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Jaque a la opresión sexual en el mundo árabe

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Una pareja pasea por la playa en Tánger | Imane Rachidi
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Hablar de sexo siempre cuesta un poco, y más si de quien hablamos es de la sociedad árabe, que tradicionalmente lo ha censurado como un negado y complejo ‘tabú’. No obstante, entre sus nuevas generaciones hay quien busca poner en jaque todo un sistema de conservadurismo social y cuentan abiertamente a El Huffington Post cómo sobreviven a la opresión sexual.

Siempre se han debatido entre lo ‘halal’ y lo ‘haram’, lo permitido y lo prohibido por la moral social, cuando de cuestiones vitales se trata. Ahora, ellas dan un golpe sobre la mesa contra los códigos reglamentarios que las obligan a comportarse para no ‘sembrar el caos’. Y ellos dicen estar hartos de las miradas de desconfianza que les tildan de depravados sexuales.

“Muchas acaban llorando después de tener sexo. Acostarse con una mujer árabe es como hacerlo con una carga de remordimientos y normas morales, sociales y religiosas”, dice Karim, un joven universitario egipcio, de familia musulmana, que hace referencia al conservadurismo que rodea las relaciones sexuales en su país.

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Una pareja conversa en un coche en Marruecos

Mientras, Mariam, cristiana egipcia de 20 años, se muestra tajante con respecto a los prejuicios que mantienen las sociedades árabes hacia las mujeres. “Un simple beso todavía no es aceptado por mi sociedad como algo normal y el sexo va contra las normas sociales y religiosas que nos inculcan desde nacimiento”, lamenta. “A mí se me ha perforado la mente con que el sexo antes del matrimonio es malo y que mi virginidad es lo más importante”, advierte Mariam, para reafirmar lo que Karim, de su misma generación, cuenta. “La mayoría de las mujeres árabes con las que he tenido relaciones solo mantienen sexo anal para no romper su himen, e incluso así, después tienen muchos remordimientos de conciencia”, agrega él.

Ellas lo hacen para evitarse las opiniones de ellos, porque, como afirma Mariam, muchos siguen atascados en el conservadurismo. “Cuando hablo con hombres árabes de este tema, me dicen que ellos quieren una mujer virgen, pura e intacta”, relata, desde su propia experiencia.

Ellos quieren una mujer virgen, pura e intacta

Ambos jóvenes se refieren a los que consideran que lo primordial es guardar las formas, al precio que sea, y las formas son el honor de la familia. Al Menaim, egipcio que ronda los cincuenta años de edad, resume sin rodeos: “Lo importante es que mis
hijas se comporten, que no vayan sueltas por ahí. Es por eso que se las mutila, para que no tengan ganas de ir a hacer tonterías”.

LA REALIDAD SOBRE LA "PUREZA"

La concepción de la pureza de las mujeres ha degenerado en practicas horrendas como es la ablación femenina. Aunque esta práctica se remonta, según varias versiones, al Antiguo Egipto, y sus razones son variadas, cabe señalar el control de la sexualidad femenina como uno de las principales razones.

Por ello, en una conversación que mantiene con Karim, mientras ambos comparten un cigarro, Al Menaim –procedente de una de las zonas más remotas del sur de Egipto- confirma orgulloso que ha practica la mutilación a sus hijas y, tajante, afirma: “Hay que
evitar que sean unas depravadas”. Aunque admite que su relación sexual con su mujer es casi inexistente, no ha dudado en arrancar el clítoris a sus hijas cuando estas tuvieron su primera menstruación. “Es más divertido masturbarme que acostarme con mi mujer porque es como estar con un muerto. Ella no siente nada”, agrega. “Se acuesta conmigo porque es su obligación como esposa, pero es como estar con alguien que no es humano. Además, hasta que se ha acostumbrado, le ha dolido mucho y eso era realmente molesto”, dice Menaim mientras sigue con la mirada a las mujeres que caminan por la calle de su barrio en El Cairo.

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Mujeres caminando por las calles de Marruecos

Proteger el honor de la familia por encima de todo, ser chica de bien, y actuar de acuerdo a lo preestablecido es lo que hasta ahora prevalecía. Pero las nuevas generaciones árabes, con ayuda de Internet, están reaccionando a la teoría y poniendo en practica sus nuevos modelos, que a pasos poco agigantados, intentan definir a su manera el término dignidad.

“Es difícil encontrar a un chico criado en una sociedad árabe que no te juzgue por acostarte con él. A sus ojos, ya eres una ‘puta’, o lo que es lo mismo, dejas de ser una mujer ‘decente’ con la que pueda formar una familia”, denuncia Mariam, quien intenta explicar que las lágrimas por los remordimientos de conciencia de las que habla Karim son una “reacción inconsciente” a la presión social.

Es difícil encontrar a un chico criado en una sociedad árabe que no te juzgue por acostarte con él. A sus ojos, ya eres una ‘puta’.

“Sienten que han hecho algo malo para la sociedad, la religión, la familia, o lo que sea, y por eso se sienten culpables”, apunta Karim, haciendo referencia que una de las preguntas que más le han hecho las mujeres con las que ha mantenido relaciones es
'¿Y ahora qué piensas de mi?' ¡No pienso nada! ¡Si por tener sexo significa que la chica es una puta, pues yo también lo soy, porque nos hemos acostado los dos juntos y los dos hemos participado!”, exclama. “Tampoco es culpa de ellas. Actúan según las normas sociales hipócritas que se les han impuesto. Consideran que yo siempre podré casarme con una mujer virgen, pero ellas ya no valen nada sin su himen”, deplora este joven egipcio.

AUSENCIA DE EDUCACIÓN SEXUAL

Mariam se muestra indignada porque nunca ha podido confiar en su madre sus cuestiones de pareja. “Si yo le digo a mi madre que he tenido relaciones prematrimoniales, le provocaría un gran problema porque su primer pensamiento será: ¡Y cómo se casará ahora! Supongo que algún día me lo perdonaría pero antes me llevará a la iglesia para que me arrepienta. Mi padre jamás podría enterarse”, resume.

“La mayoría de mis amigas son vírgenes, aunque han mantenido relaciones físicas con sus parejas (sin romper el himen). Sin embargo, mis amigos no lo son, y ya no nos juzgan porque creo que han entendido que eso no define a la persona”, recalca. Aunque nada le asegura que si algún día se quieren casar, no optarán también por una joven “pura”.

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egipto

Una pareja pasea por Egipto bajo la atenta mirada de un hombre

Sobre esto, una joven española musulmana explica que para ella no mantener relaciones sexuales hasta el matrimonio es “una prueba de fe”, porque es lo que dicta su religión. Además, advierte de que en cuestión de sexo, proceder de una familia musulmana exige “ir con mucho cuidado”: quedarse embarazada o contraer una enfermedad puede tener consecuencias mucho mayores.

“Para mí es importante conservar mi virginidad hasta que me case porque es lo que dice mi religión. En el islam, la relación entre un hombre y una mujer debe ser ‘halal’ (permitido) y es bastante negativo saltarse ese requisito desde el punto de vista religioso. Cumpliéndolo yo me siento en paz conmigo misma y con mi religión”, comenta esta joven de 24 años, que prefiere mantener el anonimato.

Aún falta mucho camino por recorrer. Karim reconoce que todavía algunos de sus amigos mantienen una concepción conservadora del sexo, lo que, según él, dificulta las relaciones, incluso de amistad, entre hombres y mujeres. “Viajar y relacionarse con otras personas ayuda mucho a abrirse de mente”, subraya Karim, pero es una tarea “muy difícil porque se necesita casi una regeneración social” para eliminar todos los dogmas.Por eso, no vacila en esta cuestión: “Es todo muy hipócrita. Todos sabemos cómo se tienen hijos, pero nadie habla del sexo porque es tabú. Hablar de disfrutarlo es ya algo inimaginable”.

Todos sabemos cómo se tienen hijos, pero nadie habla del sexo porque es tabú

La desinformación que rodea las relaciones tampoco ayuda. Los padres no conciben hablarle a sus hijos de este tema y en las escuelas la educación sexual brilla por su ausencia, dice Karim. Además, muchos relacionan el sexo con enfermedades. “Aunque
es cuestión de vergüenza y timidez, de tabú, también tiene mucho de ignorancia”, incide.

Jaled es ingeniero jordano y tiene 27 años. En su país, la cuestión del himen es tan tabú como en otras regiones árabes, por eso señala uno de los temas que más ha levantado a los defensores de Derechos Humanos en su tierra: los crímenes de honor. Los hombres de una familia acusan a una de las suyas de haber cometido un acto impuro o contrario a la moral, lo que supone su asesinato para evitar deshonrar el nombre de la familia.

LOS CRÍMENES DE HONOR

“El simple hecho de que una chica hable en la calle con un desconocido ya puede suponer una deshonra. Incluso si no hay pruebas de ello y es solo un rumor, se estaría manchando la imagen familiar. Es difícil disfrutar del sexo bajo esta opresión”, insiste Jaled.

El simple hecho de que una chica hable en la calle con un desconocido ya puede suponer una deshonra

Los crímenes de honor no entienden de idiomas ni religiones. Según varias ONG, se llevan a cabo entre musulmanes, pero también entre hindúes en la India, cristianos en Palestina, Jordania y Siria, o entre los yazidíes y kurdos en Irak. Naciones Unidas afirma que más de 1.000 mujeres son asesinadas cada año para defender el honor de la familia, una cifra que puede ser aún mayor porque muchos de estos crímenes se disfrazan de suicidios de la mujer.

Y la idea reinante es la que se va trasladando de generación en generación, “lo que ellos ven en casa es lo que luego repiten cuando forman una familia”, dice Jaled, que también es activista contra la violencia y la discriminación de las mujeres en su país.
“Se vive toda la vida lejos de la realidad y etiquetando de ‘haram’ (prohibido) todo lo polémico, luego cuando afrontan el mundo real, no les gusta lo que ven”, sentencia.

“Lo que ocurre muchas veces es que ellas esperan que él sea como en las series de televisión, un amor de película, mientras que él quiere de ella que sea obediente y sumisa, y le mantenga satisfecho. Y no es ni una cosa ni la otra, esto da pie a la frustración que lleva luego a la violencia en la que ellas son las víctimas”, sentencia Jaled.

Contradicciones, sinsentidos e hipocresía es lo que quieren denunciar estos jóvenes, y por eso piden, como hace Mariam, que sus cuestiones sexuales sea un espacio de intimidad y no una cuestión social. Y es que la obsesión por mantener la virginidad y el honor de la familia les está llevando a mantener vidas paralelas que luego son reparadas por lógicas y operaciones surrealistas como la himenoplastia, cirugía para reconstruir el himen.

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