POLÍTICA

Podemos irrumpe como tercera fuerza andaluza

22/03/2015 23:04 CET | Actualizado 23/03/2015 10:24 CET
GOGO LOBATO / AFP

El fenómeno Podemos ha cuajado finalmente, colocándose como tercera fuerza política andaluza, aunque lo ha hecho cumpliendo tibiamente con las previsiones de las encuestas. Hace mella al bipartidismo pero no es alternativa de poder en Andalucía, no tiene opciones aún de gobernar en solitario.

Los datos oficiales, sobre voto real, le dan 15 escaños, una cifra que está dentro de la horquilla que le otorgaban los sondeos, pero por debajo de los 16 o 18 de las previsiones más optimistas. Han conseguido triplicar sus apoyos de las elecciones europeas y cosechar medio millón largo de votos.

"Algo va a cambiar", decía su candidata, Teresa Rodríguez, cuando votaba en Cádiz, ciudad en la que han sido la fuerza más apoyada, pero provincia por donde ha logrado tres diputados, menos de los augurados en su tierra. No iba desencaminada, después de todo, porque desbancan a verdaderas instituciones en el Hospital de las Cinco Llagas, como Izquierda Unida, y eso que tienen menos de un año de vida. Es una importante entrada en el escenario electoral español, eso es indiscutible. Que el cambio sea "irreversible", como defienden convencidos, es algo que el tiempo y, este mismo año, cuatro nuevas elecciones, deben aclarar.

Podemos ha superado el obstáculo, no menor, de enfrentarse a sus primeras elecciones, unas autonómicas de gran calado, adelantadas para impedir la consolidación de las alternativas al PSOE, la suya, especialmente. Ha pasado por encima de la falta de red establecida, de infraestructura y de burocracia, la clásica de los viejos partidos. También de de la cobertura negada de medios públicos como la RTVE o de su ausencia -obligada a veces y a veces, error, voluntaria- de los debates televisados. La rabia y el desencanto de la ciudadanía han encontrado un nido en el que protegerse, pese a que internamente se temía una menor penetración en Andalucía que en otros puntos del país, ya había fuerzas progresistas más asentadas en la comunidad.

Rodríguez, arabista de formación, no especialmente de la cuerda del líder nacional de Podemos, Pablo Iglesias -con el que se ha enfrentado por su distinto modelo organizativo para la formación-, se ha mantenido firme al prometer que no será consejera en un Gobierno de Susana Díaz, la que vistos los resultados podría buscar su apoyo si no los encuentra antes, más cómodos, en Ciudadanos. No quiere pactos, dice la ya parlamentaria gaditana, porque sería un revés a los electores que han confiado en sus políticas "transparentes, limpias", como ha repetido en campaña, frente a los problemas de corrupción de los partidos "de la casta".

De hecho, Podemos no apoyará la investidura de la reelegida presidenta socialista porque "Podemos representa el cambio y no va a ser más de lo mismo, no vamos a apoyar que todo siga igual", según el candidato de la formación en Sevilla, Juan Moreno Yagüe.

El rostro y nombre de Rodríguez no eran especialmente conocidos, según desvelaban las encuestas, pero en este caso la marca la ha encumbrado.

A falta del análisis más calmado, parece que Podemos ha logrado una amplia base en los entornos urbanos, pero con cierto eco en el mundo rural, posiblemente por su alianza con sindicatos de jornaleros con mucha pelea a sus espaldas. El partido morado ha variado un poco la composición de su fuerza original, aunque sigue siendo eminentemente la propia de las ciudades grandes.

La candidata Rodríguez fue número dos a las europeas de 2014 y se convirtió en eurodiputada, hasta su dimisión para afrontar la presente campaña. Ahora es responsable de un aval importante y se ve obligada a responder ante las expectativas generadas por su fuerza. Tiene en sus manos un experimento crucial ante las elecciones generales del próximo otoño, unos meses en los que demostrar que su política anti austeridad es viable, aunque sea presionando en la oposición.

Entre las propuestas que más ha resaltado durante su campaña están el "rescate ciudadano", por el que quiere establecer un procedimiento de emergencia ciudadana, y la declaración de urgencia habitacional; las auditorías de cuentas públicas, las limitaciones de mandato o la posibilidad de revocación de diputados a mitad de legislatura en función del rendimiento, entre otras.