POLÍTICA

¿Por qué aumenta el número de seminaristas? "Puede ser una salida si no se encuentra otra"

03/05/2015 10:07 CEST | Actualizado 03/05/2015 10:07 CEST
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El nombre de usuario en Twitter de Manolo Jiménez es una auténtica declaración de intenciones: @QuieroSerCura. Este sevillano de 29 años está a las puertas de su objetivo, dado que tras cinco años en el seminario ya es diácono, el paso previo a la ordenación como sacerdote.

A Manolo la vocación le llegó justo al acabar la carrera de periodismo. “La llamada que experimenté fue algo fulminante, algo así como un flechazo”, rememora. Dice que ocurrió en una noche de verano en un encuentro de jóvenes en la aldea de El Rocío. Entre las tres y las cuatro de la madrugada, durante unas horas de oración, afirma que experimentó “algo difícil de explicar con palabras”. “Supe que el Señor me estaba invitando a algo grande, y que solamente en Él encontraría el sentido de mi vida”, zanja este joven, que admite que se ha educado en un colegio religioso y criado en una familia muy creyente con la que iba todos los domingos a misa.

Esa “llamada” de la que habla Manolo la sienten cada vez más jóvenes en los últimos años. El número de seminaristas en España ha crecido un 2,7% durante el curso 2014-2015, en el que han ingresado 36 aspirantes a curas más que hace un año, la mayor cifra de los últimos cuatro períodos, según datos de la Conferencia Episcopal.

No es un aumento puntual, dado que el número de seminaristas crece por cuarto año consecutivo hasta alcanzar los 1.357. Lejos, en cualquier caso, de las mejores épocas de la Iglesia. Por ejemplo, en 1960 la cifra llegaba a los 8.930 y en el 2000 también era mayor que ahora: 1.839.

EL PAPEL DE LA CRISIS EN LAS VOCACIONES

Pero la crisis de las vocaciones da últimamente una tregua. ¿Por qué? La Conferencia Episcopal no quiere valorar los datos, pero su opinión la plasmó en un artículo Joan Enric Vives, Arzobispo de Urgell y presidente de la Comisión de Seminarios y Universidades. Asegura que el “esfuerzo vocacional” en España ha sido “constante y de calidad” y que con este propósito se están “acogiendo las nuevas tecnologías”. “Las tres claves continúan estando en las familias que viven y transmiten la fe (...), en las comunidades parroquiales (...) y en los mismos sacerdotes”.

Evaristo Villar, sacerdote portavoz de Redes Cristianas, plataforma crítica con la jerarquía eclesial, muestra su deseo de que las nuevas vocaciones vayan en la línea de “crear comunidad” y no en la de “crear líderes que adoctrinen a la gente”. Cree que todo puede influir para que haya un repunte de las vocaciones, incluido el nuevo estilo del papa Francisco, pero señala una razón de más peso: “Tampoco hay que olvidar el momento de la crisis, donde eso del seminario, visto con ojos muy críticos, puede ser una salida si no se encuentra otra”.

Villar subraya que no quiere “acentuar” mucho ese argumento porque le parece “ser cruel con los chavales que se pueden entusiasmar con una salida que a lo mejor no es la que ellos buscarían, sino la única que tienen”. “Están abiertos a la novedad, a la búsqueda… y si eso se le presenta de una manera atractiva y no hay ninguna otra cosa, pues hasta se pueden encontrar vocaciones importantes ahí”, explica.

Noemí Saiz, creadora del portal ‘Busco algo más’, que orienta a quienes sienten la vocación, cree que la crisis sí influye, pero en un sentido completamente distinto. “Cuando vienen crisis de todo tipo se nos caen cosas a las que concedemos mucha importancia y otras, que de verdad la tienen, se realzan. A veces los parones en la vida vienen bien para plantearse muchas cosas. La crisis te hace pararte y decir: ‘¿Ahora qué?’ Y ahí entran todas las opciones: seguir estudiando, buscar trabajo o también encontrar tiempo para ti mismo, para ir a convivencias y retiros...”.

"HEMOS VIVIDO DE LAS RENTAS"

Saiz también advierte de que la Iglesia se ha dado cuenta de la necesidad de darse a conocer y que las Jornadas Mundiales de la Juventud, como la que en 2011 se celebró en Madrid, tienen su importancia. “Hemos permanecido muchos años quietos, viviendo un poco de las rentas porque antiguamente no hacía falta hacer nada y había vocaciones”, explica. Ahora, subraya, hay campañas y con internet se da más a conocer la vida religiosa y sacerdotal.

Su web es un ejemplo. Con vídeos se explica a los jóvenes qué hacer si han sentido esa “llamada”. El portal se asemeja a las web inmobiliarias: seleccionas comunidad autónoma, eliges si quieres clausura, “vida activa” u “otras formas de vida consagrada”, si quieres llevar hábito o no, si prefieres que la congregación sea de tamaño pequeño o grande… y te aparecen una serie de congregaciones que encajan con tu perfil. Saiz explica que la edad media de quienes se ponen en contacto con ellos es 35 años y casi tantos hombres como mujeres.

UN DÍA EN EL SEMINARIO

La vida en el seminario es bien distinta a la del exterior. Allí se levantan entre las 6.30 y 7.30, tienen una hora de oración y después cuatro o cinco de clase de estudios eclesiásticos. Cursan asignaturas como ética, teodicea (rama de la filosofía cuyo objetivo es la demostración de la existencia de Dios mediante razonamientos), historia de la filosofía contemporánea, antropología filosófica, griego, introducción a la teología, cristología, psicología, sociología…

El funcionamiento depende de cada seminario, pero por lo general tienen que cursar dos años de filosofía, cuatro de teología y al terminar les ordenan diáconos. Tras medio año, el obispo les puede ordenar sacerdotes cuando considere y tienen un título equivalente al de Licenciado.

Tras las clases comen y tienen cerca de cuatro horas de estudio en las que también pueden hacer deporte. Luego van a misa, cenan, hacen otro rato de oración y se van a la cama. Los fines de semana tampoco paran, dado que lo dedican a pastoral: acompañan y ayudan a un sacerdote que da catequesis, misa o visita enfermos.

Hay seminarios para todas las edades. Está el menor, que abarca desde primero de la ESO hasta segundo de Bachillerato y en el que se imparten las asignaturas de cualquier instituto; y el seminario mayor. Y, durante este proceso, los chavales pueden abandonar o ser la propia institución quien les expulse si creen que el joven no reúne las cualidades para ser sacerdote. Ya se sabe: muchos son los llamados, pero pocos los elegidos.

HABLAN LOS SEMINARISTAS

Javier Peño. 28 años: “Pongo mi vida donde mejor la puedo poner”

peño Javier, en cuarto curso en el seminario de Madrid, sintió la llamada tras acabar periodismo y trabajar como redactor de deportes en Marca y en Intereconomía. Dice que todo le iba “maravillosamente bien”, pero que algo fallaba. Su hermana se metió a monja y afirma que aquel convento vio “lo que era la felicidad” y sintió que dios “le tocaba muy profundo el corazón”.

“He tenido educación católica, pero a los 18 años tuve un alejamiento de dios bastante serio. Me eché hasta una novia de otra religión. Bueno, novia. Llámalo X. Era una vida un poco disipada. Pasé mucho tiempo sin ir a la iglesia. Estaba de fiesta, que salir de fiesta no es malo, pero si vas con ciertos abusos pues sí”, admite.

Ahora dice que entiende su vida como una apuesta y no como un renuncia. “Tú cuando te casas elijes a una, pero no estás renunciando a todas las mujeres del mundo. Del mismo modo, yo elijo el sacerdocio pero no estoy renunciando a nada. Quizá a una posible familia, a una carrera profesional... pero no veo una renuncia, sino todo lo contrario. Estoy poniendo mi vida donde mejor la puedo poner”.

Javier Sánchez. 19 años: “Con mis amigos soy el espiritual”

javier Javier está en segundo de estudios eclesiásticos en el seminario de Plasencia. Afirma que, a raíz de una enfermedad, sintió que alguien “realmente apostaba” por él y le daba fuerzas para seguir. “Tú me has devuelto la vida y yo te lo tengo que pagar de alguna manera”, pensó. “Yo hasta entonces iba a misa porque era obligatorio para confirmarse, pero no tenía una fe firme en lo que estaba pasando allí. A mí me dices que allí estaba el cuerpo de Cristo no te creería”, recuerda.

“Si hubiese tenido novia hubiese tenido que renunciar a todas las demás. De esta manera, me ayuda mucho no tener el corazón puesto en alguien para poder valorar infinitamente a cada uno de los que me encuentro”. Ahora, dice, su relación con sus amigos es normal: “Reclaman ese toque espiritual que puedes dar, esa parte profunda, porque saben que lo vives. En mi grupo de amigos siempre soy el filósofo o el espiritual”.

Raúl López. 22 años: “Lo que se cultiva termina dando frutos”

raul Raúl, que está en cuarto en el seminario de Ciudad Real, sintió muy pronto la llamada y entró en el seminario menor tras acabar cuarto de la ESO. “Mi familia es practicante. Mis padres son catequistas. Ellos me apoyaron desde un principio y me han ido apoyando desde entonces. Lo que se cultiva en una familia, al final termina dando frutos”, explica.

Reconoce que hay gente que no entiende por qué quiere ser cura y le animan a hacer carreras como medicina, donde ganará más dinero. Otros, celebra, le animan y apoyan para que siga adelante. “Tú ves a una mujer y ese sentimiento siempre está ahí. Pero piensas que el celibato es vivir para todo el mundo, vivir un amor más pleno con todo el mundo. Hay que tener normalidad en el trato con la mujer sabiendo que este camino exige radicalidad y renuncia”, explica.

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