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'Ocho apellidos catalanes': el reto de seguir la estela de 'Ocho apellidos vascos'

20/11/2015 21:57 CET | Actualizado 20/11/2015 21:57 CET

Segundas partes nunca fueron buenas, reza el dicho popular que, como cualquier frase del refranero, es una exageración en sí misma. Ya se trate de relaciones retomadas, de viajes repetidos o de segundas partes de libros y películas a los que se llega con muchas ganas, lo cierto es que las caras b suelen ser complicadas de gestionar, tanto por las expectativas que generan como por el listón que suelen haber dejado sus hermanas mayores, las primeras partes.

Con el listón y las expectativas bien arriba, y con menos de dos años de preparación, llega este viernes 20 de noviembre a unas 800 salas (récord para una película española) Ocho apellidos catalanes, la segunda parte de Ocho apellidos vascos, la película que batió todos los récords (de taquilla, recaudación, espectadores…) en la historia del cine español, y que sigue batiéndolos, esta vez en televisión. "La primera es una película que, sin pretender nada, lo tiene todo, y esta es una película que tampoco pretende nada, pero se le exige todo", explicaba Berto Romero (Pau en la cinta) en una charla con varios medios a la que asistió El Huffington Post.

"La primera es una película que, sin pretender nada, lo tiene todo y esta es una película que tampoco pretende nada, pero se le exige todo".

Dani Rovira, Clara Lago (los protagonistas originales de la cinta) y el propio Romero, presentes en esa entrevista, insisten en que no sienten presión. "Eso se queda fuera, eso esta aquí, ahora, pero no en el rodaje", explica Romero.

"Solamente lo notamos durante un par de días, en la rueda de prensa a mitad de rodaje. De repente se convocó a 62 medios, no podíamos hablar de la película, porque la estábamos rodando. Todo el equipo estaba con esa especie de presión", rememora Lago, que además afirma que su personaje en la secuela es "más emocional". "Aporta la parte más romántica en lo que es una comedia romántica. Ha evolucionado, se dejar ver más", relata

LA PRESIÓN Y EL PÚBLICO

"Tengo mucha curiosidad de ver qué va a pasar con el público", se cuestiona Romero. "El público ya no es virgen con esta película, es muy celoso de sus cosas. El éxito de Ocho apellidos vascos se lo inventó el público, decidió que se convirtiera en un fenómeno". Y Rovira, con su característico humor, remata, haciendo reír a los asistentes: "Para nosotros la presión la tiene que tener el público. El público hizo ese récord histórico, a ver si ahora tiene los santos cojones de superarla. Nosotros hemos hecho una película que puede estar igual o mejor. ¡Id a las calles a meterle presión al público!".

Tras el taquillazo en el que se convirtió la primera entrega, que apenas costó tres millones de euros y consiguió más de 72 millones de recaudación en todo el mundo y ocho millones de espectadores, podría resultar normal que el público fuera con ciertas expectativas a las salas. Y con ganas de algo aún mejor.

"Si quieres ir a la sala del cine con el 'verás tú, verás tú…'. La entrada la vas a pagar tú, qué menos que decir 'voy a dejarme contagiar'. Si quieres ir a verle las grietas, pues adelante. Nosotros ya no podemos hacer nada", explica contundente Rovira. "A lo mejor de repente nos sorprendemos todos y la gente está diciendo: 'Pues yo simplemente me muero de ganas por reírme una vez durante una hora y media', y estamos todos pensando que el público va a ir a compararla con la primera", continúa Lago.

"Si quieres ir a verle las grietas, adelante. Nosotros ya no podemos hacer nada".

"El sobreanálisis en general no es bueno. Las expectativas son el asesino de la diversión", reflexiona Berto Romero. "Pasa mucho con las cosas que crean expectativa, lo que los americanos le llaman el hype: va muy bien para venderla porque todo el mundo está alerta, pero nos crea inevitablemente decepción. Si alguien va con muchas ganas de ver algo le va a gustar siempre un 40% menos de lo que le gustaría si no fuera con ganas. ¡Luchad contra vuestros propios cerebros! ¡Luchad contra vuestras emociones y sed puros y buenos!", sugiere el cómico catalán entre las risas de los asistentes.


LA SECUELA, ¿TAN PRONTO?

¿Es demasiado pronto para una secuela así? Depende. La esperada segunda parte de Zoolander (que llegará a las salas en febrero-marzo de 2016) ha tardado 15 años en volver. Algo similar a la de Dos tontos muy tontos: Dos tontos todavía más tontos se estrenó en enero de 2015, 21 años después que el original (aunque no con tanto éxito como la primera…). Y así una ristra de segundas y segundonas entregas.

Sin embargo, en España cuesta aguantar: cuando algo es un éxito inmediato, ahí va corriendo detrás la secuela, y aunque hay casos de éxito claro (he ahí la saga de Torrente), no todos son hits. Como muestra, un botón: el propio director de esta cinta, Emilio Martínez Lázaro, también tuvo un gran éxito hace 13 años con El otro lado de la cama (2002), que costó 2,6 millones de euros y logró 13,4 de recaudación. Sin embargo, su secuela Los 2 lados de la cama, estrenada apenas dos años y medio después, costó 4,3 millones pero se tuvo que conformar con ganar 7,8 millones. Más actual es el caso de la serie Carlos, Rey Emperador, que trata de seguir la estela de su predecesora, la fulgurante Isabel, aunque las cifras no terminan de dar acuse de recibo.

Con estos antecedentes, y muchas ganas de explotar la gallina de los huevos de oro, llega la segunda parte. "Yo lo que quiero es que la peli guste. Punto. No voy a meterme en que sea un taquillazo", afirma categórica Clara Lago ."Imagínate que la mitad de la gente que fue a ver la primera va a ver esta. ¡Eso sería un taquillazo de la hostia! Ahora: si todos ellos salen diciendo 'pues vaya mierda', yo no me lo tomo como un éxito, aunque sea un taquillazo. Para mí el éxito sería que la gente salga diciendo 'Qué maravilla que hayan hecho esta segunda, ojalá haya una tercera", relata.

Imágenes de 'Ocho apellidos catalanes'


"La esencia es la misma porque el director de orquesta, Emilio, es el mismo, los personajes prácticamente son iguales… La diferencia es que no hay factor sorpresa, eso sí que es verdad, es una película que sigue hablando sobre los tópicos ahora en Cataluña. Y otra diferencia es que yo creo que esta película es más redonda, en cuanto a la historia, la comedia de la que hace gala es más de brocha fina…", explicaba Rovira, el actor que probablemente logró darle el impulso a la película, en un empujón que él recibió de vuelta.

"El éxito de esta segunda sería que la gente salga del cine diciendo 'Qué maravilla que hayan hecho esta segunda, ojalá haya una tercera".

"Mi lucha siempre ha sido, después de haber rodado la primera película, seguir haciendo este trabajo con la mayor inconsciencia y desde el juego", afirma el malagueño y próximo presentador de los premios Goya sobre su trabajo. "Creo que en esta también lo he conseguido. Temía que a fuerza de ir haciendo una película tras otra se perdiera esa frescura o ese punto de 'me la pela' que creo que me ayudó a la naturalidad en el personaje".

VIEJOS Y NUEVOS CONOCIDOS

A la panda habitual formada por Clara Lago, Dani Rovira, Karra Elejalde y Carmen Machi se unen Rosa Maria Sardà, Berto Romero y Belén Cuesta. "No sentí la sensación de entrar en la fiesta privada de algunos", cuenta el humorista. "Lo de 'a ver si voy a caerles bien' duró un día, luego me sentí muy a gusto". Como en la cinta anterior, todos siguen indicando que durante la grabación el ambiente fue tan bueno como llega a reflejar la película.

De hecho, en la rueda de prensa de presentación, Martínez Lázaro afirmaba que la presión ha estado más en los tiempos. "Tuvimos que correr mucho, que emplearnos a fondo. Fue duro en horario, pero no en ambiente", aseguraba, explicando que la colaboración entre actores y director fue "muy buena" y que desde la producción al montaje final hubo "armonía". Preguntado por si el ambiente que se veía entre los actores, guionistas y director en el encuentro era real, Lázaro aseguraba que no era "nada comparado con el rodaje": "Eso era un grupo de amigos divirtiéndose".


"Somos conscientes de que parte del secreto del éxito de la primera fue el ambiente del rodaje", reafirma Rovira. "Puedes hacer muy buena promo, puede haber una muy buena preproducción, pero realmente las ocho semanas de rodaje es un porcentaje muy alto de lo que el público va a ver… Conseguimos que esas ocho semanas fueran sagradas para el equipo".

inde"Da un poco de rabia que algo que es tan maravilloso y tan positivo como lo que pasó en Ocho apellidos vascos se vea como negativo de repente. ¿Por qué se ve como si tuvieran que estar peleadas la una con la otra? ¡Son hermanas!", reafirma Lago con humor.

"Somos conscientes de que parte del secreto del éxito de la primera fue el ambiente".

En la película se nota que hay frases, chistes y escenas creados ex profeso para la misma. Como contaba Dani Rovira, "te atreves más a jugar, a seguir jugando. Hay un punto de improvisación, de aportación de ideas. Emilio te compra cosas, pero no todas; hay una interacción con el guión. Yo he vuelto a pasármelo bien".

EL COMPONENTE CATALÁN

"La actualidad y el cine se llevan muy mal", comentaba resignado Martínez Lázaro. Con ello se refiere a la parte más política de Ocho apellidos catalanes, una burla evidente a la independencia catalana, ya que la trama gira alrededor de un pueblo que finge formar parte de una falsa república para contentar a una de sus vecinas más ilustres, Roser (interpretada por Rosa Maria Sardà).

"Voy a hablar del tema [catalán] de dos maneras: hablando de la película y hablando de la realidad", explicaba, afirmando que estaba seguro de que "en Barcelona y en Cataluña se verá igual que el resto, aunque haya noticias en sentido contrario". Entonces, ¿cuál es su visión del conflicto? Pues muy clara: "Se ha hecho todo muy mal".

¿Ha sido la realidad la mejor promoción para la política? Los actores creen que, como intérpretes, están aparte de ese juego. "La película no es deudora de la realidad, la película es hija del momento en que se hizo y se escribió hace un año o más de un año. Como la realidad política es tan cambiante y tan frenética y a veces da giros en días o en horas, es muy difícil este maridaje extraño entre una peli que se llama Ocho apellidos catalanes y la vida, que va a toda velocidad".

"Personalmente me parecería muy triste que esta película, que el único fin que tiene es el de divertir y el unir y el de hacer a la gente un poquito más feliz, se politizara, cogerla como instrumento de política como se ha cogido el catalán o el sentir individual de cada una de las personas de este país", explicaba Rovira. "Para mí hacer de un sentir, de una comedia, de una lengua… hacer política de eso, me parece muy injusto". Eso sí: "si esto ayuda a quitar hierro un poco a la temática catalana, bienvenido sea. Pero esa no es la intención", concuerdan.

"Me parecería muy triste que esta película, que el único fin que tiene es el de divertir, se politizara".

"No podemos tener la carga de escribir una respuesta a la actualidad. El gag está por encima de la película", explicaban Borja Cobeaga y Diego San José, sus guionistas. Entonces, ¿es más fácil hacer chistes de vascos o de catalanes, tan de actualidad? "Los vascos son lo más fácil de parodiar del mundo", ríen. "Ellos nunca harían un castell, porque estarían uno abajo y 50 arriba. Los catalanes también son fáciles, hay que buscar las aristas".

Si todo es parodiable, ¿habrá un puñado de apellidos murcianos, gallegos o canarios? "¡O argentinos", declamaba Karra Elejalde ante las risas de los asistentes. "Todo el mundo en las bodas tiene ideas de secuelas. Es como en Nochebuena con los cuñados, que dicen algo y ya se creen que eso es la sinopsis de la película…", relatan con humor. "Si existe una tercera será de lo que más gracia nos haga".


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