¿Qué hacemos con Viktor Orbán?

¿Qué hacemos con Viktor Orbán?

EFE/Georg Hochmuth

Hace apenas cuatro meses, Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, saludaba uno a uno - con bromas personalizadas incluidas - a cada uno de los líderes europeos que llegaban a una cumbre sobre política de vecindad en Riga, Letonia. Al llegar el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, Juncker exclamó en inglés: “¡hola dictador!”. Puede que entonces algunos considerasen que había todavía algo de margen para algunas bromas, pero lo cierto es que en las últimas semanas son cada vez más los actores europeos que no dejan de repetirse la misma pregunta: ¿qué hacemos con Viktor Orbán?

Un viejo problema para el que nadie parece tener una buena respuesta. La Hungría que lidera Orbán representa, al fin y al cabo, una anomalía en las leyes no escritas que han inspirado la construcción europea desde hace décadas: para los países que han sufrido dictaduras, la entrada a la UE es una garantía para la consolidación de su democracia. Una vez se está dentro, no hay marcha atrás. De ahí que una regresión como la que está experimentando Hungría desde el año 2010 no esté en los esquemas.

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Viktor Orbán en el Consejo Europeo

Aunque muchos no lo recuerdan, Viktor Orbán fue primer ministro de Hungría entre 1998 y 2002, cuando pretendía un cierto perfil liberal. Gobernó en coalición y no logró la reelección. La lectura que hizo entonces de su fracaso electoral marcaría su liderazgo político para siempre: sin unos medios de comunicación afines -por no decir domesticados y amordazados– el poder puede ser muy frágil.

Con la lección aprendida, Orbán y su partido político, FIDESZ, del que es fundador, volvieron al poder en 2010. Emprendieron la “revolución de los 2/3”, así llamada por la mayoría de la que goza FIDESZ en el Parlamento, la cual ha sido fundamental para modificar la Constitución y cientos de leyes más. El resultado de esta frenética actividad legislativa (llegaron a modificar 11 veces la Constitución en un año) ha sido la grave erosión del sistema democrático en Hungría. Organizaciones internacionales como Freedom House han rebajado el estatus de Hungría a “semi-consolidado país democrático”.

La “revolución de los 2/3” ha logrado que los pesos y contrapesos del sistema democrático se disuelvan como un azucarillo. Los medios de comunicación son cada vez menos libres, la sociedad civil está coaccionada, el poder judicial es cada vez menos independiente, las minorías se sienten perseguidas…. FIDESZ cambió incluso la ley electoral para beneficio propio. En las elecciones de 2014, a pesar de lograr menos votos, mantuvieron su mayoría de 2/3 en la cámara. Sin embargo, el apoyo popular de Orbán ha estado en caída la mayor parte de esta última legislatura….hasta la actual crisis de los refugiados.

Un partido de extrema derecha, JOBBIK, que recientemente ensaya el camuflaje de sus ideas más extremas a favor de una cara presuntamente más amable, le pisa los talones al primer ministro. La moderación de JOBBIK ha empujado a Orbán todavía más a la derecha. Hace meses lanzó la idea de aprobar la pena de muerte en Hungría, una idea con la que simpatizan muchos de sus compatriotas. La propuesta parece ahora descartada, pero le sirvió para hacer un poco de ruido.

"HUNGRÍA ES PARA LOS HÚNGAROS"

La actual crisis de los refugiados le ha puesto en bandeja al primer ministro una oportunidad de oro para reafirmar sus ideas más retrógradas. Hace meses el gobierno húngaro gastó un millón de euros en una campaña publicitaria con mensajes racistas. Uno afirmaba: “si vienes a Hungría, no les quites el trabajo a los húngaros”. Otro: “Hungría es para los húngaros”. Por si alguien tenía alguna duda sobre cuál era la audiencia a quien iban dirigidos, los mensajes estaban convenientemente escritos en húngaro. El gobierno también mandó construir una valla con espinas de 175 km de longitud en la frontera con Serbia y no disimula en su empeño de que la policía húngara trate a los refugiados con toda la violencia que sea necesaria.

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Un grupo de refugiados se enfrenta a la policía junto a la frontera húngara cerca de Horgos al norte de Serbia

La estrategia de Orbán con los refugiados – a quienes siempre llama inmigrantes, por considerar que el 99% llega a Europa por motivos económicos - está relanzando su popularidad. La última encuesta de Szazadveg, un think tank próximo al gobierno, sitúa el apoyo a FIDESZ en 48%, cinco puntos más que en junio y ocho más que en enero. Un 80% de la población – según la misma institución – apoya la construcción de vallas para frenar inmigrantes. Según el Instituto Republikon, sólo un 19% de los húngaros considera un deber moral acoger a los inmigrantes.

CADA VEZ GOZA DE MENOS SIMPATÍA EN MUCHAS CAPITALES EUROPEAS

Pero esta vez Orbán quizás esté yendo demasiado lejos. Su gobierno se ha convertido en un elemento desestabilizador en la región y un motivo de preocupación en muchas capitales europeas, donde cada vez goza de menor simpatía incluso entre los miembros de su propia familia popular. Sobre Alemania ha advertido de los riesgos que supone su “imperialismo moral”. En relación a los problemas del gobierno heleno para gestionar la llegada de refugiados, Orbán ha declarado: "Si Grecia no puede defender sus fronteras que pida amablemente ayuda para que los demás [ejércitos] las defendamos”.

Tras anunciar que construirá nuevas vallas en las fronteras de Hungría con Croacia y Rumania - países que también son miembros de la UE - ha desatado una espiral de tensión. El ministro de exteriores húngaro, Peter Szijjarto, ha calificado de “patética” la manera en que el primer ministro croata está haciendo frente a la crisis de refugiados. El primer ministro rumano, Victor Ponta – que tiene motivos para sobreactuar dados los escándalos judiciales que le persiguen –ha dicho de Orbán que “no se ajusta al espíritu europeo… Hungría tiene responsables políticos que no son mejores que los de Siria, Libia u otros países de los que huyen los refugiados”. Por otro lado, Serbia y Croacia viven estos días una peligrosa escalada de tensión a cuenta de los flujos de refugiados.

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Soldados húngaros levantan una alambrada en la frontera con Croacia en Zakany para evitar la entrada de refugiados

Se puede leer en el artículo 2 del Tratado de la Unión Europea lo siguiente: “la Unión se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías”. El divorcio entre estos principios y la Hungría de Viktor Orbán adquiere estos días récords históricos. Pero, ¿qué puede hacer la UE para frenar la deriva autoritaria de Viktor Orbán?

El artículo 7 del mismo tratado establece una serie de medidas que se pueden poner en marcha si un Estado miembro produce una clara violación de los principios descritos en el artículo 2, entre las que se encuentran suspender los derechos de voto de un estado miembro en El Consejo. Pero para poner en marcha dichas medidas hacen falta una mayoría de 4/5 de los estados miembros, cuya mayoría depende de la misma familia política que Viktor Orbán: el Partido Popular Europeo.

FALTA DE RESPONSABILIDAD DE LOS ESTADOS

Una resolución del Parlamento Europeo aprobada el pasado 10 de junio, “deploraba la falta de reacción del Consejo a los últimos acontecimientos en Hungría [en relación a la propuesta del gobierno húngaro de aprobar la pena de muerte] y denunciaba la falta de responsabilidad de los estados miembros para asegurar el respeto al estado de derecho”. Hace unos días, los eurodiputados socialistas Javi López y Elena Valenciano pidieron “la suspensión temporal de Hungría como miembro de la UE”.

La estrategia de presión socialista sobre Viktor Orbán ha sido reforzada esta semana tras la petición por parte del presidente del Grupo Socialista en el Parlamento Europeo, el italiano Gianni Pittella, de que el primer ministro eslovaco, Robert Fico, sea suspendido de militancia en el Partido Socialista Europeo. Fico, además de haber votado en contra de la propuesta de la Comisión Europea para repartir los refugiados y asegurar que no cumplirá con la misma, afirmó días antes que “la masa de inmigrantes musulmanes no será tolerada… Eslovaquia está construida para los eslovacos y no las minorías”.

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Primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico, que votó en contra del reparto de refugiados en la CE

Este último movimiento socialista trata de desarticular una de las principales líneas de defensa de los populares. El eurodiputado y secretario general del Partido Popular Europeo, Antonio López Istúriz, había asegurado el martes pasado en Hoy Por Hoy que el comportamiento de Orbán no era distinto al de otros líderes de países vecinos a Hungría, en referencia a dirigentes socialistas como Robert Fico. Pero, ¿hasta cuándo está dispuesto a defender el Partido Popular a Viktor Orbán?

Orbán es desde luego “uno de los suyos”, una figura importante en el Partido Popular Europeo, por muy autoritario y populista que esté siendo en los últimos cinco años. Vale la pena recordar que Orbán fue elegido vicepresidente del Partido Popular Europeo hasta en tres ocasiones en la década de 2000 (2002, 2006 y 2009). Durante esos años contaba con el apoyo de dirigentes populares como Angela Merkel, Nikolas Sarkozy o Jose María Aznar. De hecho, hace menos de un año, el ex-presidente español fue condecorado en Budapest con la Gran Cruz del Orden de Honor Húngaro. En la ceremonia, Orbán calificó a Aznar como una persona que “representa la grandeza, el honor y el compromiso… algo que falta en la Europa actual”.

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