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Ada Colau, año I

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COLAU
Ada Colau | GTRES
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Jaume I y Sant Jordi vigilan desde las paredes el Saló de Cent. Esta joya gótica simboliza el poder municipal de Barcelona. Aquí ya se reunía en la Edad Media el Consell de Cent, el primer órgano de gobierno local de Barcelona y ubicado en lo que había sido en su día el foro romano.

La vara de mando se entrega al alcalde en esta dependencia de la planta noble del hoy ayuntamiento de Barcelona en plena plaza de Sant Jaume. Se respiran los siglos de historia. Por primera vez, el destino de la ciudad está regido por una mujer, Ada Colau (Barcelona En Comú), que ganó las elecciones hace un año y que se ha convertido en uno de los iconos de los consistorios del cambio.

La exlíder de la PAH logró la noche del 24 de mayo del año pasado 11 concejales, superando a la entonces dominante CIU, que se quedó con 10. Detrás se situaban Ciudadanos (5), ERC (5), PSC (4), PP (3) y al CUP (3). Un consistorio muy fragmentado que auguraba el panorama político que se iba a materializar meses más tarde en toda España.

Las lágrimas corrían por el rostro de Colau aquella jornada. Comenzaba el reto de intentar desmarcarse de ese aire liberal-turístico que había impregnado Xavier Trias a la ciudad condal, cada vez más repleta de hoteles de lujo de firmas extranjeras y de locales happy hour para turistas dispuestos a no dejar dormir a los vecinos. A la vez la crisis había sumergido a la Barcelona periférica en una situación desesperada, en la que los desahucios eran una triste noticia diaria. Ahí surgía la fuerza de la hoy alcaldesa.

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Estos doce meses tienen varias ópticas. Por un lado, Colau ha comprobado las dificultades de gobernar en solitario y, por ello, va a abrir una nueva etapa con la entrada en el gobierno del PSC. De esta manera se asegura un bloque de quince ediles -en total hay 41- y mayor estabilidad para afrontar las grandes medidas tras el chasco que ha sufrido con los presupuestos. La militancia de ambas formaciones ha dado el visto bueno a este matrimonio. La alcaldesa aspira a que se incorporen a lo largo de la legislatura también ERC y la CUP.

Por otro lado, ha intentado revitalizar la agenda social del consistorio y reorientar las políticas municipales. Todo ello acompañado por una fuerte dosis simbólica -como la retirada del busto de Juan Carlos I- y una creciente presencia en la política nacional. El efecto Colau se notó especialmente el pasado 20 de diciembre, cuando se volcó con la candidatura de unidad popular En Comú Podem y lograron ser la primera fuerza en Cataluña.

Y también ha vivido tensiones como la relación con el Mobile World Congress o las huelgas en el transporte público. Esta última fue más una prueba de fuego del ayuntamiento con los locales que con los propios asistentes al evento tecnológico. Otro de los puntos calientes de este primer año ha sido la moratoria hotelera, que ha levantado suspicacias con el fortísimo sector turístico de la ciudad y que ha despertado fuertes críticas por parte de la oposición. La alcaldesa ha probado otros sinsabores como los abucheos de vecinos por no cubrir la Ronda de Dalt y la dura carta que le mandó la PAH por no estar haciendo “todo lo necesario”.

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En todos estos momentos, Colau se ha apoyado especialmente en su hombre fuerte en el ayuntamiento, Gerardo Pisarello, primer teniende de alcalde. Este profesor argentino de Derecho Constitucional está en la órbita de la alcaldesa desde hace años al haber coincidido en el Observatorio DESC. Algunos integrantes de esta plataforma fueron los impulsores de Barcelona en Comú, candidatura integrada por Guanyem Barcelona, ICV, EUiA, Equo, Podemos y Procés Constituent.

La alcaldesa también se ha situado durante estos doce meses en primera línea para hablar sobre temas como la desigualdad, la vivienda y los refugiados. En esta última cuestión ha intentado liderar un frente ante la inacción de Mariano Rajoy junto con el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont. Sus demandas han sido escuchadas incluso este lunes en la asamblea de Gobiernos Locales y Regionales para la Nueva Agenda Urbana de la ONU en Nueva York.

“UN AÑO MUY INTENSO”

“Ha sido un año muy intenso. Nuestra prioridad ha sido afrontar la emergencia social y movilizar los recursos para combatir las desigualdades”. Este es el balance que hace a El Huffington Post la segunda teniente de alcalde y responsable de Derechos Sociales, Laia Ortiz.

Entre las medidas que se han puesto en marcha, destaca que se han triplicado la becas comedor y se han impulsado 2.000 viviendas públicas. Además, se han paralizado 600 desahucios. Otra de las grandes iniciativas ha sido el plan de barrios, que tendrá 150 millones de presupuesto y que está destinado a reducir la brecha de desigualdad a través de planes de choque, educativos y culturales y con más equipamientos.

Ortiz comenta que otra de las preocupaciones ha sido definir el modelo de ciudad y poner “bajo control” el actual modelo turístico, que estaba expulsando a los vecinos de sus propios barrios. En paralelo se ha impulsado la economías “social y solidaria”, que representa ya el 7% de la actividad.

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Pisarello, Colau y Ortiz

Ciertos sectores económicos y partidos conservadores alertaron durante la campaña de una hipotética pérdida de inversiones en el caso de que venciera Barcelona en Comú. “Se hizo un relato de que venía el caos”, continúa Ortiz, que subraya que en 2015 se constituyeron 7.700 sociedades mercantiles, 500 más que el año anterior. Asimismo, Barcelona exporta más que Madrid y Valencia juntas, añade.

Pero el ayuntamiento dice que no se puede solo hablar de “dinamismo” económico, sino que hay que apostar por la calidad en el empleo que se genere e incentivar otro modelo laboral. “Otro elemento a combatir es la política de austeridad. No tiene sentido que una ciudad con las cuentas saneadas como Barcelona tenga el actual techo de gasto”, precisa Ortiz.

En ese desembarco en la gran maquinaria del ayuntamiento lo “más complicado” ha sido adaptarse a los ritmos de la administración, que no concuerdan con las necesidades y las urgencias de los ciudadanos, comenta la responsable de Derechos Sociales, que agrega: “A veces la lentitud de los propios procesos de la administración es desesperante”.

A veces la lentitud de los procesos de la administración es desesperante

Y otra de las cosas que más le ha impresionado a Ortiz es el “cinismo” y la “deslealtad institucional”. “Una de las decepciones más claras es ir a Madrid y verte con una ministra que te dice que se van a reactivar las obras de la Sagrera. Un año después las obras están paradas”, confiesa.

Esta sensación desaparece cuando recuerda momentos en los que se ha sentido orgullosa de lo que están haciendo. Un momento se le ha quedado grabado en su mente. Después de la aprobación del aumento de becas comedor, la directora de una escuela de un barrio “complejo” de Barcelona se le acercó y se lo agradeció porque “no era solo un tema alimentario, sino que reducía el absentismo”. “En esos detalles vemos los efectos transformadores de la política”, dice emocionada.

EL BINOMIO BARCELONA EN COMÚ-PSC

La mayor novedad que trae este aniversario es la incorporación del PSC al gobierno municipal. El jefe socialista en el ayuntamiento, Jaume Collboni, se convertirá en el segundo teniente de alcalde de Empresa, Cultura e Innovación. ERC ha rechazado unirse al ver incompatible su proyecto con los socialistas, principalmente por su visión del futuro de Cataluña.

Según explica la concejala socialista Carmen Andrés, el PSC entendió desde el primer momento que la gente de Barcelona había votado “cambio”, pero que había dividido mucho el ayuntamiento con el mensaje de que los partidos dialoguen. Por eso, durante este año han apoyado a Colau en su investidura y en la medidas de “impulso” para evitar el bloqueo de la institución, como ha sido el caso de las iniciativas contra la pobreza y la modificación de los presupuestos prorrogados. Colau no tuvo la mayoría suficiente para sacar unas cuentas propias.

El PSC aportará estabilidad y la experiencia de gestión

Los socialistas van a entrar en gobierno municipal para dar “estabilidad” y con la intención de apoyar “desde la izquierda” ese “cambio” que espera la gente. “Había muchas expectativas”, comenta la edil. En su opinión, el PSC y Barcelona en Comú coinciden “en el 98% del programa”. No obstante, hay cosas en las que no están de acuerdo. Cita, como ejemplo, la moratoria hotelera “en toda la ciudad”. Los socialistas entienden que hay zonas que necesitan ser “descongestionadas”, pero también hay otras en las que no pasa nada que se construyan nuevos establecimientos.

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Collboni y Colau

El PSOE también pondrá sobre la mesa la necesidad de escuchar más al tejido comercial de la ciudad y quiere aportar aportar su “experiencia” de gestión -hubo alcaldes socialistas desde 1979 hasta 2011-. “Muchas políticas de ellos son continuidad de medidas socialistas”, apostilla.

Este pacto llega en un momento preelectoral en toda España y en el que hay un debate dentro del propio PSOE sobre la manera de enfrentarse a Podemos y las candidaturas de unidad popular ante el temido sorpasso. “Es un pacto circunscrito a Barcelona, no queremos que se haga una lectura para otro sitio. No queremos que se hagan extrapolaciones al PSOE o que se entienda como un desafío. No lo es, estamos cerrando filas con Pedro Sánchez”, dice Andrés.

La portavoz de la Dirección Ejecutiva de Barcelona en Comú, Susana Segovia, recuerda que llevan tiempo invitando tanto al PSC como a ERC y a la CUP entrar en el gobierno. “Los socialistas siempre han puesto encima de la mesa esa posibilidad. Lo que hemos hecho es poner muy claro hacia dónde vamos. BeC es la fuerza dominante. Lo que se ha demostrado es que si se deja a los socialistas por delante, no miran necesariamente al cambio. Pero si los pones por detrás, les arrastras y acaban haciendo cosas que van en la línea de la transformación”, argumenta.

¿Es una incoherencia formar gobierno con el PSC? “Lo sería si dejáramos de hacer lo que queremos hacer en Barcelona. Si los socialistas están dispuestos a cambiar las prácticas y a ser minoría en la corporación, seguimos adelante. Además, no es un secreto que buena parte de nuestros votantes tienen su origen en el PSOE, tenemos en común mucha gente”, responde.

Y continúa: “La idea es que las cosas están en marcha, pasando, se están moviendo, nos quedan muchas por hacer y somos conscientes de las limitaciones que hay. No es cierto que hayamos renunciado a lo que éramos”.

“UN GOBIERNO DÉBIL”

La entrada del PSC es un tema de crítica por parte de los dos principales partidos de la oposición: CiU y Ciudadanos. “Durante un año hemos visto a un Gobierno débil, con falta de diálogo y poca voluntad de llegar a acuerdos. Es víctima de sus propias contradicciones. El paradigma es el acuerdo con el PSC, que era su bestia negra y su modelo a combatir. No han tenido ningún inconveniente en comerse todas las palabras después de haberles llamado casta y mafia”, reflexiona Joaquim Forn (CiU).

Para los convergentes, es muy preocupante que durante este tiempo la “actividad económica no haya formado parte del discurso y las preocupaciones de Colau”. “Ha mandado mensajes contradictorios y se han espantado a algunos inversores por la inseguridad jurídica. Son cuestiones que tendrán impacto a lo largo de los años”, indica.

Y, además, dibuja otra Barcelona de la del ayuntamiento: “se producen 8 desahucios, una de las cosas que proclamaban que no habría cuando llegaran”. Lo que sí han disminuido, prosigue, son las protestas en la calle como las de la anterior legislatura. “Muchos gestos, muchas declaraciones, pero pocas políticas concretas”, asevera Forn.

Desde Ciudadanos, Carina Mejías también hace un balance poco alentador. “Se habían generado muchísimas expectativas, todas absolutamente frustradas. Colau es incapaz de gobernar la ciudad”, recalca. Pone el acento en otro tema, la inseguridad. Según la naranja, la ciudad se ha convertido “en un espacio de impunidad, con manteros y venta ilegal. Se ha empoderado a las mafias y ha habido una desautorización a los agentes por parte del gobierno”.

Colau encara entre aplausos y críticas el primer aniversario de su victoria. Con un nuevo (y viejo) compañero de viaje. Con la vista puesta en Barcelona, aunque muchos digan que esa mirada abarca mucho más.

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