POLÍTICA

El poder territorial del PP hace aguas

16/02/2016 21:48 CET | Actualizado 16/02/2016 22:03 CET
EL HUFFPOST

Donde realmente se comprueba la salud de un partido es en el estado de sus divisiones territoriales. Las estructuras autonómicas y locales son las que reparten más cargos -la gran bolsa de empleo- y su financiación es vital para desplegar el poder -desde la organización de mítines hasta la movilización de los militantes-.

La dirección del PP, sin iniciativa tras el 20-D y paralizada por el rechazo de Mariano Rajoy a presentarse a la investidura, contempla estos días cómo sus partidos regionales se van desmoronando como castillos de naipes al ritmo de titulares sobre tramas corruptas. Lejos queda ya aquella legislatura de 2011 cuando obtuvo la mayor cuota de poder territorial que recuerda un partido (mayoría absoluta en el Congreso y en Senado, once gobiernos autonómicos y más de 3.600 ayuntamientos).

El miedo a perder La Moncloa y el bloqueo desde Génova a verdaderos procesos de renovación tras las autonómicas del año pasado han llevado a despertar las luchas internas, ahondar más en el sentimiento de “antipatía” entre los electores -como reconocen cargos regionales- y a que muchos compañeros afilen los cuchillos. De Madrid a Valencia pasando por Galicia y Baleares.

Algunos barones ya se lo advirtieron al propio Rajoy tras el 24-M y otros incluso forzaron sus propias salidas (Alberto Fabra, José Ramón Bauzá) al ver perder sus puestos institucionales y miles de votos. La respuesta desde Génova fue clara: no se celebraría ningún congreso regional hasta que no se hiciera el nacional.

El gran cónclave del Partido Popular tendría que realizarse este mismo año. La dirección no le ha puesto fecha al entender que no debe convocarse hasta que se aclare la situación del Gobierno de España. No se conoce el alcance del mismo, pero si finalmente Pedro Sánchez logra la investidura y Rajoy fracasa en su órdago, el liderazgo del Partido Popular se convertirá inmediatamente en el centro de ese congreso.

El problema que tiene ahora el Partido Popular es que el fiasco del 24-M -aderezado con la corrupción y el inmovilismo de Rajoy- ha derivado en una suerte de interinidad en muchas direcciones regionales, que están descabezadas, sin rumbo y sin estrategia para hacer frente a los escándalos que les salpican. La última en unirse ha sido Madrid, que ha puesto fin al “aguirrismo” tras la semidimisión de la expresidenta de la Comunidad y del partido el pasado domingo.

LA TRANSICIÓN MADRILEÑA

En Génova han decidido sobrellevar el temporal originado por la operación Púnica y los tejemanejes de Francisco Granados haciendo un relevo casi a la búlgara. La solución: una gestora liderada por la presidenta de la Comunidad, Cristina Cifuentes. De esta manera, se gestiona una transición tutelada por una de las estrellas emergentes del partido. Se deberá celebrar un congreso posteriormente, que servirá previsiblemente para que Cifuentes se haga oficialmente con el puesto de presidenta del PP regional.

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Esperanza Aguirre

Desde el "aguirrismo" ya se ha avisado de que debe haber un cónclave abierto con “un militante, un voto”. Esto también lo ha defendido Cifuentes en otras ocasiones, sin que haya cuajado hasta ahora. Las primarias han sido defendidas por el PP madrileño con más fuerza que por ningún otro territorio. Ya en el intento de lifting que llevó a cabo Génova el pasado verano con la renovación de la dirección -la entrada de Javier Maroto, Pablo Casado, Andrea Levy y Fernando Martínez Maíllo- y su convención política apareció la posibilidad de abrirse a nuevos mecanismos de selección interna. Hoy Rajoy ya lo ha olvidado y rellena los huecos territoriales a dedazos.

EL DERRUMBE VALENCIANO

En estado de shock se encuentra también el PP en la Comunidad Valenciana. La Operación Taula ha añadido más leña a un partido abrasado por el “caloret” en los últimos años. Rajoy también optó por una solución a medias para hacer el recambio y hoy también se le vuelve en su contra.

La marcha de Alberto Fabra se parcheó con la designación de Isabel Bonig, la ‘Thatcher de la Vall d’Uixó’, el pasado verano. Pero apenas medio año más tarde se encuentra la formación acorralada por los escándalos de financiación del PP valenciano y con la sombra de la sospecha acechando a la exalcaldesa Rita Barberá -nueve concejales del consistorio están imputados-.

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Isabel Bonig

La dirección del PP valenciano ha intentando forzar un congreso extraordinario para buscar una reconstrucción al estar sumido el partido en un estado de “vergüenza, rabia y bochorno”, según fuentes regionales. Pero Génova tampoco ha accedido, aunque se ha comprometido a que sea el primer territorio que lo pueda llevar a cabo. No han conseguido “ganarle el pulso a Rajoy”, según señalan a El Huffington Post otras fuentes populares críticas con la calle Quart.

La propia Bonig se ha visto afectada en los últimos días por otras revelaciones sobre los correos que se enviaron desde la Consejería de Infraestructuras -de la que fue titular entre septiembre de 2014 y julio de 2015- pidiendo apoyo financiero a altos cargos de la institución. Su situación, por tanto, se puede ver debilitada de cara al próximo congreso -ella mantiene su candidatura-, y voces dentro del PP valenciano no descartan que pueda surgir una figura alternativa.

LA TENSA ESPERA DE FEIJÓO

Al igual que la Comunidad Valenciana, Galicia también le ha pedido a Rajoy celebrar próximamente un congreso. Aquí la situación tiene una variante muy especial: este año se celebran comicios autonómicos.

El PP gallego vive sumido en su propio culebrón y con el protagonismo absoluto de Alberto Núñez Feijóo. La intención es celebrar un congreso autonómico en la próxima primavera con la vista puesta en las elecciones regionales y ya desvelado el secreto de si el actual líder gallego repite en el cargo. Él mismo ha dicho que se da unos meses para anunciarlo.

Feijóo es uno de los nombres que más suenan para suceder a Rajoy al frente del PP si da un paso atrás y a nadie en el partido le ha pasado desapercibida su espera hasta ver qué sucede con el Gobierno regional. En caso de que dé el salto a Madrid en sus filas ya se está mimando a su vicepresidente, Alfonso Rueda. Según fuentes de la oposición en el Parlamento gallego, la marcha del presidente de la Xunta también podría originarse por unas malas expectativas electorales (el efecto de las 'mareas') y en su desgana por seguir en el puesto. Fuentes socialistas incluso no descartan que ni siquiera lo hiciera para irse a la calle Génova, sino para entrar en la empresa privada.

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Alfonso Rueda y Alberto Núñez Feijóo

EL ATAJO DE LAS JUNTAS DIRECTIVAS

La otra comunidad que celebrará elecciones, País Vasco, también tiene una dirección popular nombrada desde Génova a golpe de Junta Directiva. El ministro de Sanidad, Alfonso Alonso, se hizo con las riendas del PP regional tras la guerra con Arantza Quiroga, pero deberá enfrentarse a un congreso autonómico.

Se da la circunstancia también de que Alonso está en todas las quinielas, como Feijóo, para luchar por el liderazgo a nivel nacional. Esto lleva a que tenga que estar pendientes a dos calendarios diferentes. Además, fuentes del entorno del líder vasco consideran que precisamente el gallego sería el rival más duro en una hipotética lucha por el despacho más importante de la calle Génova. Dos posibles candidatos autonómicos, dos posibles candidatos al ruedo nacional.

Este traspaso a través de Junta Directiva antes de un congreso se ha utilizado también en Cataluña, donde el pasado día 6 y bajo la mirada de Mariano Rajoy se nombró a Xavier García Albiol coordinador general hasta la celebración dentro de unos meses del cónclave que elija al sucesor de Alicia Sánchez-Camacho. La que sigue siendo líder del PPC está en Madrid centrada en su actividad como secretaria primera de la Mesa del Congreso.

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Sánchez-Camacho, Rajoy y García Albiol

La dimisión de Aguirre no solo ha sacudido la península, sino que ha agitado también las ya de por sí revueltas aguas del PP balear -especialmente las del Partido Popular de Palma-. En el archipiélago se está librando una dura batalla entre renovadores y oficialistas, mientras va cobrando fuerza un grupo de dirigentes a modo de “tercera vía”, para controlar el partido en el próximo congreso. Se busca sustituto a Miquel Vidal -un líder temporal tras la marcha de Bauzá al Senado-. Promete ser una de las contiendas más duras dentro de la familia popular en un territorio, además, que tiene que ver todos los días las miserias de su exlíder Jaume Matas en el juicio del caso Nóos.

Madrid, Galicia, Baleares… Y mientras Rajoy pide un liderazgo fuerte para el país, se sustenta mínimamente en una estructura interina dentro del PP que él mismo ha provocado. Un auténtico y frágil castillo de naipes.

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