INTERNACIONAL

Las siete claves del triunfo de Netanyahu y sus alianzas futuras

18/03/2015 11:41 CET | Actualizado 18/03/2015 13:19 CET
MENAHEM KAHANA/ AFP

"¡Bibi, eres un mago!", coreaban anoche, a cientos, los fieles del Likud. Estaban ante el escenario en el que su líder, Benjamín Netanyahu, hacía gestos de victoria, daba besos a su esposa Sara, sonreía incansable. El actual primer ministro de Israel se iba a la cama con las encuestas a pie de urna desmintiendo los millones de sondeos que se habían hecho en las semanas de precampaña y campaña electoral. Decían que iba a empatar con el centro-izquierda, que sería segunda fuerza política, pero no.

Los datos oficiales de la mañana confirman que Netanyahu es incombustible y, de nuevo, ha vencido. Su triunfo es incuestionable con 30 escaños frente a los 22 máximos que se pronosticaban.

Estas son las claves de su triunfo y de las alianzas, indispensables, que ahora tiene que tejer para renovar su cuarto mandato, el tercero consecutivo.

1-VENCE EL CARISMA

Netanyahu ha tumbado las predicciones con un final de campaña agresivo: ha convencido a los ciudadanos de que tenían que elegir al líder que defenderá mejor los intereses de Israel, poniendo los rostros y el carisma por encima de las ideologías. Los indecisos, que llegaban al 20%, y la mayor participación, que ha subido al 71,8% y siempre beneficia al conservadurismo, le han ayudado. También su campaña de miedo que, como recuerda el diario Yedioth Ahronoth, ha estado plagada de "acusaciones insultantes, mentiras y ataques a los medios de comunicación". Hubo desde rescate de vídeos viejos para atacar a sus rivales a llamamientos "racistas" según la oposición, alertando del voto masivo de los árabes, que son algo más del 20% de la población de Israel.

La debilidad de carácter de Isaac Herzog, cabeza visible de Unión Sionista -la alianza de los moderados más progresistas-, ha terminado calando. Un desesperado sprint final que ha dado frutos, pese a la losa de seis años de gestión que, finalmente, le ha desgastado menos de lo esperado. Siempre Bibi dando la vuelta a la tortilla.

2-SEGURIDAD CON POLÍTICAS SOCIALES

La agenda social, la de la izquierda, se estaba imponiendo a la de la seguridad, la bandera de Netanyahu, empecinado en hablar de la amenaza nuclear iraní o del yihadismo "al alza" en Palestina, antes que de la subida de los precios de la vivienda, disparatada en sus mandatos.

En los últimos días ha sabido integrar en su discurso esas promesas sociales que el elector proclive al Likud pero enfadado porque no llega a fin de mes echaba de menos. Las promesas se han tomado por válidas, dicen hoy los principales analistas. Queda claro, además, que la media de los israelíes es claramente conservadora, como se lleva viendo en las últimas legislaturas.

3- LOS LABORISTAS NO LO DEJARON KO

Los laboristas, con sus 24 escaños, han logrado los mejores resultados desde 1992, cuando el candidato era el Premio Nobel de la Paz Isaac Rabin, asesinado en mitad de su mandato. Desde luego, su punto de partida era el de una travesía del desierto que había estado a punto de desintegrar la que siempre fue rama fuerte de la izquierda israelí. Herzog y su socia, la ex ministra de Justicia y negociadora con los palestinos Tzipi Livni, han logrado revivir a un muerto, pero la brecha que había que salvar era inmensa. Netanyahu ha sabido superar con su carácter, hasta con ruedas de prensa en el día de los comicios afeadas por la Junta electoral, el crecimiento del adversario.

"Herzog ha fallado un gol a puerta vacía (...). Si hubiera sido menos anémico, más carismático, un candidato más firme y robusto... Netanyahu acudió a las elecciones más vulnerable que nunca. Odiado, perseguido y aislado, Herzog tenía que haberle dado un golpe que lo dejara KO. No lo hizo y lo ha pagado", escribe gráficamente Ben Caspit, uno de los politólogos más destacados de Israel.

4- EN MARCHA EL PACTO CON LA DERECHA Y LOS RELIGIOSOS

Netanyahu ha dicho ya que ha contactado con todos los líderes de la derecha y ultraderecha más los partidos religiosos judíos. Con ellos puede sumar 67 escaños, cuando con 61 ya lograría la mayoría absoluta del Parlamento (Knesset), compuesto por 120 diputados. Ha afirmado que atenderá "los desafíos de seguridad y socioeconómicos" del país, un guiño a los que aspira sean sus aliados y a esa ciudadanía anhelante de un piso barato y un frigorífico lleno. El presidente, Reuven Rivlin, tiene ahora que encargarle la formación de un Gobierno, que no parece demasiado complejo. La izquierda, aún cuando estaba empatada con Bibi en las encuestas, ya tenía más complicado forjar alianzas, porque la aritmética le era hostil: demasiado conservadora el resto de la cámara. Ni siquiera el ascenso de los partidos árabes unidos -que han logrado ser tercera fuerza con 14 escaños- le servía.

La prensa local afirma que Netanyahu tendrá fácil pactar con el Kulanu de Moshe Kahlon, que fue antiguo ministro suyo -de Comunicaciones- y que siempre ha defendido su afinidad ideológica con el Likud. Kahlon exige el ministerio de Finanzas. Aportaría 10 escaños. Los demás actores secundarios del pacto también son conformables: dinero para escuelas religiosas a los ultraortodoxos y carteras jugosas o medias para el resto. Avigdor Lieberman, actual canciller, reclama Defensa para poner sobre la mesa sus seis diputados. Será en estos matices, más o menos gruesos, donde estén los escollos.

5- ¿ESTABILIDAD O AISLAMIENTO INTERNACIONAL?

¿Puede haber una alianza de Netanyahu con la izquierda? Eso es lo que pide el presidente de Israel, un Gobierno de unidad, pero hoy no parece factible. Sería el hundimiento de los progresistas -"es arrodillarse", dice un asesor de Livni a la radio del Ejército-. Bibi es tan pragmático que hasta podría intentarlo, teniendo como tiene la sartén por el mango. Pero no parece esa su jugada.

Tener estabilidad con la derecha y los religiosos tiene su cruz: un posible aislamiento internacional, mayor que el actual, por el endurecimiento esperable de sus políticas. Ir con la izquierda le daría un "chaleco antibalas" de cara a Occidente, dice el analista Nahum Barnea.

6-EL PROBLEMA PALESTINO, ENCALLADO

El Gobierno palestino ya ha dicho que la victoria de Netanyahu es la confirmación de que no tienen un socio con el que pactar la paz. Con el líder del Likud han fracasado todos los procesos negociadores de los últimos tiempos y se ha convertido, de hecho, en el jefe de estado que más ha ampliado los asentamientos ilegales en suelo ocupado -así los califica Naciones Unidas-. 600.000 colonos viven en ellas. El status quo beneficia a Israel. Una derechización del Gobierno llevará a política más severas contra su adversario. Tensar la cuerda, de momento, traerá malas noticias para los habitantes del este de Jerusalén, Gaza y Cisjordania. Pero hay quien defiende que cuanto peor, mejor, porque la situación se volverá tan explosiva que la comunidad internacional tendrá que intervenir.

7- UN NUEVO ESCENARIO PARA LA UE Y EEUU

A Europa y a Estados Unidos les tocará también mover ficha, porque el escenario es nuevo: Netanyahu se ha desdicho y ahora afirma que, bajo su mandato, no se va a crear un estado palestino. Eso contraviene numerosas resoluciones de la ONU y el espíritu de los acuerdos de paz de los últimos 20 años. Sus aliados occidentales sencillamente no podrán guardar silencio si el Likud se suma a partidos radicales que llaman a "la anexión de asentamientos", dice Hogar Judío, o a "arrasar Gaza", en palabras de Israel Beitenu.

Las relaciones de Netanyahu con Washington se han resentido en los últimos años por la ampliación de colonias o las negociaciones con Irán, pero nunca se han roto. No hay indicio de cataclismo diplomático -las alianzas son demasiado fuertes- pero puede que los tirones de orejas vayan a más: porque la situación con los palestinos está en un callejón sin salida, porque hay una investigación de la Corte Penal Internacional pendiente, porque la inestabilidad en Oriente Medio clama por una solución definitiva, que calme la zona. Si el radicalismo se asienta sin sonrojo en el poder israelí, la UE podría verse obligada a imponer sanciones.

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