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La Generación X y el miedo al futuro, culpables del triunfo de la nostalgia

14/08/2015 21:33 CEST | Actualizado 14/08/2015 21:43 CEST
GETTY IMAGES

¿Por qué vuelven de golpe Expediente X, Twin Peaks, Padres forzosos y una secuela de Matrimonio con hijos? Han pasado veinte años de Bocados de realidad (1994) y ni Winona Rider ni Ethan Hawke son los que eran, aunque al actor estadounidense le vemos envejecer en pareja gracias a la saga de Richard Linklater iniciada con Antes del amanecer (1995). La Generación X vive su crisis de la mediana edad y eso se traduce en nostalgia televisiva.

Aquellos que nacieron entre 1965 y 1980 se enfrentan a una verdad: no solo se han quedado varias décadas atrás, también un siglo e incluso un milenio obsoletos, desplazados por una nueva hornada de jóvenes que conforman la Generación Y (también llamada generación del milenio). Por contra, son ellos los que toman decisiones y ocupan puestos de responsabilidad en medios de comunicación, agencias de publicidad y demás agentes de la industria cultural.

Su forma de enfrentar su crisis se traslada a su creatividad, que a la postre dicta tendencias de consumo. Mientras el cine está dominado por el público adolescente, y a ellos se dirigen las grandes apuestas de la temporada, la televisión es un medio muy relacionado con la Generación X. Ellos son los hijos de los primeros divorcios y los primeros en tener una niñera en forma de 625 líneas. Por eso sus gustos perviven con mayor intensidad en la pequeña pantalla.

En España, fenómenos como el del blog reconvertido en libro Yo fui a EGB se mantienen en alza desde hace años. “Está claro que somos nostálgicos, aunque sea algo que no nos suele gustar reconocer. El furor sigue ahí, hay muchas ganas de recordar nuestra infancia y lo que la rodeaba, es como volver a vivirla y cada día crece el número de lectores que se acercan con ganas de rememorar parte de su historia”, comenta a El Huffington Post Javier Ikaz, responsable de estas publicaciones.

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Yo 'fuí' a EGB: recuerdos de los 80

Esos veinteañeros que protagonizan las películas antes mencionadas y otras como Solteros, de Cameron Crowe, (1992) o Clerks, de Kevin Smith, (1994) fueron niños o jóvenes en la década de los 80, cuyo revival no de ser tendencia del todo y comparte espacio con la nostalgia noventera, desafiando las reglas de la moda. “Hay mucha población que está actualmente entre los 30 y 50 años, esto es, que es EGBera. Crecimos con tele, con maquinitas, jugando en la calle... Fuimos los primeros 'afortunados' y nos gusta recordarlo, aunque a veces sea para reírnos de lo ingenuos que podíamos ser”, apunta Ikaz.

Una opinión muy común entre sociólogos es que este enganche a la nostalgia, en vez de funcionar como una excesiva querencia al pasado, denota miedo al futuro. Es una situación que encaja a la perfección en países como España, donde la realidad económica impide a buena parte de la población hacer planes a largo plazo.

Otras cuestiones como el terrorismo también contribuyen a ello. En el año 2001, Friends disparó de nuevo sus audiencias en su octava temporada, un patrón muy poco común para una serie tan longeva. Ocurrió justo después de los atentados del 11 de septiembre. Aunque los responsables de la serie eliminaron de inmediato cualquier plano recurso que pudiera hacer referencia al atentado, los espectadores sintonizaban cada jueves NBC para volver a conectar de nuevo, de forma metafórica, con un Nueva York con Torres Gemelas.

El sociólogo británico Frank Furedi encuentra que en el mundo angloamericano actual la nostalgia como “fuerza cultural es inusualmente débil”, cuenta a El Huffington Post. Hay una percepción muy extendida que defiende que la sociedad no puede capturar un pasado, además, “representado en términos negativos y oscuros”. Por lo general, “los políticos hablan de forma habitual de los aciagos días pasados”.

Ese miedo al futuro del que hablamos, que Furedi considera “una fuerza muy poderosa”, se presenta ahora como “un modo de aferrarse tan solo al presente”. En lo que siguen coincidiendo ambas sociedades es en el intento de retrasar lo más posible la vida adulta. Ahí es donde la nostalgia actúa como uno de los hobbies predilectos y, por tanto, que esté tan habitual en la cultura popular. En muchas ocasiones, el patrón de conducta no corresponde a la nostalgia porque, en realidad, nunca se abandonaron determinadas prácticas.

Estos adultos que se resisten a la transición total a la fase adulta también son conocidos como kidults. DisneyWorld sigue siendo un importante destino vacacional para adultos sin hijos mientras que la media de edad entre los jugadores de videojuegos es de 29 años y sigue subiendo, destaca Christopher Noxon en su libro Rejuvenile. Por eso también regresan a televisión series que apenas se han marchado, como el es caso de 24, Prison Break e incluso Dexter, de la que su cadena se plantea nuevos capítulos. Es una prueba más de que la nostalgia está evolucionando hacia un evidente y prolongado presentismo.

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