1985), El libro de las pruebas (1989), Eclipse (2000) o El mar (2005). Además destaca su trilogía negra (de Benjamin Black) protagonizada por el doctor Quirke: El secreto de Christine (2006), El otro nombre de Laura (2008), En busca de April (2011), y Venganza (2013).

¿Quién debería leerlo?

Los apasionados de la novela negra en general, pero sobre todo aquellos que siguieron en su día la trayectoria de Raymond Chandler. Solo hay que leer algunas de las críticas hechas a la novela para darse cuenta de que Benjamin Black magnifica la creación del de Chicago.

¿Qué ha dicho la crítica?

Críticas 'La rubia de ojos negros'

Nuestra opinión:

Tanto si ya habías seguido los pasos de Philip Marlowe como si ésta es la primera vez que lees acerca de este detective, la novela te acabará enganchando. Banville describe a la perfección las situaciones y los lugares para que el lector no sea un mero observador sino que se convierta en uno más en cada una de las escenas.

La rubia de ojos negros te atrapa desde el primer momento y según avanzas la lectura notarás como las ganas de más se mezclan con el terrible temor (tan habitual en los lectores) de terminar el libro y tener que abandonar a Marlowe.

El primer párrafo:

"Era martes, una de esas tardes de verano en que la Tierra parece haberse detenido. El teléfono, sobre la mes de mi despacho, tenía aspecto de sentirse observado. Por la ventana polvorienta de la oficina se veía un lento reguero de coches y a un puñado de buenos ciudadanos de nuestra encantadora ciudad, la mayoría hombres con sombrero, que deambulaban sin rumbo por la acera. Me fijé en una mujer que, en la esquina de Cahuenga y Hollywood, aguardaba a que cambiara la luz del semáforo. Piernas largas, una ajustada chaqueta color crema con hombreras, una falda azul marino. También lucía un sombrero, un accesorio tan diminuto como un pajarito que se hubiera posado en un lateral de su cabello y se hubiera quedado allí alegremente. Miró hacia la izquierda, luego hacia la derecha y de nuevo hacia la izquierda —debía de haber sido una niña buena — y entonces cruzó la calle solada, avanzando con elegancia sobre su propia sombra".

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