NOTICIAS

¿Por qué tarda tanto mi lavavajillas?

27/07/2015 08:49 CEST | Actualizado 27/07/2015 09:27 CEST
GTRESONLINE

Antes de cenar, confiado, pones la loza del último día en el lavavajillas. Tres horas después, con los ojos enrojecidos del sueño, te vas a cama sin ordenar la vajilla. Y es que tu electrodoméstico sigue digiriendo tus platos y cubiertos.

Esta lentitud puede darse por múltiples motivos. El primero de ellos, porque los lavavajillas intentan ser cada vez más eficientes en su gasto energético. Según estudios de la OCU y del IDAE —el Instituto para la Diversificación y Ahorro de Energía del ministerio de Industria, Energía y Turismo— el mayor impacto ambiental de nuestro lavaplatos es su consumo energético. De ahí que se haya establecido un etiquetado europeo para que sepas, como con las estrellitas de la lavadora, cuán eficiente es el aparato.

Las etiquetas se dividen en A+, A++ y A+++ y miden cuántos kilowatios y litros de agua por ciclo consume el lavavajillas. Y si quieres saber cuánto puedes ahorrarte al año comprando un electrodoméstico más eficiente, la Asociación Nacional de Fabricantes e Importadores de Electrodomésticos ha elaborado una tabla con estos datos.

Este compromiso con el medioambiente viene a costa de alargar los tiempos de lavado, a veces hasta llegar a las tres horas por ciclo. ¿Soluciones? Los lavados rápidos convencionales no funcionan bien, porque dejan suciedad en la vajilla. Pero ya hay electrodomésticos que incluyen funciones de lavado rápido intenso del estilo de tu lavadora. Básicamente, es como ir por autopista con el coche y pisarle al acelerador para que el viaje sea más breve. El lavavajillas usa los dos aspersores a la vez e incrementa la presión y temperatura sobre la suciedad para acabar con ella hasta tres veces más rápido. La contrapartida, como ocurre con las coladas rápidas, que aumenta el gasto energético.

Pero que necesites más de un lavado de tu electrodoméstico para que la vajilla quede bien limpia puede deberse a otros muchos factores. Por ejemplo, que se encuentre atascado. La grasilla y restos de comidas están obturando tu sumidero. ¿Soluciones? Puedes optar por el clásico desatascador con ventosa o elegir las víboras y culebras. Se trata de tubos rematados por un gancho que serpentean por el interior de la tubería y pueden engancharse en la porquería que está bloqueando tu caño. Al girarla en el sentido de las agujas del reloj, los residuos se desprenderán y se quedarán adheridos al gancho. Al retirarla, cuidado con no gotear el suelo con algo repugnante que luego te toque limpiar. Otros puntos comprometidos que pueden estar ralentizando tu lavavajillas son los orificios de salida de los brazos giratorios. Si están bloqueados, el agua no circulará. Una herramienta puntiaguda como un palillo, unos alicates de punta fina o un trozo de alambre puede ayudarte en la tarea. Pero cuidado con rayar nada si el objeto es metálico.

Y si crees que tomarte tantas molestias no merece la pena y que es mejor pasarse al estropajo de toda la vida, piénsatelo dos veces. Un estudio del Canal Isabel II —la empresa pública que gestiona el ciclo del agua en la Comunidad de Madrid— y del grupo BSH concluyó que se ahorran 30,6 litros al día (mayoritariamente, además, de agua caliente) con el lavavajillas frente al fregado a mano. Belén Ramos, responsable del área de Medioambiente de la OCU, fue más lejos. Aseguró a El País que, hoy en día, lavar los platos a mano gasta “cuatro veces más” que hacerlo con lavavajillas.

ADEMÁS:

Ve a nuestra portada   Facebook   Twitter Instagram Pinterest

OFRECIDO POR NISSAN