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Amnesia digital: los recuerdos de las vacaciones quedan en el móvil, pero no en la memoria

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RECUERDOS VERANO
JENNIFER TAPIAS
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Hubo un tiempo en que se parodiaba a los turistas japoneses porque siempre viajaban pegados a una cámara. Los años han demostrado que simplemente estaban adelantados a su época: en una instantánea de las fiestas de San Fermín de este año que circuló por los medios, se contabilizaban hasta 17 corredores haciendo fotografías o vídeos con sus smartphones. Por mucho que ciertas webs de tendencias lo califiquen ya como out, el selfie continúa triunfando, y la reciente costumbre de ver el mundo más a través de la pantalla del móvil que de la viva realidad no parece que vaya a ser una moda efímera. Hoy los recuerdos de nuestra vida y de nuestras vacaciones pertenecen a YouTube insta, a Facebook o a Instagram, y ni siquiera nuestra memoria nos hace ya falta; si no recordamos algo, para eso está Google, siempre a mano.

Un reciente estudio de la compañía de software Kaspersky Lab ha puesto cifras a la actual dependencia de esta externalización de nuestra memoria, mediante una encuesta online llevada a cabo en Estados Unidos y en seis países europeos, incluyendo España. Los datos son reveladores: "Alrededor de la mitad de los usuarios de smartphones encuestados entre 16 y 34 años, y el 40% de los usuarios entre 35 y 44, admiten que su teléfono guarda casi todo lo que necesitan saber o recordar".

AMNESIA DIGITAL

Curiosamente, el estudio de Kaspersky desmonta el mito de que son los nativos digitales, los más jóvenes, quienes más dependen de los dispositivos electrónicos. La amnesia digital, entendida como "la experiencia de olvidar información que confías a un dispositivo digital para almacenar y recordar por ti", se extiende en todos los grupos de edad y sin importar el sexo. De hecho, "es sorprendentemente prevalente en los encuestados más mayores", apunta el estudio. Un ejemplo: entre los encuestados españoles, el 65% recuerda el número de teléfono de la casa en la que vivía con 10 años de edad, pero el 35% no sabe los números de sus hijos, y el 20% ni siquiera el de su pareja. En otros países estas cifras son aún más abultadas: en Reino Unido, el 71% no podría llamar a sus hijos si no fuera por la memoria del teléfono, y casi la mitad tampoco a su pareja.

El estudio revela además que casi el 20% de los encuestados en España dice tener todas sus imágenes y contactos almacenados solo en el móvil. En un comentario al informe, la profesora de psicología de la Universidad de Birmingham (Reino Unido) Maria Wimber señala que "las imágenes son un poderoso recuerdo, y tienen el potencial de despertar memorias que de otro modo habríamos olvidado". Para Wimber, "existe un riesgo de que la constante grabación de información en dispositivos digitales haga que confiemos menos esta información a la memoria a largo plazo, y podría incluso distraernos de codificar adecuadamente un evento mientras sucede".

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Foto: Kārlis Dambrāns (Flickr)

Todo lo anterior sugiere que no estamos simplemente ante una revolución digital, sino que sus consecuencias pueden ir mucho más allá, y en este caso no precisamente para bien. Los científicos advierten de que la memoria, como cualquier otra capacidad, también debe ejercitarse, y que la renuncia a este entrenamiento puede cobrarse un precio en nuestra vejez. Resulta paradójico que a los enfermos de Alzheimer o demencia senil se les apliquen terapias dirigidas a estimular su memoria, mientras quienes están en perfecto uso de ella renuncian voluntariamente a utilizarla. Tal vez pudiera parecer que, con móvil o sin él, en realidad estamos continuamente haciendo uso de la memoria, pero no es así. En palabras de Wimber, "investigaciones pasadas han demostrado repetidamente que rememorar información de forma activa es una manera muy eficaz de crear una memoria permanente. Por el contrario, repetir información de forma pasiva (por ejemplo, buscándola repetidamente en internet) no crea un rastro de memoria sólido y duradero de la misma manera".

La clave está en que la memoria a corto y a largo plazo tienen mecanismos diferentes: la primera es dinámica, mientras que la segunda es estructural. El aprendizaje activa determinadas neuronas como bombillas que se encienden y se apagan, y es solo la repetición de esos mismos encendidos y apagados la que finalmente logra que se cree el cableado de la memoria a largo plazo.

LA NEURONA DE CLINT EASTWOOD EN LA TORRE DE PISA

Un estudio reciente ha aportado un conocimiento fundamental de cómo se crean los recuerdos a corto plazo de experiencias de la vida real. Investigadores del Centro Médico Ronald Reagan de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA, EEUU) y de la Universidad de Leicester (Reino Unido) aprovecharon la circunstancia de disponer de 14 pacientes hospitalizados por epilepsia grave a los que se les habían implantado electrodos en el cerebro para localizar el foco de sus ataques con vistas a una posible intervención quirúrgica. Con este sistema, los científicos podían detectar la activación de más de 600 neuronas individuales en el lóbulo temporal medial, una región del cerebro implicada en la memoria de experiencias.

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Los pacientes fueron sometidos a un ensayo en el que se les mostraron unas 100 fotografías de personajes famosos, como Clint Eastwood, Jennifer Aniston, Tiger Woods o Halle Berry, y de lugares célebres como la torre Eiffel, la Casa Blanca, la Ópera de Sydney o la torre inclinada de Pisa. Los investigadores pudieron así registrar qué neuronas se activaban en cada caso, un patrón que variaba con cada una de las imágenes. El mismo equipo de investigadores ya había descrito anteriormente lo que llamaron "la neurona de Jennifer Aniston", o cómo una imagen dispara una neurona individual para formar un concepto.

A continuación, los científicos enseñaron a los pacientes otra serie de fotografías en las que aparecía una celebridad en un lugar: Clint Eastwood frente a la torre de Pisa, Halle Berry en la Ópera de Sydney, Jennifer Aniston junto a la torre Eiffel o Tiger Woods ante la Casa Blanca. Por último, volvieron a mostrar las imágenes iniciales, y descubrieron así algo enormemente revelador: si en el primer test Clint Eastwood y la torre de Pisa por separado habían activado diferentes neuronas, una vez construida la asociación se observaba que las neuronas de la torre de Pisa respondían también a la imagen del actor, y viceversa. El cerebro de los pacientes había creado un recuerdo: Clint Eastwood en la torre de Pisa. Y la huella mental de este recuerdo consiste en que el actor y el lugar comparten las mismas neuronas.

Según los investigadores, así es como funciona la memoria episódica; si, por ejemplo, vamos a un concierto y nos encontramos allí con un antiguo compañero de trabajo, la persona y el evento quedan registrados en las mismas neuronas en el recuerdo a corto plazo, por lo que ambos quedan ligados en nuestra memoria. El estudio, publicado en la revista Neuron, muestra por primera vez de esta manera la creación instantánea de un recuerdo en humanos. Según el primer autor, el argentino Matías Ison, "el estudio sugiere que la experiencia del aprendizaje puede localizarse en cambios en neuronas individuales en el cerebro". El codirector del estudio, el también argentino Rodrigo Quian Quiroga, añade: "Esto es crítico para comprender los procesos neurales que subyacen a la formación de la memoria en la vida real, ya que en la vida real no se nos expone repetidamente a un evento para recordarlo; solo una exposición es suficiente".

MOLDEAR LA MEMORIA

Otras investigaciones han descubierto que los recuerdos pueden rememorarse estimulando las neuronas responsables, e incluso pueden crearse asociaciones nuevas a voluntad. Según cuenta un estudio publicado en la revista Nature Neuroscience, investigadores de la Universidad Pierre y Marie Curie de París registraron la activación neuronal ligada a ciertos lugares en los ratones. Mientras estos dormían, estimularon las neuronas correspondientes a algunos de esos emplazamientos, introduciendo además una asociación con un estímulo positivo. Al despertar, los ratones acudían a esos lugares porque los científicos les habían enseñado durante el sueño a relacionarlos con una recompensa.

Borrar recuerdos traumáticos, deshacer asociaciones negativas de la memoria, estimular la evocación de las experiencias placenteras o incluso implantar recuerdos, al estilo de los viajes imaginarios que ofrecía la empresa Memory Call en la película Desafío total; la Ciencia está acercándose a la frontera que logrará hacer realidad estos logros. Ahora, Quian Quiroga y sus colaboradores pretenden analizar cómo la memoria de las experiencias reales se fija a largo plazo en nuestro disco duro mental, por qué algunos recuerdos perduran mientras otros se desvanecen, y hasta qué punto es posible provocar su recreación. Los fines de todo esto no son recreativos: con ello, los científicos pretenden luchar contra la pérdida de memoria, que el codirector del estudio Itzhak Fried califica como "uno de los más devastadores padecimientos de la condición humana".

Pero para ello, cada persona aún tendrá que poner algo de su parte, ese ejercicio mental que consolida la memoria a largo plazo y que aún es un territorio bastante desconocido. Quizá esto también requiera un esfuerzo para olvidar una única cosa: el móvil, aunque sea por un rato.

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