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La lección que dan los paisajes fantasma de la burbuja inmobiliaria en España

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Área central de Ciudad Valdeluz, una construcción a medio acabar cerca de Guadalajara en 2014.

En una escena memorable de La gran apuesta, la película sobre la crisis financiera nominada a los Oscar, una agente inmobiliaria muestra a los protagonistas una parcela inhóspita de Florida. Insiste en que el mercado está en un momento de pausa mientras pasan por hileras e hileras de casas vacías.

Resulta que no era sólo una pausa. Era el estallido de la burbuja inmobiliaria, y ese vacío se reprodujo en todo el mundo a medida que la gente iba perdiendo sus casas y las promotoras de proyectos quebraban.

Uno de los países que más experimentó (y experimenta) esta crisis es España, donde en 2014 había más de tres millones de viviendas deshabitadas. Los proyectos sin terminar siguen formando parte del paisaje ibérico.

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Complejo de Miraflores, cerca de Ciudad Valdeluz, en 2014.

Este es el tema en el que se centra The City That Never Was [La ciudad que nunca fue], un libro de Christopher Marcinkoski en el que examina lo que llama "urbanización especulativa". El autor utiliza este término para describir lo que ocurre cuando grupos públicos y privados se embarcan en grandes proyectos en busca de un impulso económico en lugar de por una necesidad real, y muestra las consecuencias devastadoras que conllevan estas prácticas.

Pasado el año 2000, hubo un importante boom inmobiliario hasta el punto de que las provincias españolas levantaron de la nada ciudades enteras, nuevos aeropuertos e infraestructuras masivas.

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El complejo El Cañaveral, visto desde arriba en 2002 y 2012, está situado en la Comunidad de Madrid.

"Era fácil ver pueblos de 300 habitantes que crecían en expansión el doble o el triple de su parque de viviendas", explica Marcinkoski.

Marcinkoski, profesor adjunto de Arquitectura del paisaje en la Universidad de Pennsylvania, se percató de este modelo cuando visitó España en 2010.

"La cantidad de viviendas que se producía superaba las proyecciones de cualquier estudio de población", dice. "Me di cuenta de que no era sólo una ciudad con unas circunstancias particulares, sino más bien un patrón que se repetía en casi todo el país".

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Vista de Ciudad Valdeluz en 2014. El complejo, que pretendía dar vivienda a familias de clase media que querían más espacio sin renunciar a la cercanía a Madrid, nunca se terminó.

Uno de los ejemplos más dramáticos de esta especulación lo encontramos en Ciudad Valdeluz, a unos 60 kilómetros de la capital española. En 2006 se inició la construcción de este proyecto, que en teoría daría vivienda a 30.000 personas y que incluía planes para la construcción de una estación de tren que uniría el complejo a la capital, además de parques, instalaciones deportivas y escuelas.

Muchos de esos planes nunca se materializaron. Ahora viven allí menos de 3.000 personas que carecen de los servicios básicos y el transporte necesario para ir a su centro de trabajo, a diferencia de lo que se les había prometido.

"La gente tenía una sensación de estancamiento, de que les habían dado gato por liebre", cuenta Marcinkoski. "Esa sensación de aislamiento, de que te vendan una cosa y te den otra, eran los comentarios que más repetían".

vallecas

La sensación de vacío y abandono es espectacular ante la visión de enormes espacios públicos sin terminar, como el del Ensanche de Vallecas en Madrid.

"Hay lugares bastante surrealistas", continúa. "La ausencia de gente ayuda a entender la magnitud de la zona, pese a no estar completamente construida. Se pueden ver las señales de las carreteras o el armazón de los bloques apilados en la distancia. Es fácil percibir lo inmensas que pretendían ser las cosas, lo cual hace más evidente la irracionalidad de estas obras".

A las ciudades españolas también les dio por construir aeropuertos. Entre 1990 y 2010 se levantaron nueve y se ampliaron 21 más, cuenta Marcinkoski. Varios han dejado de operar y otros sólo ofrecen unos pocos vuelos.

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Un conector de pasajeros incompleto entre el Aeropuerto Central Ciudad Real y una estación de trenes de alta velocidad en 2012.

Del mismo modo, se despilfarraron millones de euros en la construcción de nuevas carreteras, muchas de las cuales no se terminaron.

"La mayor parte de la infraestructura tenía más que ver con la construcción de la nación que con una planificación lógica y sostenible a largo plazo [...] y eso se tradujo, en mi opinión, en la saturación de viviendas que hubo", argumenta Marcinkoski.

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Una conexión incompleta entre la MP-203 y la R-3, dos carreteras al sur de Mejorada del Campo en Madrid, 2014.

Marcinkoski reparte la culpa de la burbuja española. En su libro, sostiene que tanto diseñadores como urbanistas son "cómplices" en "la creación de estos desastres".

Afirma que deberían haber proyectado teniendo en cuenta que los planes urbanísticos a gran escala son volátiles y al final no resultan como se habían concebido.

berrocales

En 2014 se seguía viendo la valla publicitaria de Los Berrocales (Madrid), que se mantuvo a lo largo de toda la época de recesión.

"Si analizamos la historia, nos damos cuenta de que estas burbujas de especulación no dejan de existir. Quizás habría que plantear una forma diferente de proyectar, diseñar y llevar a cabo estas obras", defiende Marcinkoski.

Es una cuestión que inquieta mucho a este profesor, ya que la crisis financiera no acabó con la especulación urbanística, sobre todo en países de rápido desarrollo, como China. De hecho, Marcinkoski ahora está observando este fenómeno en las ciudades africanas emergentes.

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En complejo de El Cañaveral (Madrid) seguía prácticamente desierto en 2014. La hilera de casas en la parte inferior de la imagen es La Cañada Real, considerado el mayor barrio chabolista de Europa. Hace unos años, Madrid demolió parte de este asentamiento ilegal.

En África "se están reproduciendo muchos de los errores que ya hemos visto", asegura Marcinkoski. Y zanja: "Ahora tenemos la oportunidad de pensar en alternativas para que la renovación de viviendas y de infraestructuras se lleve a cabo de una forma más racional y adaptada, que no se centre simplemente en la imagen de modernidad, sino en la realidad de lo que se necesita".

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Este post fue publicado originalmente en 'The WorldPost' y ha sido traducido del inglés por Marina Velasco Serrano

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