¿Merece tanto éxito el libro 'La chica del tren'?

¿Merece tanto éxito el libro 'La chica del tren'?

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El thrillerLa chica del tren ha generado unos números aterradores en todo el mundo: en Estados Unidos se llegó a vender un ejemplar cada seis segundos; en Reino Unido, cada 16. En España se multiplican las ediciones —en un mes se lanzaron siete— y, sin demasiado esfuerzo, se ha acomodado en la lista de los libros más vendidos. Sólo el imbatible Grey le ha despojado del número uno.

Número pasados, presentes y futuros. Porque los estudios Dreamworks han adquirido los derechos para producir la versión cinematográfica de la novela, que previsiblemente se estrenará el año que viene y estará protagonizada por la actriz Emily Blunt. Como suele ser habitual, revigorizará las ventas de un libro millonario.

El libro se ha publicado ya en 30 países y se han vendido cinco millones de copias. Es un éxito sin paliativos, como se puede comprobar en cualquier playa, vagón de metro o autobús. La portada negra de la novela está por casi todos los lados y, en las librerías, los ejemplares están colocados estratégicamente en las baldas más visibles.

Y así todo.

La chica del tren es un éxito que no estaba calculado. Paula Hawkins era una completa desconocida y sólo las recomendaciones y el boca-oreja en Amazon, Twitter y Facebook insuflaron vida a un libro que ha sobrevivido gracias a Internet y pese a las tradicionales críticas literarias que, como era previsible, lo califican de basura. Basura que, al fin y al cabo, gusta al común de los mortales.

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Un best-seller que, como como mandan los cánones, tiene una trama típica-de-best-seller. En este caso, una chica que bebe muchísimo más de la cuenta, que además ha perdido su empleo y es incapaz de superar una ruptura amorosa, termina involucrada en una investigación policial por asesinato.

También como buen best-seller que se precie, cuenta con seguidores que le defienden a capa y espada y detractores que, como mucho, utilizarían las páginas del libro para avivar el fuego la chimenea.

Dos periodistas de El Huffington Post han leído y libro y, ¡oh sorpresa!, a uno no le ha convencido nada y al otro sí.

Estos son sus argumentos:

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No es el libro del año (ni siquiera del verano) Por María Porcel, redactora de El Huffington Post

Sigo sin entender el revuelo que se ha generado alrededor de La chica del tren. Intenté apretar su lectura al principio, acelerando páginas para intentar tener muchas, muchas ganas de seguir leyendo. Pero no. No me terminaba de enganchar, supongo que porque no terminaba de meterme en la historia, no empatizaba con los personajes o la trama me parecía tener poco punch. Allí iban llegando personajes (pocos), acontecimientos (menos), la historia iba avanzando (algo)… y yo no me enganchaba. Mientras que lo leía lo fui compatibilizando con otros, por lo que se lo presté a dos personas cercanas para que se lo leyeran. "Bueeeeeno…" fue la fría reacción de ambas.

Quizá sea por la protagonista, Rachel, que tampoco me resulta demasiado empática. Quizá por los vecinos, o por la desaparecida (no estoy haciendo spoilers, tranquilos), que tampoco termina de enganchar hasta que la historia avanza. Además es LA historia: apenas hay tramas secundarias, nada más que no sea lo principal. Ese es otro de los problemas: la historia tarda en entrar, y aunque hay secretos de los protagonistas (que sirven para conocerlos mejor, para comprenderlos y, al fin y al cabo, para sentirlos más cercanos) que es normal que tarden en desvelarse, cuando se desvelan quizá sean demasiado tarde y el lector ya ha desfallecido de aburrimiento.

Quizá uno de los problemas de La chica del tren haya sido, precisamente, su éxito. Que las expectativas sean altas que luego la cosa se enfríe. Podían llamarlo más bien "el suflé del verano".

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No es el libro del año (sí del verano) Por Guillermo Rodríguez, subdirector de El Huffington Post

Vaya por delante: el que esto escribe ha leído a Cervantes, Proust, Thomas Bernhard y demás autores alejadísimos de lo que se conoce como literatura popular. Peor aún: sobre todo lee ese tipo de literatura. Pero eso no evita que también sepa disfrutar de un buen best-seller. Y La chica del tren, sin ser uno de los mejores del género, sí reúne los ingredientes necesarios para leerlo gozosamente: una buena trama, unos diálogos aceptables, unos personajes bien perfilados y, sobre todo, una estructura digna de un buen thriller.

Es cierto que Rachel, protagonista de la novela, es un personaje a la que no se coge afecto. En realidad, muchas veces el lector desea que un día le atropelle el tren y termine con tanta vida desgarrada, tantos coqueteos con el vicio y tanta incapacidad para comprender que, oye, si tu marido te deja sólo tienes dos opciones: o rebozarte en el fango o intentar sacar la cabeza lo antes posible. No es un personaje que se haga querer, pero forma parte de la historia: la autora busca (y consigue) que mantengamos la distancia y contemplemos el inicio, nudo y desenlace a vista de pájaro. Sin sentimentalismos.

La gran virtud de Paula Hawkins radica en el uso de las pistas falsas: el lector intuye quién es el culpable en las primeras cien páginas, pero luego empieza a sospechar de otro. Y luego de otro. Así hasta el final. No es poco: un thriller debe sorprender y el autor debe ser lo suficientemente inteligente como para jugar contigo sin que uno sea consciente. El final, es cierto, no es el mejor literariamente hablando, aunque sí será muy eficaz cuando la historia sea trasladada al cine. Porque ese es uno de los principales probles de La chica del tren: parece más pensado para la gran pantalla que para un libro.

Buena lectura si a lo que se aspira, simplemente, es a pasar un buen rato.

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