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10 formas de venirse arriba que nos ha enseñado el cine

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Venirse arriba es una sensación que todos hemos experimentado en algún momento, pero además el cine nos ha enseñado que hay muchas formas de hacerlo. Como arma frente a la rutina, como expresión de la alegría, como burla a la desgracia, desde el humor, con la ayuda de la magia, como símbolo del poder, por efecto de la sensualidad… Repasa con nosotros 10 momentos inolvidables del séptimo arte, perfectos para compartir con un trago de Aquarius.

1. Los huesos desencajados

No hay peor afrenta que aquella en la que alguien te dice que te has quedado anticuado. Hasta el mismísimo Lurch de la La Familia Adams se ve seducido por el ritmo de los nuevos tiempos que le enseña la jovencita Miércoles. Cuando se empieza ya no se puede parar.

2. Vender, vender y vender

¿Hay alguien que necesite más venirse arriba todos los días que un vendedor? Sí, el jefe de los vendedores. Lo que empieza con un simple discursillo termina en una espectacular arenga comercial en El Lobo de Wall Street. Y un teléfono no es solo un pedazo de plástico, que lo sepas.

3. Llorar a carcajadas

Una de las risas más absurdas e hilarantes de la historia del cine es esta genialmente interpretada por Tom Hanks en Esta casa es una ruina. Todos hemos tenido ese tipo de día en el que lo que puede salir mal sale peor. Cuando la situación se lleva al extremo, la desolación y el agotamiento pueden convertir el llanto en… carcajada.

4. Venirse arriba, literalmente

Tío Albert tiene un problema muy grave… y gracioso. Cada vez que se ríe su cuerpo se eleva. Lo malo –o lo bueno– es que eso de partirse de risa y subir como un globo es contagioso, así que puede hacer fiestas de gravedad cero en el techo. ¿Se acuerdan? Aunque tenga más de medio siglo, ¿quién no ha visto alguna vez Mary Poppins?

5. El terror de los ordenadores

El mundo no ha tratado bien John Rambo, un tipo recio y fornido capaz de salir con éxito de las misiones militares más espeluznantes. Sin embargo, nadie le agradece sus heroicidades. En Acorralado, primera parte de la saga de Rambo, un hipervitaminado Stallone descarga toda su ira (y todas sus balas) en un centro de operaciones repleto de ordenadores. Sin sangre, solo locura y rabia.

6. Como un poseso

¿Quién no se viene arriba con un rock & roll? Canciones como Johnny B. Goode han hecho a bailar a varias generaciones. Incluso hizo enloquecer a una fiesta de instituto antes de que se escribiese. ¿Eh? Sí, en Regreso al futuro, Marty McFly (Michael J. Fox) viajó de 1985 a 1955, cogió una guitarra eléctrica y puso en órbita a su atónita audiencia con el clásico que Chuck Berry popularizaría, en la vida real, cuatro años después. Lo que se dice un subidón.

7. La (embarazosa) sensación de venirse arriba

Joven periodista conoce a chica muy atractiva, se arma de valor y le propone una cita para esa misma noche. Lo que pasa durante la escena solo suele ocurrir cuando hay gente como el divertido Will Ferrell por medio, que además logra salir airoso de la situación. La escena es de El reportero (2004).

8. El mundo a sus pies

Pocos como Charles Chaplin han dominado el mundo de la interpretación en todos sus géneros. En la célebre El Gran dictador, una parodia del poder de Adolf Hitler en pleno apogeo nazi, el dictador de Chaplin alimenta su autoestima jugueteando con un globo terráqueo, en una de las mejores metáforas visuales de la historia del celuloide.

9. Jugar a ganar

Otra arenga célebre, o cómo convertir el terror a perder el partido de sus vidas en hambre insaciable de victoria. En Un domingo cualquiera, Al Pacino comienza su speech dubitativo, afirmando que no sabe casi qué decir, pero cuando termina de hablar sus jugadores están apretando los dientes como fieras salvajes. Un ejemplo de libro de cómo venirse arriba y contagiar a los demás.

10. El poder de la música

En el filme Por la cara, Melyssa McCarthy interpreta a Diana, una simpática vividora-estafadora que gasta dinero a mansalva con el crédito de un desconocido, Sandy (Jason Bateman). Pero lo peor para Sandy puede que no sea eso, sino tener que aguantar como se viene arriba cuando pone música en su coche.