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Casas de escritores: cinco destinos para celebrar el Día del Libro (FOTOS)

23/04/2015 13:52 CEST | Actualizado 09/02/2016 13:23 CET

Día de los enamorados en Cataluña. Día festivo en Aragón y Castilla y León. Día del Libro en todo el mundo. Tanto si se disfruta de un puente como si no, el 23 de abril es una fecha para celebrar por todo lo alto, ya sea ya sea con una comida de libro, un viaje novelesco o una visita a una feria literaria.

La web lastminute.com propone una alternativa diferente: visitar destinos donde vivieron algunos conocidos escritores. Son lugares que enamoraron a literatos hasta el punto de establecer en ellos su residencia, o bien ciudades donde nacieron grandes figuras de la literatura. Las casas de estos escritores son ahora museos con las puertas abiertas al viajero.

  • Sitges (Barcelona) – Mar, hierro forjado y una fiesta de poetas
    BRUNO VOUZELLA (FLICKR)
    Sitges es uno de los enclaves más seductores de la costa mediterránea gracias a su luz, su entorno, su arquitectura y su amplia oferta de ocio y actividades culturales. A pesar de la gran cantidad de visitantes que recibe durante todo el año, Sitges ha sabido conservar su belleza y autenticidad.

    Recorriendo sus 18 kilómetros de playas y calas rocosas, el viajero comprende por qué Sitges ha sido elegida varias veces como escenario de películas, libros y reuniones de creadores ilustres. Entre ellas, las protagonizadas por el escritor y artista Santiago Rusiñol (1861-1931).

    Rusiñol estableció su residencia en Sitges en 1893. Construyó una casa-taller a la que llamó Cau Ferrat: cau (en catalán, madriguera) porque quería que fuese un refugio para los amantes de la poesía. Y ferrat (herrado) por su colección de hierros forjados antiguos.

    Durante los años que Rusiñol vivió en Cau Ferrat se celebraron varias fiestas y actividades en las que participaron algunos de los poetas, escritores, artistas y músicos más importantes del siglo XIX. Estos encuentros eran conocidos como las Fiestas modernistas. La más memorable tuvo lugar en 1894: Rusiñol había viajado a París para comprar dos cuadros de El Greco, y a su vuelta fue recibido en el pueblo por una gran comitiva, como si se tratase de una fiesta mayor.

    Dos años después de la muerte del escritor, en 1933, Cau Ferrat se convirtió en un museo en el que se exhiben varias colecciones relacionadas con el modernismo, y que conserva todo el espíritu artístico que le otorgó su fundador.

    Vía Bruno Vouzella (Flickr)
  • Deià (Mallorca) – Una casa con naranjos y un héroe mitológico
    RANDOM_FOTOS (FLICKR)
    Deià tiene una posición privilegiada y dominante, sobre una colina entre la Sierra de Tramontana y el mar Mediterráneo. Con sus cinco kilómetros de costa, se ha convertido en un refugio tranquilo y bohemio, favorito de artistas, músicos y escritores de todo el mundo. Dicen que en Deià se puede vivir una vida llena de belleza e inspiración.

    Uno de los primeros escritores en establecerse en el pueblo fue el poeta inglés Robert Graves (1895-1985). Llegó en 1929 y permaneció en él hasta su muerte. Deià es el escenario de muchas de sus historias, como la novela Hércules mi compañero de travesía.

    Graves y su compañera Laura Riding construyeron su casa en 1932 y la llamaron Ca N’Alluny (la casa lejana). Está a cinco minutos a pie de Deià, con la montaña a sus espaldas y la fachada abierta al Mediterráneo. Tras la muerte del escritor, la casa fue restaurada y acondicionada para su visita. El jardín mantiene su diseño original. Entre los olivos, algarrobos y almendros, permanece el huerto de frutales, en el que destacan dos naranjos amargos que servían al autor para hacer mermelada para el desayuno. A pesar de las obras de adaptación, el interior de la casa también conserva su carácter: la decoración, los muebles y hasta los apliques de luz son los originales. El visitante sentirá como si Graves hubiese salido unos minutos y pronto regresará a casa.

    Vía Random_fotos (Flickr)
  • Padrón (A Coruña) – Un camino de piedra y un poema
    JUANTIAGUES (FLICKR)
    Santiago de Compostela es un destino en sí mismo, que los viajeros pueden disfrutar tanto en días de lluvia como de Sol. Y si necesita un respiro de las calles de piedra y los soportales, siempre puede salir a los alrededores y pasear por el bosque a la orilla del río, entre un paisaje de robles y antiguos pazos.

    Cerca de esta ciudad, a 25 kilómetros, en pleno Camiño Novo (la antigua vía por donde entraban los peregrinos procedentes de Pontevedra), se encuentra Padrón. Aquí nació Rosalía de Castro en 1837. La poetisa y novelista gallega emigró a Madrid cumplida la mayoría de edad, y quince años más tarde regresó a su tierra para quedarse en ella hasta el final de su vida.

    Rosalía vivió sus últimos años en A Matanza, una casa situada en el mismo municipio donde nación. La vivienda fue restaurada en 1971, casi noventa años después de su muerte, y en 1972 se convirtió en casa-museo. Al recorrerla el visitante se sumerge en los acontecimientos que marcaron la vida y la obra de la escritora. La primera planta de la casa, llamada O seu, recrea la casa de la época, entre hidalga y campesina. Y la planta baja, O perfil dunha sombra, revela la verdadera dimensión de la escritora: su vida, el entorno que la rodeó y su relación con el pueblo gallego.

    Después de visitar la casa, el viajero puede pasear por el pueblo, encontrarse con el río y descubrir un nuevo significado a los versos del último libro de poemas de Rosalía, En las orillas del Sar: "Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros, / ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros. / Lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso, / de mí murmuran y exclaman: / —Ahí va la loca soñando".

    Vía juantiagues (Flickr)
  • Alcalá de Henares – Una ciudad de bolsillo y un ingenioso hidalgo
    JAIME PÉREZ (FLICKR)
    Alcalá de Henares tiene atmósfera novelesca y dimensiones de bolsillo. Pasear por sus calles es recorrer el Siglo de Oro. Desde las fachadas renacentistas y barrocas hasta sus pequeños comercios y sus bares y restaurantes, cada rincón de Alcalá tiene algo que contar.

    Pero si hay un edificio en la ciudad que no tiene pérdida, ese es el Museo Casa Natal de Cervantes, construido en el mismo sitio donde un día estuvo la casa en la que el escritor nació y pasó sus primeros años de vida. Es el único edificio en la Calle Mayor que no tiene soportales en la fachada. En su lugar, un jardín y dos figuras sentadas en un banco, con los que los turistas se hacen la foto de rigor: son Don Quijote y Sancho Panza.

    La casa de dos plantas muestra la forma de vida de una familia castellana de los siglos XVI y XVII. La atmósfera consigue que los visitantes sientan la presencia de sus habitantes y entiendan el desarrollo de su vida diaria. La cocina, una habitación infantil, la habitación del señor… y una sala en la que se expone una recopilación de ediciones cervantinas.

    La colección no para de crecer, gracias a las múltiples adquisiciones y donaciones que se hacen al año. Ningún lugar del mundo ha conseguido reunir a tantos Quijotes bajo un mismo techo. Los hay ilustrados por importantes artistas contemporáneos como Dalí, Saura, Canogar o Krabbé. Los hay también traducidos a numerosas lenguas y alfabetos. Pero todos ellos dicen: "El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho".

    Vía Jaime Pérez (Flickr)
  • Salamanca – Rincones novelescos y una tertulia entre amigos
    RAÚL HERNÁNDEZ GONZÁLEZ
    Salamanca es una ciudad literaria. Pocas como ella han acogido a tantos personajes ilustres de la literatura, reales o ficticios. Y como la mayor parte de sus calles son peatonales, cada viajero puede trazar su propia ruta literaria a pie, desde el Huerto de Calixto y Melibea al café de Torrente Ballester, atravesando el puente de Lazarillo de Tormes, visitando el aula de Fray Luis de León en la Universidad o saludando a Carmen Martín Gaite, cuya escultura con cuerpo de libro observa a los transeúntes en la céntrica Plaza de los Bandos.

    Una de las grandes figuras literarias que vivieron en Salamanca fue Miguel de Unamuno (1864–1936). El escritor bilbaíno se trasladó a la ciudad en 1891 con un contrato de catedrático. En 1900 fue nombrado rector, y durante catorce años vivió en la Casa Rectoral. Un edificio barroco de dos plantas situado junto a la Universidad antigua, en la calle Libreros.

    Unamuno tuvo una fuerte vinculación con la Universidad de Salamanca y con la propia ciudad, llegando incluso a ser concejal y diputado. Por eso en los años 50 la Casa Rectoral se convirtió en casa-museo, destinada a perpetuar su memoria y abrirla al público. La casa conserva los muebles y enseres de la familia, así como la biblioteca y archivo personales del escritor. Los visitantes pueden sumergirse en la vida de Don Miguel, ver sus anteojos, sus manuscritos, su ropa... y al salir de la casa, acercarse al número 4 de la calle Bordadores, su residencia en los últimos años de vida, donde murió en arresto domiciliario mientras participaba en una tertulia con amigos.

    Vía Raúl Hernández González (Flickr)

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