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El cierre de fronteras a los refugiados no detiene el tráfico de personas

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PIREO GRECIA
Una niña refugiada, en el puerto griego del Pireo. | EFE
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Tras el cierre de la ruta de los Balcanes en enero pasado, los traficantes de personas están de nuevo activos y cada semana llevan a cientos de inmigrantes desde Grecia hasta Austria.

En septiembre de 2015 Austria y Alemania abrieron sus fronteras y miles de refugiados de Oriente Medio comenzaron a cruzar hacia el norte de Europa, procedente de la llamada "ruta de los Balcanes".

Medio año más tarde, tras un millón de llegadas, se cerraron las lindes pero los emigrantes siguen pasando como lo hacían antes: pagando enormes cantidades a las mafias de traficantes.

El cierre de la ruta balcánica, impuesto por Austria en enero, ha frenado el flujo de refugiados, pero no lo ha detenido. Si acaso, lo ha devuelto a la situación de hace siete meses: Un largo y peligroso viaje por los Balcanes, pagando miles de euros.

Cerca de la principales estaciones de trenes y autobuses de Belgrado, grupos de inmigrantes, la mayoría paquistaníes y afganos, se concentran esperando a dar el "salto" a Hungría, la siguiente escala en el viaje hacia algún país rico de Europa.

"SÓLO QUEREMOS IRNOS"

"Alemania, Holanda, lo que sea, sólo queremos irnos", cuentan a Efe varios afganos que aseguran que en su país "se vive muy mal y hay una gran inseguridad".

Dicen que han llegado desde Macedonia, un país que ha cerrado a cal y canto su frontera, sin usar los servicios de contrabandistas porque no tienen dinero.

"Pasamos la frontera guiándonos con el teléfono móvil. Tardamos dos días y dos noches en encontrar un lugar en la frontera por donde pudimos pasar", cuenta uno de ellos.

De esta forma parecen llegar cientos de personas por día a Serbia, aunque nadie sabe cuántas son en realidad.

"Estimamos que unos 200 se encuentran cada día en Belgrado, sin que se sepa cuántos son de antes y cuántos los nuevos", explica a Efe en Belgrado el director del Centro de protección y ayuda a los solicitantes de asilo, Rados Djurovic.

Llegan a Serbia desde Macedonia y desde Bulgaria, después de haber cruzado desde Turquía a Grecia.

"Evitan Idomeni por vías alternativas, con ayuda de traficantes", relató Djurovic, refiriéndose al campamento irregular en Grecia donde miles de refugiados han quedado atrapados por el cierre de la frontera macedonia, sin poder seguir su camino hacia el norte.

"Creo que seguirán llegando. El contrabando de personas florece tras el cierre de las fronteras", advirtió.

LEYES INHUMANAS

En Hungría, les esperan alambradas en la frontera con Serbia y una dura legislación que castiga la entrada ilegal en el país con penas de cárcel, aunque no suelen aplicarse y las autoridades se limitan a expulsar a los inmigrantes tras retenerlos varios meses.

Como Serbia no acepta recibir de vuelta a los refugiados, estas personas son trasladadas a campamentos abiertos desde los que parten inmediatamente hacia la vecina Austria, el primer país rico de la zona Schengen, de libre circulación comunitaria.

Pese a esas medidas, la Policía húngara arresta de promedio a unos 70 inmigrantes por día que cruzan la frontera ilegalmente.

"Es imposible dar un número de los refugiados que cruzan el país ilegalmente", asegura a Efe Ernö Simon, portavoz de la Oficina del Alto Comisionado de las ONU para los Refugiados en Budapest.

Una vez en Grecia, pasar luego ilegalmente hasta Austria, a través de Serbia y Hungría, cuesta unos 3.000 euros, estima Rados Djurovic, el director del Centro de protección y ayuda a los refugiados en Belgrado.

Sin embargo, el trayecto desde Turquía hasta Austria no sale por menos de 6.000 ó 8.000 euros, asegura en Viena Gerald Tatzgern, jefe del servicio austríaco de lucha contra el tráfico de personas.

"Hace unas semanas, antes del cierre de las fronteras en Macedonia, localizamos a una familia de cuatro personas que había pagado 90.000 euros", explica el funcionario austríaco a Efe.

De los picos de 10.000 personas diarias que llegaban a Austria cruzando a pie la frontera húngara o eslovena, se ha pasado a una mil por semana que entran y cruzan de forma clandestina.

"Los traficantes reaccionan muy rápido a cada medida, son muy flexibles, cambian cada día", explica Tatzgern, que recuerda que os traficantes siempre están activos, incluso en los meses de fronteras abiertas, y que incluso tenían en cuenta las facilidades que daban los Estados a la hora de vender sus servicios a los refugiados.

NUEVAS Y PELIGROSAS RUTAS

Por ejemplo, en las últimas semanas se han detectado pequeñas oleadas de refugiados que han viajado por Bulgaria, una de las nuevas rutas abiertas, escondidos en trenes de mercancías.

Incluso se ha detectado el uso de lanchas rápidas para cruzar desde Albania a Italia, aunque este método es caro y esas embarcaciones no pueden transportar a muchas personas.

El experto austríaco reconoce que sólo con medidas policiales no se podrá detener la ola de refugiados pero también argumenta que las medidas de control en las fronteras sirven al objetivo de hacer daño al negocio de los traficantes.

"Solo si la gente se da cuenta que no tiene sentido (intentar cruzar la frontera ilegalmente) porque hay medidas de control los traficantes van a sufrir porque van a perder negocio", afirma.

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