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Penélope, 85 años: "Votaré 'no' con las dos manos"

30/06/2015 14:09 CEST | Actualizado 30/06/2015 16:51 CEST

Penélope y su nieta

Penélope Tyraki tiene 85 años, diez hijos y 17 nietos. Sobrevivió a los nazis.

Y lo recuerda así: una madrugada de hace 75 años, los soldados alemanes del ejército de Hitler aporrearon la puerta de su hogar en Koxare, un pueblecito de la isla de Creta. Su padre, un sacerdote ortodoxo, su madre, Penélope y sus hermanos fueron arrastrados fuera de la casa con lo puesto. Los empujaron a la pequeña iglesia, donde ya había más vecinos en idénticas condiciones. Tras atrancar los portones, los soldados les encerraron y rodearon el edificio con cables y explosivos. Iban a volarlo con los habitantes que quedaban en el pueblo dentro.

"Estábamos aterrados, aunque los niños no terminábamos bien de entender que pasaba. En el último momento, una llamada al jefe de los soldados alemanes parece que nos salvó la vida. No había hombres jóvenes suficientes dentro de la iglesia, éramos pocos. No merecía la pena gastar pólvora con un puñado de viejos, mujeres y niños. Nos sacaron y nos llevaron a un alto del pueblo, donde nos obligaron a mirar cómo volaban cada una de nuestras casas. Fue horrible. Tres días después, volvimos al pueblo, arrasado, de donde mis padres y mis hermanos recogimos los restos carbonizados de lo que había sido nuestro hogar, un hermoso hogar. Me dejaron sin escuela, y lo que es peor, sin futuro, sin poder estudiar. ¿Por qué ahora quieren hacer lo mismo con mis hijos y nietos? Justicia, solo pido justicia. Contadlo, ayudadnos".

Los ojos azules y grandes de Penélope Tyraki se llenan de lágrimas, pero las aparta con un manotazo. A sus 85 años, transmite una fuerza y una rabia que solo pueden explicarse con ese sentimiento de injusticia que invade a la mayoría de los griegos desde hace cinco años, y que ha aumentado desde ayer, primer día del corralito.

Saben que les espera una semana dura y la abuela lo reconoce. Penélope se quedó viuda aún joven, tiene diez hijos y 17 nietos que desde hace cinco años tratan de sobrevivir como pueden en esta crisis que ha arrasado sus vidas.

Está sentada en la cocina de su casa, en el barrio de de Iliupulis (Ciudad de la Luz), a las afueras de Atenas. Es una barriada de clase media, incluso acomodada hasta hace un lustro, cuando la crisis se cebó en ella por un problema que nos suena mucho a los españoles: paro e impago de hipoteca, viviendas que valen mucho menos que cuando las compraron. Pero en esta primera tarde de la semana del corralito griego Iliupulis está tranquila, las tiendas están abiertas y la gente se saluda igual que todos los días. Quizá con un poco más de complicidad o de solidaridad, explica Manuel, uno de los hijos de Penélope.

"Cuéntalo, por favor. Mira. ¿Ves algo raro? ¿Gente haciendo colas, asaltando tiendas? Estamos preocupados, pero no asustados. Ahora bien, las cámaras extranjeras no vienen a este barrio, ¿y sabes por qué? No hay noticia, solo normalidad”, comenta cansado. Acaba de salir de uno de sus dos trabajos, el de cocinero en el hospital de oncología de Atenas. Está cansado de ver informativos que retratan a los griegos como unos vagos que viven de las pensiones. "Estamos tan hartos... Creo que ahora quieren asustar a los turistas para que no vengan, al ver que a nosotros ya nos nos pueden meter miedo. Eso nos haría daño", dice mientras esperamos a su madre.

"No les debo nada, absolutamente nada y ahora quieren robarme otra vez el futuro de mis hijos y de mis nietos".

Penélope se empeña en que comamos algo, en que bebamos. Es la hospitalidad griega antes de sentarnos alrededor de la mesa de la cocina, su reino. Se ríe con cierta amargura ante la pregunta del miedo en ese primer día. Y de su pensión. "¿Miedo? Sí, puede que esté un poco asustada, pero pesa más la esperanza. Ya he pasado mucho en esta vida. Me quedé viuda y nadie me quería alquilar casa porque tenía diez hijos -uno murió de pequeño-. Con esa prole, se suponía que íbamos a destrozar los pisos alquilados. Ya ves, este es uno de mis hijos -pone su mano sobre Manuel-, mi nieta esta aquí, los demás fuera, trabajando en lo que pueden. ¿Tenemos aspecto de vagos o de destrozar mucho? Mi padre murió al poco de la ocupación alemana y desde Creta, mi madre cargó con cuatro hijos, a los que no podía enviar a la escuela porque también había sido quemada. No pude estudiar y eso no lo olvidaré nunca. La madre tiró de nosotros. A los 12 años empezamos a trabajar en un taller de tipografía. No me dejaron estudiar, pero terminamos componiendo libros y cosiendo sus lomos, encuadernando. Era un trabajo maravilloso y agotador, libros de todo tipo, la Biblia, los de leer y estudiar. Algo se nos pegó de todo eso, me gustaba coser los lomos. Sí, como mi nombre, hago honor a lo de coser, pero yo no quiero deshacer más cosas y volver atrás. Mi madre enfermó con algo que despide la tinta. Esta es mi vida. ¿Qué les debo a los alemanes, que ya me quitaron mi infancia? No les debo nada, absolutamente nada y ahora quieren robarme otra vez el futuro de mis hijos y de mis nietos".

Es curioso, porque la señora Tyraki, que está al día de todas las noticias de dentro de Grecia y de lo que dicen desde Bruselas -como la mayoría de los griegos- carga contra los alemanes, contra el ministro de finanzas alemán Wolfgang Schäuble antes que contra Merkel o la UE. Sabe que también los escandinavos -finlandenses o daneses- respaldan la dureza contra Grecia, pero el fantasma de la Alemania nazi ha reaparecido en su vida desde que la austeridad impuesta por el rescate cae sobre las espaldas de los griegos.

"Sabes por qué creo en Tsipras o en Varoufakis? Porque son jóvenes, no están manchados por la corrupción. Los políticos viejos, los gobiernos anteriores, han vendido al pueblo griego, nos han sacrificado a los de siempre mientras ellos robaban y se olvidaban de defendernos frente a los alemanes. Y frente a Europa. Yo quiero a Europa ¿sabes?, pero no les debo nada a los alemanes. Al contrario, cuando acabó la guerra, traté de perdonar, de entender que había que ayudarles para que no volviera a pasar. Todos los europeos, incluso los pueblos que los nazis habían ocupado y arrasado, les ayudamos. ¿Por qué ahora no piensan en los griegos, en el pueblo griego? Ni yo ni mis hijos somos corruptos ni falseamos las cuentas del estado. Que pidan cuentas a quien robó."

Se vuelve a emocionar, pero se contiene. "Con mi pensión ayudo a todos mis hijos. Hace cinco años yo cobraba 900 euros y una complementaria, por ser viuda y de sacerdote ortodoxo, de 400 euros. Podía repartirlo, especialmente ayudar a los estudios de algunos de mis nietos. Mis hijos son luchadores. Ahora cobro 730 euros y 123 de complementaria. Sí, lo sé. Decís que tenemos unas pensiones muy altas comparando con vosotros, pero te aseguro que me lo he ganado y sin mi ayuda, durante estos cinco años, mi familia no hubiera sobrevivido. Algunos de ellos viven conmigo, me cuidan, nos reunimos, nos apoyamos, comemos juntos".

Un millón de hogares griegos se sostienen gracias a la pensión de los abuelos.

Penélope Tyraki

"Los griegos no queremos compasión, queremos justicia".

Penélope llama a Diana, una de sus diecisiete nietas, que ya está de vacaciones. La niña entra en la cocina -no tiene más de diez años- y se sorprende ante los ojos húmedos de la abuela, su cara crispada y la tristeza que destila su voz. Pero cuando Penélope Tyraki se da cuenta de que emociona a los que la rodeamos, endereza su espalda. "Los griegos no queremos compasión, queremos justicia. ¿Sabes por qué estoy enfadada? Porque el resto de los europeos no queréis ayudarnos, no digo el pueblo, sino vuestros gobiernos. Hay partidos españoles y gente que nos apoya, pero los gobiernos como el vuestro temen que gane el 'no' en el referéndum del domingo porque si aquí es posible resistir, vuestro gobiernos pueden perder las elecciones".

Abre las palmas de las manos sobre la mesa de formica: son manos viejas, pintadas con alguna mancha de edad, pero limpias y fuertes, con un solo anillo, quizá alianza de su boda. "Es verdad que en Europa hay más pueblos, como vosotros, con los que simpatizo, pero ahora estáis igual que nosotros antes. Con viejos políticos corruptos. Yo sé que si Merkel quisiera, si dejara de escuchar solo a ese Schäuble y a los duros, esto se arreglaría. Conste que yo no soy de ningún partido, soy griega".

El próximo domingo Penélope irá a votar oxi -'no'- a las medidas que exigen desde Bruselas. "No es el sí o el no al euro, lo sabemos. Pero voy a votar 'no' a esas nuevas medidas porque si tenemos que irnos del euro, sé que vendrán dos o tres años durísimos, estamos acostumbrados, pero tendremos elementos que podemos manejar nosotros, nuestros nuevos políticos, encontrar nuestro camino. No podemos más. No tengo por qué aguantar a Schäuble ni su dedo apuntándome, dictándome lo que tengo que hacer. Ya sé, hay que perdonar, pero no olvidar. Yo podría decirle al señor Schäuble que quizá fue su abuelo uno de los que quemó mi casa, mi escuela. Mis hermanos tuvieron que emigrar a Norteamérica, mis tíos y mis primos murieron en la guerra o en la posguerra. ¿Volver al dracma? Un kilo de queso feta me cuesta hoy 5 euros. ¿Tú sabes los números que tenemos que echar para poder comprar para todos? Hace cinco años era menos de la mitad. Cuéntalo, solo pido justicia".

Penelope Tyraki se levanta de la mesa para no volver a emocionarse ante su hijo. ¿De verdad que no queremos tomar nada?

'Una última cosa', nos dice mientras se gira desde la puerta con una sonrisa. “En Koxare, mi pueblo de Creta, donde nací y que ellos arrasaron, mi casa de la infancia, es ahora el museo que alberga los restos carbonizados de los otros hogares que quemaron las tropas de Hitler”.

Le gustaría llevar a Schäuble hasta allí.

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