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¿Qué opinión tienen en la Iglesia del programa 'Quiero ser monja'? "Es una oportunidad"

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José Beltrán, director de la revista de información religiosa Vida Nueva, se sentó a ver el programa de Cuatro Quiero ser monja con desconfianza. En este reality, que se emite los domingos por la noche, cinco chicas de unos 20 años que creen haber sentido la llamada de dios conviven durante seis semanas en tres congregaciones religiosas para decidir si realmente quieren ser monjas o no. El combo televisión-Iglesia-Cuatro-reality no le auguraba nada bueno a Beltrán. Pero acabó gratamente sorprendido.

“Creo que se ha tratado de una forma exquisita a la Iglesia y a las religiosas que aparecen. Y a las jóvenes también”, reconoce mientras califica el programa de “jornada de puertas abiertas” para el público que no conoce la vida consagrada. “Teniendo en cuenta la manera de hacer realities de Cuatro en esa franja horaria, es un salto cualitativo. Yo tenía mis prejuicios, pensaba que se iba a tratar de la misma manera. Y no es así”, admite.

Sí que reconoce que hay “situaciones cómicas” en el programa, pero lo achaca a que las protagonistas que aparecen son jóvenes, “con una querencia especial por los móviles”, por lo que califica de normal algunos momentos que rozan el surrealismo, como cuando una de las participantes exclamó: “Para mí es complicado entregar el móvil porque me gusta mucho rezar con él”.

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quiero ser monja
Las cinco participantes de 'Quiero ser monja'

Por cosas así, Beltrán subraya que el aspecto más flojo del programa es, precisamente, la elección de las chicas. “Hay tres de ellas que tiene pinta de que no han pisado una iglesia en mucho tiempo porque apenas saben seguir las partes de una eucaristía”, afirma. El casting es, precisamente, uno de los aspectos más polémicos del programa, puesto que se ha conocido que una de las jóvenes hizo pinitos como modelo y otra ha entrado en el programa teniendo novio.

"ME PARECE UNA OPORTUNIDAD"

Beltrán no entra a discutir eso, pero subraya que “en seis semanas prácticamente nadie es capaz de decidir qué quiere hacer con su vida o tomar las decisiones más trascendentales”. “Si ese es el objetivo, puede resultar pretencioso. Pero si la idea es adentrarse en varias chicas que se cuestionan qué quieren hacer con su vida y se les hace esta oferta, pues puede ser interesante”, resalta.

Es exactamente la misma postura que defiende Javier Sánchez, seminarista de 20 años. Admite que el tema que más recelos despierta en la Iglesia es que el formato reality no es el “más adecuado” para tratar el tema de la vocación porque en ese proceso intervienen muchísimos “procesos internos, mucho tiempo de oración y de conocimiento interior” que escapan a lo que las cámaras y el ritmo de un programa así pueden captar.

"Me parece que es una oportunidad de mostrar cómo es la vida religiosa desde el interior, de eliminar prejuicios"

Pero subraya que son mucho mayores las oportunidades y beneficios que ofrece el programa que sus problemas. “Me parece que es una oportunidad de mostrar cómo es la vida religiosa desde el interior, de eliminar prejuicios, de ofrecer un contacto con una realidad que ciertamente es muy desconocida y quizás por esto da lugar a especulaciones y mitos”, asegura. Y destaca que Cuatro lo ha hecho desde una “perspectiva respetuosa, sin hacer ningún tipo de burla, sin ridiculizar ni buscar el escándalo”.

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"SI DAÑABA A LA IGLESIA, TENÍAN QUE ELIMINARLO"

Mientras, la Iglesia guarda silencio de manera oficial sobre el programa. La Conferencia Episcopal argumenta que el asunto afecta a las congregaciones religiosas y que estas dependen de la Confer. Y allí rechazan hacer declaraciones sobre ‘Quiero ser monja’.

En cualquier caso, la Iglesia tiene bastante más controlado el programa de lo que puede parecer. Noemí Saiz, creadora del portal ‘Busco algo más’, que orienta a quienes sienten la vocación, es la responsable de que Quiero ser monja no esté desagradando en el mundo católico. Ella estuvo presente en todo el proceso y marcaba los límites a la productora. “Me enseñaban los capítulos, los veía y si había algo que pudiera chirriar a las instituciones religiosas, lo hacía saber. Y si dañaba a la Iglesia, ellos tenían el compromiso de eliminarlo”, subraya.

"Me enseñaban los capítulos, los veía y si había algo que pudiera chirriar a las instituciones religiosas, lo hacía saber"

De hecho, fueron las propias instituciones religiosas las que llamaron a Saiz como “garante” de que todo se iba a tratar con respeto, aunque ella asegura que apenas tuvo que decir nada. “Pensaba que igual en postproducción tendría que comentar más cosas. Pero solo hubo un detalle. El resto de los capítulos han sido respetuosos, no dañaban la imagen de la Iglesia y no ha habido que hacer nada”, afirma. Y asegura que la propia cadena “quería ser muy respetuosa con el proyecto”.

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Por eso, Saiz está convencida de que Quiero ser monja tendrá un impacto positivo en las vocaciones religiosas, un aspecto importante en la Iglesia, dado que la edad media de los religiosos en España es de 63 años, que se eleva por encima de los 75 en el caso de las de clausura.

SIGUIENDO EL LLAMAMIENTO DEL PAPA

“Cuando tú desconoces una realidad es absolutamente imposible que la quieras. Estoy convencida de que dios sigue llamando y que una joven que está en su casa de repente puede verse identificada con esas chicas o esas religiosas. Puede pensar que eso que está sintiendo tiene ahí su reflejo”, asegura Saiz, quien recuerda que el papa Francisco ha dicho que los católicos deben salir de sus ámbitos de seguridad, salir a la calle y demostrar al mundo lo que son.

“Hay muchas formas de salir a la calle y una más es mostrar en un programa de televisión lo que somos y la fe que tenemos. Y esto es Quiero ser monja. Unas religiosas y unas chicas que deciden que lo que están viviendo es algo que debería mostrarse”, asegura mientras defiende que el formato es “tan válido como cualquier otro”.

José Beltrán no cree que el programa influya tanto en un posible aumento de las vocaciones, aunque admite que “por supuesto, ayuda”. “Puede que una joven diga: no es lo que yo me pensaba de la Iglesia, no es esa vida triste y encerrada de unas monjas que no tienen relación con la gente y con el mundo”, asegura antes de subrayar que Marian, una de las monjas protagonistas del programa, le dijo que habían aceptado salir en televisión porque querían seguir el llamamiento del papa de “hacer lío”. Una palabra suya…y dicho y hecho.

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