ECONOMÍA

Gamers: Ocelote y Princess Rose, cuando la marca eres tú

11/02/2015 07:22 CET | Actualizado 11/02/2015 10:18 CET

Puede que no conozcas a los Ronaldos de los videojuegos, un deporte online que siguen tantos aficionados como la NBA, pero descubrir dos gamers como el español Ocelote, estrella internacional, y a la francesa Princess Rose, una de las pocas mujeres profesionales en el mundo de eSports, es como hacer un master acelerado en construcción de marca.

Los eSports son cibercompeticiones organizadas en ligas en torno a una serie de juegos: Call of Duty, League of Legends, FIFA, Counter-Strike o Starcraft II, Dota 2. Los aficionados llenan estadios y persiguen a los jugadores más famosos en busca de su autógrafo o una foto para la posteridad.

UN NEGOCIO EN TORNO A SÍ MISMO

Carlos ‘Ocelote’ Rodríguez (24 años) ha edificado un sólido negocio en torno a sí mismo y su éxito en League of Legends, en donde lleva nueve años como profesional al que acompañan los premios. Fue a los 12 cuando se aficionó viendo jugar a su padre a la vuelta del trabajo y se empeñó en ser el mejor entrenando duro. “Desde pequeñito estoy hecho para cosas que tengan un impacto. El mejor talento que tengo es no querer ser mediocre. No me permito no intentar ser el primero, aunque suene arrogante”, matiza Carlos con absoluta naturalidad, después de ser el primero en España en transformar su nombre en una marca comercial, Oceloteworld.

carlos ocelote

Carlos Ocelote, en una competición

La dedicación ha dado sus frutos. “Hay mucho dinero metido en esta industria, pero no es lo que nos mueve. Si fuera eso estaríamos comprando y vendiendo pisos en Londres”, explica Carlos, que como jugador ingresa “unos 700.000 euros al año, aunque un gran club puede ingresar 4 ó 5 millones al año”. Cifras que sirven para hacerse una idea de lo que mueve un negocio –en el último campeonato mundial de League of Legends, el premio era de un millón de dólares- del que Carlos ha decidido formar parte también como inversor. Hace un año y medio creó su propio club, Gamers2, y hace tres meses abrió la puerta a un grupo de inversores de Alemania, Dinamarca e Israel, que servirán para potenciar y hacer crecer al equipo fichado por Rodriguez. “Lo que me hace especial no es lo que hago sino lo que soy. Tengo una experiencia del sector que me va a dar la diferencia. En esta industria puedes ver a muchos jugadores que han tratado de crear marcas y no lo han conseguido. No es solo ser bueno, es saber canalizar los conocimientos. Quiero que se me reconozca por el club. Cuando lo creé sabía que en algún momento dejaría de jugar. Ahora lo que me motiva es crecer con la industria después de 9 años creciendo yo solo”.

Ocelote está justo en ese momento de dejar la competición a un lado. “Toda la vida he jugado con otros clubs, pero detecté que era la oportunidad de fundar uno propio y la empresa me necesita full time. Es difícil compatibilizar diez o doce horas de entrenamiento diario con liderar personas y proyectos”. En Gamers2 hay 13 trabajadores en plantilla (analistas, entrenadores, managers, directores de ventas y marketing, director de operaciones, abogado, talent scout, diseñadores gráficos y de vídeo, editor web, manager de social media..), más colaboradores externos.

“He metido mucho talento tanto en el club como en la web personal que creé hace dos años y medio. A través de Oceloteworld doy conferencias y vendo productos, del orden de 1.500 euros a la semana, tipo sillas de competición y periféricos de Ozone, con quienes he creado marca propia”.

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La cercanía que los fans tienen con sus ídolos es una de las claves del crecimiento de este deporte, pues pueden estar siguiendo los entrenamientos por Webcams y comentar las jugadas con los jugadores, lo que genera un vínculo personal. La rutina de entrenamientos es intensa. Muchas horas, entre 10 y 12, para que no fallen los reflejos, trabajando la visión periférica, estudiando estrategias o desarrollando la habilidad mecánica, ya que en un solo minuto se pueden llevar a cabo 200 o 300 acciones. Gamers2 tiene un chalet de unos 4000 metros cuadrados en Boadilla en donde el equipo se concentra antes de los campeonatos. “Las dos semanas previas vamos todas las mañanas al gimnasio, luego sesión con psicóloga deportiva, reunión en grupos de trabajo, comida, repeticiones de las jugadas del día anterior, estrategias y entrenamiento con equipos aliados. Y tras la cena, seguimos entrenando. Hay mucha mitología, la gente cree que somos ninis o gordos. Si ves entrenar a los equipos entiendes que son muy trabajadores y tienen un hambre impresionante y unos valores especiales para ser los mejores. El principal, confianza en uno mismo”, explica Ocelote, que justo acaba de publicar un libro con su filosofía para conseguir los objetivos, ‘Aquí empiezan tus sueños’, en el que cualquiera puede inspirarse se dedique a lo que se dedique.

UNIDOS POR eSPORTS

Inspiración mutua encuentran Carlos ‘Ocelote’ Rodríguez y Rose ‘Princess’ Benaros, a quienes han unido los eSports, aunque él vive en Madrid y ella en Cannes.

princess rose

Princess Rosa, sonriente en su perfil de Facebook

Rose (23 años), cuenta que empezó tarde, con 16, a entrenar a tope, pero lo debió hacer con tanto ahínco que entró directamente en la competición y consiguió rápido un sponsor, Gigabyte, para ella sola. “Lo habitual es iniciarse con 12 o 13 años, a mi me gustaba Counter-Strike: Global Offensive, y me concentré en ese juego. Al principio estaba con hombres, pero luego entré en un equipo de mujeres”. Y es que la discriminación persiste también en deportes modernos.

“Los hombres están muchísimo mejor remunerados. En un campeonato, un hombre puede ganar 100.000 euros y una mujer 5.000. Eso es lo que marca la diferencia, que nosotras no nos podemos dedicar exclusivamente a entrenar. Por eso el nivel de ellos es más alto, ya que no tienen que compaginarlo con un trabajo para mantenerse. Como mucho habrá 50 mujeres en el mundo a nivel profesional y ni tan siquiera las campeonas pueden permitirse vivir solo de los eSports”.

De hecho, Rose trabaja como decoradora de interiores y asegura que “hay que ser una apasionada para encontrar la motivación necesaria para entrenar cuando te has pasado el día trabajando y al llegar a casa, en lugar de tirarte en el sofá, te conectas con tu equipo para practicar y tratar de mejorar desde las ocho de la tarde hasta las 11,30 de la noche, más todo el tiempo que puedas meter”. El asunto es tan flagrante que Intel, junto con la liga internacional de eSports, acaba de anunciar un programa de 300 millones de dólares destinado revertir la desigualdad de oportunidades entre sexos.

Tras ganar el campeonato de Francia 2012 y acabar cuarta mundial, el objetivo de Rose es ser campeona del mundo este año. “El nivel es muy alto y sé ve que tenemos mente deportiva, estamos muy motivadas y somos competitivas. No es fácil hundirnos. Las chicas no son vagas, trabajan mucho su juego. Pero podrían entrenar más si no tuvieran que hacerlo en ratos libres. ¿Te imaginas a un futbolista profesional que trabaja en otra cosa porque no le llega el dinero? Solo hay dos equipos femeninos cuyas jugadoras tienen salario, el mío, Imaginary Gaming-aunque más que club es una especie de manager que se ocupa de todas mis marcas y contratos- y otro sueco”.

Respecto a su nivel Rose explica humildemente que “como no hay muchas profesionales es más fácil estar en el top”. Aunque su habilidad para crear marca demuestra que le sobra talento. “Cuando empezó la moda de las fanpage, hice la mía, lo que ha mejorado muchísimo la comunicación y la contratación de sponsors, ya que pueden dirigirse directamente a ti, sin intermediarios”. Mientras llegan grandes triunfos, ella sigue machacándose frente al ordenador.

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