POLÍTICA

España cañí: los políticos convierten la campaña en un sainete

16/05/2015 16:47 CEST | Actualizado 16/05/2015 16:47 CEST
CARLOS IGLESIAS / EFE

A una semana de las elecciones los candidatos incrementan sus piruetas, multiplican sus promesas, cantan y bailan los que saben y dejan definitivamente en el camino cualquier lastre a su victoria en las urnas.

Esperanza Aguirre siempre consideró que Botella había sido una alcaldesa mediocre; que se encontró con el bastón de mando por las ambiciones de su predecesor, su eterno enemigo Gallardon. Ni siquiera su vieja amistad de Aznar le hizo suavizar sus comentarios. A Espe no la calla nadie.

Por eso prefirió irse, vestida de chulapa como marcan los cánones, a la pradera de San Isidro. No le arredraron los pitos y los silbidos de los auténticos castizos, acostumbrados a la utilización del festejo como imagen electoral. Se marcó un chotis y se quedo tan fresca. Mientras, en el Ayuntamiento, en la celebración institucional del pobre santo labrador, Botella se despedía del bastón de mando asegurando que ese edificio "grandilocuente" de la plaza de Cibeles había estado al servicio de los madrileños...

Si acudieron al ágape/despedida, por supuesto su marido, José María Aznar, la candidata Manuela Carmena, y el socialista Antonio Carmona que no desaprovechó la ocasión de hacer la frase de rigor "yo vengo aquí porque es mi ayuntamiento, otros le dan la espalda".

Y mientras los candidatos se dedican a los ágapes y bailes en la mas vieja tradición cañi de esta España secular, Madrid sigue comida por la basura, los turistas pasean entre bolsas de plástico, latas, y papeles; bajo un hongo de contaminación que a ningún responsable ha preocupado hasta ahora.

Bastante ocupados estaban en ayudar desde las empresas públicas a compañeros de partido que se forraban con las contrataciones a dedo. Y resulta curioso que ese tema crucial, el de la repugnante corrupción que ha cercado la gestión de, por ejemplo Esperanza Aguirre, haya pasado a un segundo plano ante su reivindicación de las esencias, su chester, y sus baños de multitudes.

Parece que las encuestas dan ganadora a quien siempre se puso el mundo por montera, tal vez porque se oponente clásico, el socialista Carmona, se ha perdido en las frivolidades y da mejor en pantalla que en la calle.

Al final va a ser verdad que a los madrileños nos gusta la chulería, el " porque yo lo valgo", tan repetidos en los estereotipos del vecino de la capital, si con el voto respaldamos este sainete.

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